Juan Toledo / Diario de Chiapas
El miedo constante y la violencia han cambiado por completo la vida en varias comunidades de Chiapas. En este mes de octubre, la falta de seguridad y la desaparición de personas han forzado a cientos de familias a tomar una decisión desesperada: dejar sus casas, sus tierras y todo lo que tienen para salvar la vida.
Lo que antes eran pueblos tranquilos donde la gente se dedicaba al campo y al comercio, hoy se están quedando vacíos. El problema comenzó con amenazas de grupos armados, pero empeoró de manera grave cuando empezaron las desapariciones. En muchos lugares, cuando un familiar o un vecino desaparece y no hay respuestas, las familias entienden que el peligro está en su propia puerta. Ya no se trata de perder animales o cosechas, sino de no saber si volverán a ver con vida a sus hijos, padres o hermanos.
El impacto de abandonar el hogar es devastador. Quienes se ven obligados a huir suelen salir con lo que llevan puesto, buscando refugio en municipios vecinos, en la capital del estado o en otros lugares lejanos. Muchas veces llegan a dormir en bodegas, cuartos prestados o albergues donde falta la comida, el agua limpia y las medicinas. Los niños dejan de ir a la escuela y los adultos pierden la forma de ganarse la vida honradamente exigen que las autoridades busquen a sus seres queridos y garanticen la seguridad necesaria para poder regresar a sus casas en paz.










