A diferencia de otras expresiones artísticas más estructuradas, este movimiento se construye desde la espontaneidad.
Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas
En una ciudad donde todo ocurre rápido y pocas veces se mira con detenimiento, un grupo de ciudadanos decidieron hacer lo contrario: parar, observar y dibujar. Así, durante dos años, Urban Sketchers Tuxtla Gutiérrez ha construido una memoria distinta de la ciudad, una que no se archiva en documentos oficiales, sino en cuadernos llenos de trazos y color.
El colectivo, que recientemente fue reconocido como capítulo oficial de Urban Sketchers International, no solo celebra un aniversario, sino la consolidación de una forma de narrar la ciudad desde lo cotidiano. Su valor no radica únicamente en el dibujo, sino en la manera en que reinterpretan espacios que, para muchos pasan desapercibidos.
Parques, iglesias, calles y edificios fueron escenarios de este ejercicio colectivo. Sin embargo, más allá de la arquitectura, lo que capturan es la vida: la luz que cambia a lo largo del día, el ritmo de las personas, los pequeños momentos que difícilmente quedan registrados en otros formatos. En ese sentido, su trabajo funciona como un archivo visual de lo que realmente es Tuxtla.
A diferencia de otras expresiones artísticas más estructuradas, este movimiento se construye desde la espontaneidad. Cada integrante aporta su mirada, su técnica y su forma de entender el entorno, lo que convierte cada encuentro en un espacio de aprendizaje y diálogo. No se trata de dibujar “bonito”, sino de dibujar lo que se vive.
Este enfoque cobra relevancia en un contexto donde las ciudades cambian constantemente. Lo que hoy existe, mañana puede desaparecer. Además, el trabajo del colectivo adquiere un valor casi documental: registrar antes de que se pierda, observar antes de que se transforme.
Su integración a una red internacional abre nuevas posibilidades, pero también coloca a Tuxtla Gutiérrez dentro de una conversación global donde las ciudades se cuentan desde sus habitantes. No es una mirada institucional, sino una mirada cercana, sensible y profundamente humana.
Al final, Urban Sketchers Tuxtla no solo dibuja espacios, está construyendo memoria y en una ciudad que pocas veces se detiene a verse a sí misma, ese gesto se vuelve más importante de lo que parece.










