Francisco Mendoza / Diario de Chiapas
Para el especialista en adicciones, Carlos Hiram Culebro Sosa, señaló que el alcohólico activo presenta, entre otras conductas, autoengaño, al no reconocer su problema; minimiza o justifica las consecuencias de sus borracheras (negación).
Además, tiene dificultad para postergar gratificaciones (impulsividad); presenta cambios bruscos de su estado de ánimo e irritabilidad (inestabilidad emocional); pérdida de interés en familia, trabajo, escuela (aislamiento); así como mentiras constantes para ocultar su consumo (deshonestidad).
“La celotipia en muchos de ellos tiene su origen en la pérdida del apetito sexual que genera el alcohol, de donde se deriva su temor a que su pareja le sea infiel”.
Esto último señala lo que contrariamente se piensa, que entre más tomado estés, más apetito sexual tiene la persona que ha bebido por varias horas.
Culebro Sosa señaló que las características anteriores son solo algunas diferencias entre el bebedor y quien está en proceso de recuperación en Alcohólicos Anónimos (AA).
“Los comportamientos antes mencionados, son magistralmente explicados por el doctor Elvin Morton Jellinek después de analizar a más de dos mil adictos a las bebidas embriagantes, lo que originó la Escala de la Alcoholomanía, que refiere la secuencia de un adicto al alcohol etílico, que inicia con el consumo ocasional y termina con la pérdida de la vida, o bien, en una prisión o un hospital psiquiátrico”.
Explicó que muchos alcohólicos en recuperación, al practicar los 12 pasos (que son el conjunto de principios que guían el proceso de recuperación en AA), refieren una transformación profunda en su proceder, que implica los siguientes cambios: Reconoce su problema con las bebidas embriagantes y practica la sinceridad consigo mismo y los demás (honestidad); acepta sus limitaciones y busca ayuda en un Ser Superior y en sus compañeros del grupo de AA en que participa (humildad).
También, asume las consecuencias de sus actos negativos del pasado y busca reparar los daños causados (responsabilidad); aprende a manejar frustraciones, resentimientos y miedos sin recurrir al licor (equilibrio emocional); desarrolla el deseo de ayudar a otros alcohólicos (servicio); estos cambios también se reflejan en la vida familiar, escolar, laboral y social.
“En suma, el alcohólico activo vive dominado por la negación y desadaptación; por el contrario, el alcohólico en recuperación busca vivir con honestidad, humildad y servicio”, dijo.
El especialista en adicciones expresó que, al visitar actualmente a diferentes grupos pertenecientes a la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, A.C., sigue observando lo antes referido, con una diferencia.
“Ahora hay mujeres que participan en AA; si no hay cambios en las políticas gubernamentales que atiendan la amplitud y gravedad de los problemas individuales y sociales asociados al uso de bebidas alcohólicas, incluyendo la tendencia generalizada hacia niveles de consumo más alto”.










