Discriminación racial persiste en Chiapas

Jeny Pascacio/Diario de Chiapas

En México, el color de piel es determinante para los logros económicos y educativos, coinciden organizaciones de la sociedad civil que documentan las dificultades que enfrentan diferentes sectores a consecuencia de la discriminación racial estructural que persiste en este país.

Los indígenas y la negritud son las poblaciones más afectadas por el racismo, según las estadísticas en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, conmemorado cada 21 de marzo.

Para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la crisis sanitaria del COVID-19 puso de relieve problemas y desigualdades estructurales fundamentales ‘subyacentes’ en diversos ámbitos de la vida social, económica, civil y política, que agravan el racismo y la discriminación racial.

La discriminación racial es frecuentemente asociada únicamente con discriminación en contra de personas indígenas; sin embargo, aun cuando las incluye, esta categoría involucra también a los afrodescendientes en México que, fundamentalmente por falta de información, se encuentran en estado de invisibilidad, señala el Consejo Nacional para prevenir la discriminación.

Resulta irónico pensar que, en Chiapas, con el 26 por ciento de población indígena, exista la discriminación racial, aunque recientes estudios de diversas asociaciones civiles, han visibilizado este grave problema social, sobre todo contra personas migrantes. El Instituto para las Mujeres en la Migración A.C., resalta a la población de mujeres haitianas que padece el impacto de las estructuras patriarcales y la subordinación racial y xenofóbica que les imponen, de acuerdo con un trabajo de investigación desarrollado en Tapachula.

Desde que salen de la isla (Haití), enfrentan retos sociales y legales, además de la intolerancia y exclusión basada en su raza e identidad de género, “las cuales se exacerban por la intolerancia racista en las regiones por las que se mueven e intentan asentarse”.

Políticas racistas 

El informe “Un viaje de esperanza: la migración de mujeres haitianas a Tapachula, México”, señala las políticas racistas y xenofóbicas de Estados Unidos delegadas a oficiales mexicanos implementadas mucho antes de que la población migrante o solicitante de asilo logren siquiera acercase a la frontera de Estados Unidos.

Las dificultades de esta población con el sistema de migración son evidentes en las abismales tasas de aprobación de asilo y protección complementaria ante la Comisión Mexicana para Ayuda a Refugiados. Un ejemplo es el 20 por ciento de las tasas de aprobación de solicitudes de asilo de originarios de Haití, de enero de 2013 a mayo de 2020.

La falta de intérpretes con dominio del idioma creole hace mucho más difícil entender sus derechos, presentar sus casos o darles seguimiento a sus solicitudes; y se ve intensificada con la xenofobia y el racismo contra la población negra que exhiben las autoridades mexicanas, lo cual lleva a demoras y decisiones arbitrarias en las solicitudes presentadas.

Uno de los objetivos de estas investigaciones en la frontera sur es que gobierno mexicano capacite contra el racismo y antinegritud a sus elementos, centrándose en evitar la discriminación contra las personas negras para descubrir prácticas y pautas de racismo profundamente arraigadas en el sistema migratorio y en los agentes de migración.

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