Ainer González / Diario de Chiapas
A sus 65 años, Jorge Domínguez Gómez camina casi toda Tuxtla Gutiérrez en búsqueda de chamba; conserva un oficio que aprendió de sus abuelos cuando apenas tenía siete: la elaboración de hamacas y el arreglo de sillas tejidas. Desde entonces, han pasado más de cinco décadas dedicadas a un trabajo artesanal que poco a poco se ha ido perdiendo.
Menciona que cada día, desde las nueve de la mañana y hasta pasadas las tres de la tarde, camina por distintos puntos y colonias de la capital chiapaneca ofreciendo sus servicios de casa en casa. De ese recorrido, que le exige recorrer kilómetros bajo el sol o la lluvia, resalta que depende no solo su sustento, sino también el de su esposa.
“Gracias a Dios, pa’ qué voy a mentir, a veces hago tres o cuatro sillas, hay veces que me va bien, gano hasta seis o siete. Me lo hago en cuatro horas. Ahorita voy a la (colonia) Bienestar; días que salen, días que no”, relata.
Este oficio (trabajo independiente) menciona que le permitió sacar adelante a su familia y sostener a sus cinco hijos hasta que se independicen.
Sin embargo, menciona que hoy, pese a las dificultades propias de la edad y sin contar con derechos médicos y apoyos federales —debido a problemas con su credencial de elector—, don Jorge mantiene en pie la tradición del tejido y repara sillas con la esperanza de que alguien abra la puerta y requiera de su oficio.










