Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Después de casi 150 años, la botánica mexicana reescribió la historia gracias a un hallazgo en Chiapas.
En 2016, se confirmó la existencia de una segunda especie del género Tridimeris, una especie endémica de anonáceas, bautizada como Tridimeris chiapensis, un árbol cuyo fruto, con forma de mango, podría albergar compuestos de gran valor para la salud humana.
Este descubrimiento es significativo porque la planta podría estar en peligro de extinción.
Este singular árbol, que cambia de verde a marrón al madurar, desprende un aroma que evoca una mezcla de piña y coco.
Su pulpa, fibrosa y con un sabor menos dulce que otros frutos tropicales, ha captado la atención de científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH).
Actualmente, un equipo liderado por el investigador Andrés Ernesto Ortiz Rodríguez de la UNAM, y que incluye a la docente Mayra Rubí Méndez Bautista y a las estudiantes Maydel Álvarez Gutiérrez y Norma Cardeño López de la UNICACH, está trabajando en un proyecto para caracterizar y preservar esta especie.
El enfoque principal del estudio es analizar la composición nutricional de la pulpa, la corteza y las semillas del fruto.
El objetivo es determinar su viabilidad para el consumo humano y comprender cómo sus propiedades cambian a medida que madura.
Este esfuerzo es crucial, ya que el Tridimeris chiapensis es la adición más reciente al catálogo de anonáceas, una gran familia botánica a la que pertenecen más de dos mil especies, incluyendo frutos conocidos como la guanábana y el chirimoyo.
La familia de las anonáceas es un foco de interés científico debido a sus compuestos bioactivos, en particular las acetogeninas.
Como explicó la investigadora Alma Rosa González Esquinca, del Laboratorio de Fisiología y Química Vegetal de la Unicach, estas sustancias han mostrado actividad prometedora contra células cancerígenas, tumores y plagas. Además, se sabe que contienen compuestos nitrogenados que podrían regular el sistema nervioso central.
Los investigadores están aislando estos compuestos en laboratorios para realizar pruebas biológicas específicas y entender sus mecanismos de acción en las células.
El conocimiento adquirido hasta ahora ha demostrado el potencial de estas plantas para ser utilizadas en la medicina y la agricultura. La esperanza es que, en el futuro, los científicos logren sintetizar estos compuestos para desarrollar nuevos tratamientos y soluciones que beneficien a la humanidad.










