-Recientes hallazgo indican que los restos de antiguos habitantes, cuentan una historia de resiliencia y vulnerabilidad apenas imaginada en el mundo moderno
Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
En el antiguo territorio Mesoamericano, vivir más de 40 años era una proeza, y más en el caso de las mujeres.
Si un habitante actual de Chiapas pudiese retroceder en el tiempo más de mil 500 años, encontraría condiciones tan adversas que, en caso de sufrir una herida o una enfermedad, se enfrentaría a ellas sin la ayuda médica que hoy está al alcance de la mayoría.
Así lo indican los restos de esos antiguos habitantes, que cuentan una historia de resiliencia y vulnerabilidad apenas imaginada en el mundo moderno.
Como lo destacan la arqueóloga Royma Gutiérrez García y la antropóloga física María Eugenia Balderas Correa, estas poblaciones eran especialmente vulnerables a las infecciones, a los traumatismos y, en el caso de las mujeres, el parto era una prueba de fuego.
Con base en el análisis de restos óseos, las especialistas compartieron que los antiguos mesoamericanos prosperaron frente a riesgos que hoy, con el avance científico, se consideran ambulatorios y de fácil tratamiento.
El acercamiento a este mundo, a través de los huesos encontrados, da una “lectura” de los sufrimientos que acechaban a los hombres y mujeres; por ejemplo, en el caso de estas últimas, una de cada tres moría durante el parto por complicaciones diversas.
Traer una vida al mundo implicaba tantos riesgos que estas mujeres alcanzaban otro estatus al perder la vida durante el proceso: “Era considerada equivalente a un guerrero en combate, por lo que estas mujeres eran elevadas al estatus de diosas”, señala Gutiérrez García.
Y las posibilidades no eran mejores para los recién nacidos. En un mundo sin medicamentos y equipos de soporte vital, tres de cada 10 niños y niñas no cumplían los cinco años de vida.
Pero si lograba superar la infancia, en la juventud su principal causa de muerte era un traumatismo, especialmente entre los varones.
Balderas Correa señaló que muchas enfermedades dejan marcas en los huesos, las cuales pueden leerse mediante el enfoque de la antropología física. Esta disciplina, combinada con la arqueología, permite reconstruir un panorama amplio sobre la vida cotidiana en tiempos prehispánicos.
Y no era para nada una vida fácil o idílica, libre de enfermedades o complicaciones graves, y eso se sabe actualmente porque han encontrado espacios de enterramiento, como uno con 45 esqueletos pertenecientes a una élite social. El estudio de estos restos permitió identificar que la población enfrentaba condiciones de salud adversas.
Tan adversas eran que, en promedio, no vivían más de 37 años, aunque en algunos casos lograron vivir un par de años más.
Ahora bien, como lo destacó la especialista, mientras eso ocurría en Mesoamérica, en la vieja Europa, en específico en Francia, la esperanza de vida era aún menor, con un promedio de 29 años.
Estos huesos y la historia que cuentan dan un testimonio del largo camino de la humanidad por vencer a la muerte, y lo vulnerable que sería el ser humano moderno ante estos desafíos sin las herramientas y conocimientos que hoy posee.










