Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
En Chiapas, las terapias alternativas han comenzado a consolidarse como un pilar fundamental para el desarrollo integral de la niñez con discapacidad, un claro ejemplo de esto se vive en el centro de equinoterapia local, un espacio donde actualmente se atienden a cerca de 70 menores que encuentran en el contacto con los caballos una vía de rehabilitación tanto física como emocional.
En ese sentido, Eva María Coutiño Jiménez, encargada del Centro de Equinoterapia de la Secretaría de Seguridad del Pueblo (SSP), dijo que esta alternativa médica no busca sustituir los tratamientos tradicionales, sino convertirse en un aliado clave que potencializa los esfuerzos que realizan las familias diariamente para mejorar la calidad de vida de sus hijos.
El perfil de la población atendida en este centro revela una realidad importante: aproximadamente el 80 por ciento de los pacientes son niños diagnosticados con trastorno del espectro autista.
El 20 por ciento restante abarca a menores con parálisis cerebral infantil, síndromes genéticos y diversas discapacidades motrices.
De acuerdo con Coutiño Jiménez, la equinoterapia opera de manera estrictamente complementaria a los servicios que los infantes ya reciben en instituciones gubernamentales y civiles como el Sistema DIF o el Centro Azul, sumando esfuerzos para acelerar y consolidar los avances terapéuticos.
Los beneficios físicos de esta disciplina son especialmente notorios en los casos de parálisis cerebral infantil o condiciones asociadas a la hipotonía, al no contar los menores con la capacidad autónoma de caminar, el movimiento tridimensional del caballo simula de forma exacta la marcha humana.
Este estímulo constante activa la musculatura profunda del cuerpo que de otro modo permanecería inactiva, generando la tensión muscular necesaria para que los pacientes logren una mayor estabilidad en el tronco y adquieran un mejor control cefálico para mantener la cabeza erguida de manera natural.
Por otro lado, en el tratamiento del autismo, el enfoque se centra en la regulación emocional y cognitiva, la interacción directa con el equino funciona como un poderoso relajante natural que capta la atención de los menores de forma prolongada, contrarrestando la dispersión que suelen experimentar en otros entornos.
Asimismo, el reto de montar un animal de gran dimensión física les inyecta una dosis considerable de seguridad y autoestima, ayudándoles a canalizar la impulsividad, a respetar límites y a desarrollar habilidades sociales esenciales que facilitan su integración comunitaria.
Los resultados de este esfuerzo conjunto comienzan a manifestarse a corto plazo, trayendo un alivio directo a los hogares, los padres de familia reportan cambios significativos en las rutinas cotidianas de sus hijos; menores que antes mostraban serias dificultades para permanecer quietos, ahora logran mantenerse sentados durante periodos prolongados, lo que les permite recibir clases con mayor eficacia o comer por sí mismos, estos avances demuestran que el galope de un caballo puede ser la clave para abrir las puertas de la autonomía y el bienestar de la niñez en la región.










