A. Marroquín / Diario de Chiapas
La pandemia le transformó el negocio, como a cientos de comerciantes en la capital del estado de Chiapas, pero la perseverancia no la detuvo.
“Panela, tostada de manteca, camarón seco, pescado, charalito, verdura picada, cebolla, papas”, se escucha en la bocina de la camioneta blanca tipo urvan que recorre diversas colonias del oriente de Tuxtla Gutiérrez; es el local móvil de la señora María Guadalupe Avendaño Chamé, a quien el confinamiento, le abrió una oportunidad para comercializar sus productos de casa en casa.
En compañía de su madre y sus sobrinas, de lunes a viernes recorre en su camioneta varias colonias —al sur oriente de la capital—, sin embargo, este vehículo no fue el primero que le ayudó e utilizó para innovar desde que inició la nueva normalidad.
“Fue una manera de tener un empleo sin tener que estar rozando con la gente, para evitar el contagio tanto para mí y mis familiares… empezamos en un triciclo vendiendo y con la misericordia de Dios salió para el carrito y no nos va mal”, Avendaño Chamé.
Antes de la pandemia, doña María vendía frutas y legumbres en el mercado Juan Sabines de Tuxtla Gutiérrez, pero la ciudadanía dejó de llegar, además de que esto representaba un fuerte foco de infección.
Hoy, a un año de haber iniciado la temporada más complicada en materia de salud y económica, estas mujeres trabajan para un bien común; poder trabajar y generar ingresos y acercar hasta la puerta de los hogares, los productos de primera necesidad que las familias requieren.
“Nos sale para la comidita y como aquí vendemos los mismos productos, de aquí lo usamos”, aseguró.










