• Entre los 21 y 40 años se concentra la mayor adopción; universidades, sin lineamientos claros; estudiantes admiten emplear IA en exámenes y tareas, muchas veces sin citar fuentes ni informar a sus docentes
Ainer González / Diario de Chiapas
El uso de la Inteligencia Artificial (IA) entre la población mexicana ya no es una novedad, esta herramienta se ha convertido en una práctica cotidiana, sobre todo entre jóvenes y adultos en el rango de 21 a 40 años, de acuerdo con un estudio de The Competitive Intelligence Unit.
Las cifras revelan que el 55 por ciento de los usuarios de internet mayores de seis años aseguran estar familiarizados con la IA. Sin embargo, apenas el 18.6 por ciento la utiliza con regularidad. En este grupo, los adultos jóvenes —de 26 a 30 y de 31 a 40 años— encabezan la lista, con un 72 por ciento de uso.
“Suelo usarla bastante, es una herramienta muy buena hasta cierto punto, si la sabemos aprovechar de la manera correcta, no sólo para decirle que haga la tarea por completo”, compartió un estudiante universitario. Otros, como él, admiten emplearla para guiar sus estudios: “Es muy útil, especialmente me sirve para en exámenes, hago que me dé ideas de lo que puede venir”.
En contraste, los jóvenes menores de 21 años reportan un 53 por ciento de uso, mientras que entre adultos mayores de 50 años, el índice se reduce a un 43 por ciento. El desfase generacional es evidente. Mientras unos ven en la IA una herramienta de consulta e investigación, otros apenas comienzan a explorarla.
La discusión alcanza también a las políticas y programas de las universidades.
“Socializar qué es la IA en la comunidad universitaria, que los maestros estén capacitados, actualizados en el uso de esta herramienta y tercero que tengamos los lineamientos que regulen el uso y el manejo de la IA en la comunidad universitaria”, señaló Florentino Pérez Pérez, secretario académico de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach).
Pese a ello, en las aulas chiapanecas las y los estudiantes reconocen que utilizan la IA para la elaboración de tareas, aunque muchas veces sin verificar las fuentes originales ni informar a sus docentes.
“Que los maestros sepan de las potencialidades, porque los alumnos vienen con un chip diferente al que tenemos nosotros”, advirtió un catedrático.
El reto no es menor, ya que mientras el uso de la IA crece de manera acelerada, las instituciones educativas parecen no avanzar al mismo ritmo en la generación de criterios éticos y académicos que permitan aprovechar esta herramienta sin desplazar el pensamiento crítico ni la responsabilidad intelectual.










