Las prácticas humanas han causado al planeta graves daños

Jorge Vázquez Gómez
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Con diversos datos consultados se ha encontrado que el “Efecto Invernadero” es un fenómeno que ha existido desde que la Tierra tiene atmósfera, puesto que es de suma importancia para lograr que el planeta tenga las condiciones para que exista la vida en él. Sin embargo, en los últimos años la temperatura global del planeta se ha incrementado, atribuida principalmente a la quema de combustibles fósiles. La quema de estos combustibles emite gases contaminantes los cuales aumentan las concentraciones de los gases propios de la atmósfera, ocasionando un proceso de calentamiento. La mayoría de los GEI se producen de manera natural, pero debido al crecimiento industrial y el aumento de las actividades humanas estos han aumentado su concentración en la atmósfera.
Las ciudades son uno de los principales factores que más contribuyen al cambio climático, puesto que estas en conjunto consumen el 78% de la energía mundial y producen más del 60% de las emisiones de GEI.
La ciudad de Tuxtla Gutiérrez se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad frente al cambio climático.
Cada año, los efectos del cambio climático se vuelven más evidentes en Tuxtla Gutiérrez, con graves inundaciones durante la temporada de lluvias y récords de temperatura cada vez más altos. La falta de acción por parte de las autoridades preocupa, ya que no se están tomando medidas suficientes para mitigar estos riesgos. Las emisiones de gases de efecto invernadero están directamente relacionadas con el aumento de la temperatura media mundial y contribuyen a agravar la actual crisis climática. Actualmente se estima que el sector agropecuario es responsable de hasta el 39 % de las emisiones de gases de efecto invernadero ya que en este persisten diversas fuentes contaminantes: la quema de residuos agrícolas y el uso de combustibles fósiles para diversos procesos que generan dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero implicado en el cambio climático, el uso de insumos potencialmente contaminantes como los fertilizantes nitrogenados que producen óxido nitroso (N2O), gas relacionado con el deterioro de la capa de ozono y el metano y amoníaco que genera la ganadería. A través de diversos proyectos con los sectores público, privado, social y académico, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) promueve diversas prácticas sustentables para reducir el impacto ambiental de la agricultura. El uso de sensores ópticos para optimizar la fertilización nitrogenada, el aprovechamiento del rastrojo como cobertura del suelo en lugar de su quema, y otras prácticas de agricultura de conservación son una vía útil para lograr una agricultura que contribuya a que la sociedad global se encamine a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura de conservación ofrece diversos beneficios para la atmósfera: al no quemar residuos de cultivos, una práctica común en regiones de alta productividad con altos niveles de producción de residuos se reduce la contaminación del aire. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero con este sistema agrícola se debe tanto al uso reducido de combustible como al secuestro de carbono en la materia orgánica del suelo. la agricultura de conservación representa una gran oportunidad para la reducción de gases de efecto invernadero. Además, se puede complementar con el uso de sensores ópticos para optimizar la fertilización nitrogenada, así como con el uso de fertilizantes nitrogenados más eficientes y las rotaciones de cultivos que son un componente importante para el manejo del nitrógeno en los sistemas de agricultura de conservación que, en conjunto, permiten incluso reducir las emisiones de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero más potente que el CO2.g

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