Más que una devoción, un símbolo cultural

La Basílica de Guadalupe recibe anualmente hasta 40 millones de visitantes entre peregrinos y turistas

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

La fe guadalupana se prepara para vivir su momento cumbre el próximo 12 de diciembre, con la inminente movilización de millones de peregrinos.

Este culto, intrínsecamente ligado a la Iglesia Católica, no sólo es el fenómeno religioso más grande de México, sino también un símbolo de identidad nacional que trasciende fronteras y credos.

El fervor por la “Morenita del Tepeyac” es masivo. Las estimaciones indican que hasta un 78 por ciento de la población mexicana se considera devota o creyente de la Virgen de Guadalupe.

Considerando que el Censo 2020 registró más de 90 millones de católicos en el país, esta advocación mariana congrega a más de dos terceras partes de los mexicanos.

El epicentro de esta fe es la Villa de Guadalupe, en la Ciudad de México. La Basílica de Guadalupe se ha consolidado como el segundo templo católico más visitado del mundo, superado sólo por la Basílica de San Pedro en Roma.

La Basílica de Guadalupe recibe anualmente hasta 40 millones de visitantes entre peregrinos y turistas.

No obstante, la concentración más espectacular ocurre alrededor del 12 de diciembre.

En 2024, se reportó la llegada de más de 12 millones de personas sólo entre los días 6 y 12 de diciembre.

La Iglesia Católica mexicana ya planifica grandes eventos que marcan el calendario de los próximos años, denominados “horizontes de gracia”.

En 2031 conmemorarán los 500 años de las supuestas apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego.

Y en 2033 celebrarán los dos mil años de historia del cristianismo.

Un aspecto único de esta devoción es su carácter flexible. A pesar de estar en el núcleo de la Iglesia, el culto guadalupano no exige la adhesión estricta a la fe católica.

La doctrina eclesiástica reconoce que es posible ser católico sin ser guadalupano.

Para ser católico basta con aceptar el Credo y la autoridad del Papa, y la veneración a María puede ser bajo otra de sus advocaciones, como la Virgen de Fátima o de Lourdes.

De manera inversa, existe un guadalupanismo secular y cultural. Es posible identificarse con la “Morenita del Tepeyac” como un símbolo de mexicanidad, mestizaje o resistencia cultural, sin necesidad de adherirse a los dogmas de la Iglesia.

Sin embargo, la mayor parte de los devotos practican el culto en su sentido completo: veneración, peregrinación, cumplimiento de mandas y la doctrina católica.

Aunque México es el corazón del culto, la migración ha extendido el fervor de manera significativa.

Estados Unidos es el país con la devoción más vigorosa fuera de México. La Basílica de Des Plaines, Illinois, se considera el segundo centro guadalupano más importante del mundo. Además de las grandes concentraciones en ciudades como Chicago, Los Ángeles y Nueva York.

Las islas Filipinas también posee una fuerte tradición guadalupana, herencia de los lazos históricos durante el Virreinato de Nueva España.

Así como Guatemala y El Salvador, que mantienen grandes celebraciones; los guatemaltecos, por ejemplo, tienen la tradición de vestir a los niños como “inditos” en honor a Juan Diego.

El culto es tal que la Basílica de San Pedro, en Roma, cuenta con una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, inaugurada por el Papa Juan Pablo II.

La Virgen de Guadalupe, también nombrada Patrona de las Américas, no sólo es una figura religiosa central, sino una poderosa bandera de identidad que une a millones dentro y fuera de México.

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