La meta final no es modificar la infraestructura física de las ciudades, sino transformar los criterios sociales mediante campañas de sensibilización.
Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
En Chiapas, el camino hacia una verdadera inclusión para la comunidad sorda o muda muestra avances significativos, gracias al uso de herramientas tecnológicas, aunque enfrentan serios desafíos estructurales y un marcado déficit de especialistas certificados en la materia.
De acuerdo con Daniel Vázquez García, interprete e instructor de las lenguas de Señas Mexicanas, refirió que, aproximadamente el 10 por ciento de la población en la entidad vive con algún grado de discapacidad auditiva, lo que representa una comunidad de entre 100 y 200 mil personas que diariamente deben sortear barreras de comunicación en los espacios públicos y privados.
Un ejemplo de los esfuerzos gubernamentales se localiza en el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, donde se ha implementado un modelo de atención remota mediante videollamadas, a través de este sistema, personal capacitado enlaza a los usuarios que requieren realizar trámites en diversas dependencias, facilitando la interacción inmediata.
No obstante, los especialistas advierten que la tecnología es un paliativo y no sustituye la necesidad de contar con un cuerpo sólido de profesionales de la interpretación que dominen los aspectos técnicos y gramaticales de la Lengua de Señas Mexicana (LSM).
La principal carencia de estos servicios se concentra en sectores críticos y de alta vulnerabilidad, como el sistema de salud pública y el ámbito jurídico; actualmente, las principales instituciones hospitalarias de la capital chiapaneca carecen de intérpretes de planta para atender emergencias o consultas médicas.
Ante esta situación, las personas sordas se ven obligadas a asistir a sus citas acompañadas de familiares, quienes, a pesar de su voluntad, no poseen una formación profesional en traducción, lo que puede derivar en diagnósticos imprecisos o malentendidos legales.
Formar un intérprete con la fluidez necesaria es un proceso complejo que requiere entre cinco y seis años de práctica constante, por ello, instructores locales enfatizan que la enseñanza de la LSM debe ser liderada por la propia comunidad sorda, al ser su lengua materna, mientras que los oyentes deben integrarse bajo estándares oficiales de competencia laboral.
La meta final no es únicamente modificar la infraestructura física de las ciudades, sino transformar los criterios sociales mediante campañas de sensibilización que permitan a la ciudadanía interactuar de forma digna y equitativa.










