Itzel Grajales / Diario de Chiapas
Niñas y niños acompañan a sus padres desde su país de origen, en Centro y Sudamérica, hacia Estados Unidos, en una travesía en la que enfrentan carencias, enfermedades y riesgos de todo tipo.
Desde Venezuela, Yanetsi González llegó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, con su bebé de 11 meses de edad a cuestas. Juntos atravesaron la selva del Darién, en la frontera natural entre Panamá y Colombia, donde cruzaron un caudaloso río del que fueron rescatados cuando estaban a punto de ahogarse.
“Pasamos por todo esto porque allá en Venezuela con el sueldo mínimo no alcanza ni para la comida de un día; decidí salir con mi hijo porque quiero una mejor vida para él. Allá ya no hay nada, ni comida ni atención médica para él; se va la luz cada dos horas, no se puede vivir así”, comentó.
El pequeño tiene muestras de deshidratación, y también heridas en la entrepierna debido a las altas temperaturas que ha soportado durante el viaje, que su madre intenta curar con una crema que alguien le regaló. Llora, se queja, pero al paso de unos minutos, se repone, pide lo dejen en el piso para jugar.
En el Parque Central de Tuxtla Gutiérrez, mientras los adultos venden arepas, un alimento típico de Colombia y Venezuela, café y cigarros, las niñas y niños corretean, espantan a las palomas y ríen a carcajadas; parecen ignorar la situación vulnerable en la que viven.
Adrián dijo ser consciente de lo riesgoso que es transitar miles de kilómetros por tierra con sus dos hijos pequeños: han pasado hambre y se exponen a las organizaciones criminales, pero la situación económica y de seguridad en Venezuela, su país de origen, no les dejó de otra. Debían irse.
“Ha sido difícil: la comida y el agua nos ha hecho mucha falta en el camino; mis dos varones se han enfermado de gripa cuando pasamos por la selva, además de que en Guatemala nos encontramos con los cárteles que nos agarraron para extorsionar, pero aquí estamos, con muchas ganas de avanzar”.
Los menores que viajan en estos grupos truncan sus proyectos de vida, dejan de ir a la escuela y su comunidad por un futuro incierto. Se enfrentan a enfermedades y a ser víctimas del crimen organizado. Pasan hambre y frío y no tienen acceso a servicios de salud.
En México las autoridades de los tres órdenes de gobierno están obligadas a atender y proteger su integridad cuando pasan por territorio mexicano, dándoles incluso alojamiento, sin embargo, esto no sucede: a diario, niños y niñas están a su suerte, expuestos a diferentes tipos de violencia y discriminación.










