Quince años de crónica y periodismo cultural

Marco Antonio Orozco Zuarth / Diario de Chiapas

La reducción de los espacios impresos en Chiapas representa mucho más que un ajuste editorial: implica la pérdida de foros dedicados a preservar la memoria colectiva, promover la identidad regional y fomentar el pensamiento crítico.

Durante las últimas dos décadas, el modelo de negocio de los medios tradicionales ha sufrido una crisis sin precedentes. La migración de la publicidad hacia plataformas digitales, el predominio de las redes sociales como fuente de información y el cambio en los hábitos de consumo han provocado el cierre de periódicos, la reducción de tirajes y la desaparición de secciones consideradas poco rentables, entre ellas las culturales. La UNESCO ha advertido que la sostenibilidad económica de los medios constituye hoy uno de los mayores desafíos para el periodismo profesional, pues la concentración de la publicidad digital en grandes plataformas tecnológicas ha debilitado gravemente a la prensa escrita.

En México, esta situación es especialmente visible. Diversos estudios muestran un descenso constante en la lectura de periódicos impresos, particularmente entre los jóvenes, quienes consumen información principalmente a través de dispositivos móviles y redes sociales. Este cambio ha obligado a muchos medios a reducir personal, cerrar suplementos especializados o migrar completamente al entorno digital.

Sin embargo, la desaparición de los espacios culturales tiene consecuencias que trascienden lo económico. La cultura suele ser una de las primeras víctimas cuando los presupuestos se reducen, pese a que constituye uno de los pilares de la identidad de una sociedad. Las crónicas, los ensayos, la poesía y la difusión literaria documentan la vida cotidiana y conservan la memoria histórica de las comunidades. En estados con una riqueza cultural como Chiapas, estos espacios permiten dar voz a escritores, cronistas e investigadores que difícilmente encuentran cabida en los contenidos digitales dominados por la inmediatez.

Paradójicamente, mientras disminuyen los espacios impresos, aumenta la necesidad de un periodismo confiable y de calidad. La expansión de la inteligencia artificial, la desinformación y la sobreabundancia de contenidos hacen más valioso el trabajo de quienes investigan, verifican y narran la realidad con rigor. La propia UNESCO ha señalado que, pese a las dificultades económicas, fortalecer el periodismo independiente resulta indispensable para preservar la libertad de expresión y la vida democrática.

Frente a este panorama, mi decisión de reunir las mejores colaboraciones publicadas en La crónica hablará por Chiapas para convertirlas en un libro representa una respuesta esperanzadora. Un libro no sólo preserva los textos, sino que los convierte en patrimonio documental para las futuras generaciones, reafirmando que la cultura trasciende los formatos y permanece cuando existe la voluntad de conservarla.

Cada vez son menos las páginas que llegan a la imprenta, y con ello surge el riesgo de perder una parte de la memoria social. Sin embargo, esta transformación también nos invita a replantear nuevas formas de difusión que integren la tradición de la palabra escrita con las posibilidades que ofrece el mundo digital. La historia demuestra que los soportes cambian, pero la necesidad de contar, registrar y preservar la vida de los pueblos permanece intacta. Mientras existan cronistas dispuestos a documentar su tiempo y lectores interesados en conocer su historia, la memoria colectiva encontrará siempre la manera de perdurar. Lo mismo ocurre con los poetas y narradores: a través de su imaginación y su palabra, enriquecen el patrimonio cultural, preservan la sensibilidad de una época y contribuyen a fortalecer la identidad de nuestras comunidades.

Finalmente, expreso mi más sincero agradecimiento a la empresa Diario de Chiapas y, de manera especial, a los hermanos Toledo Coutiño, por haberme brindado durante quince años el espacio para compartir con los lectores mis crónicas y las de numerosos colegas. Aquella página se convirtió en una valiosa ventana para difundir nuestro trabajo y acercar la historia, la literatura y la cultura a un público cada vez más amplio. Mi reconocimiento también para Luis Gordillo, quien, con profesionalismo y dedicación, estuvo al frente de la sección cultural, haciendo posible que ese esfuerzo editorial se mantuviera vivo.

Fueron quince años ininterrumpidos de escribir, cada martes, con el compromiso de ejercer la crónica y el periodismo cultural como una forma de preservar la memoria, difundir nuestro patrimonio y contribuir al fortalecimiento de la historia y la cultura de Chiapas. Mirando en retrospectiva, cada entrega representó una oportunidad para dialogar con los lectores y reafirmar la convicción de que la palabra escrita sigue siendo una de las mejores herramientas para comprender quiénes somos y preservar lo que nos da identidad.

P.D. Ya concluido el presente artículo, el buen amigo Enmanuel Grajales me dio la buena noticia, que las colaboraciones continuarán en la sección de Metropoli. ¡Enhorabuena!

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