Si se les recuerda nunca mueren

Marco Alvarado/Diario de Chiapas

La fotografía que hay en su tumba es un bello recuerdo. Ella está sonriendo mientras prepara la masa para sus tamalitos de elote.

Hace tres años que trascendió de esta vida, pero para sus hijas esa imagen evoca días hermosos y la nostalgia de cuando se reunían para la cosecha de elotes.

Una de ellas recordó haberla fotografiado en alguna de esas reuniones, luego de entregarle los granos porque ya le urgía preparar la masa. La imagen que hoy está en el centro de su capilla, rodeada por flores y veladoras, eternizó a doña Guadalupe Velázquez Magdaleno amando a los suyos.

Porque como sus hijas recuerdan, la cocina era un punto de reunión insustituible y de quehaceres que terminaban ya tarde, en una mesa con panes, café, tamales y conversaciones.

Para ellas ese recuerdo es un ancla en sus vidas, que siguen honrando con flores en la tumba de su madre, porque “ha sido difícil no tener su presencia física, pero al estar unidas estamos aprendiendo a vivir sin ella, a compartir los alimentos mientras la recordamos”.

Volver a estos espacios donde descansan historias, sueños, alegrías y penas distingue la celebración mexicana del Día de Muertos, y más cuando los que hoy descansan eran también fervientes promotores de no olvidarse de los que se adelantaron.

Como es el caso de la familia Coutiño, reunida el pasado domingo en la capilla para platicar con doña Trinita y con papá Rubén, para decirles qué va de la vida en este mundo, y que están con ellos en la memoria del corazón.

Elizabeth Trujillo limpió el espacio donde colocó las fotografías de sus padres, mientras afuera su nieta ayuda a colocar adornos.

Satisfecha con las flores que llevó, Elizabeth señala el pequeño altar que armó este año, donde colocó las frituras y dulces que su mamá Trinidad comía con gusto en este mundo.

“A ella también le gustaba celebrar el Día de Muertos, venir y poner veladoras a sus papás, a sus hermanos, que la tumba estuviera limpia, en buen estado, eso fue lo que nos enseñó”.

Cuenta que estos días cuando visita el panteón lleva comida, se sienta dentro de la capilla y platica con ellos. Es como un apoyo emocional que le demuestra la cercanía del amor que siente aun cuando físicamente ya no puede abrazarlos.

Marbella se esmeró para dejar una bonita camita con flores de cempasúchil en la tumba de su mamá.

Su esposo barre y ayuda con el agua. Los nietos saltan entre tumbas. “Es una tradición muy bonita, muy colorida”, opina Marbella cuando termina de colocar las flores que contrastan con el blanco de la tumba.

Ahí, donde hace un tiempo los familiares lloraron la despedida, hoy hay una resignación festiva, en la que se habla de lo vivido, pero también donde hay esmero para recibirlos bien, en un momento del año que, para la tradición, es un puente entre dos mundos y un recordatorio acerca de lo inevitable para todos los seres humanos.

Para las celebraciones por el Día de Muertos, las autoridades prevén que 35 mil personas visiten los dos camposantos más importantes de la capital: el Panteón Municipal y el panteón Jardín San Marcos.

Para quienes lo hagan, la recomendación es que sigan los protocolos sanitarios; es obligatorio el uso de cubrebocas y la distancia entre personas. No estará permitido el ingreso con navajas ni con bebidas alcohólicas.

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