El arte de la alfarería, los textiles, la talabartería y la talla de madera sigue siendo el sustento de miles de personas
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Lejos de los aparadores en las exposiciones de museos, en las banquetas de esta ciudad hay personas cuyo sustento diario depende de sus elaboraciones en madera.
Uno de ellos es Mateo. A sus 56 años, este artesano originario de San Cristóbal de Las Casas lleva un lustro ofreciendo sus piezas, muchas veces bajo la sombra de un árbol, en la Avenida Central y 2a Calle Poniente.
Sus creaciones son simples pero esenciales: cucharas para sartenes, tablas de cortar con formas de pera o manzana, y pequeños camiones de juguete, algunos de los cuales incluyen un pequeño tronco.
Mateo no busca fama, sólo la subsistencia.
De sus ingresos como vendedor en la calle cuenta que “si es un buen día puedo ganar entre 300 a 400 pesos; cuando va mal, sólo me queda para el pozol”.
Y resulta que no pocos días ese pozol, la famosa bebida mezcla de maíz y cacao, es para lo que le alcanza después de una jornada en la que cientos de personas pasan a su lado, absortas en sus teléfonos y aisladas con sus audífonos.
La competencia es feroz. Cerca de donde vende Mateo las tiendas de productos chinos, con sus juguetes de plástico y colores vibrantes, se han adueñado del mercado.
Sin embargo, Mateo se aferra a su trabajo.
Sus cucharas, ofrecidas a 15 pesos el par, y sus carritos, a 50 pesos, son un recordatorio de que la paciencia y el oficio aún tienen un valor.
Los carritos, en particular, son un éxito entre quienes buscan un juguete auténtico para sus hijos, un pequeño escape de lo digital.
La historia de Mateo es una ventana a la realidad de miles de artesanos en Chiapas y en todo el país.
A pesar de que las artesanías aportan el 19 por ciento del valor total del sector cultural de México, y que los hogares gastan miles de pesos en ellas, estas cifras no siempre se traducen en una vida fácil para los creadores. Al menos no para los que están en las calles.
El arte de la alfarería, los textiles, la talabartería y la talla de madera sigue siendo el sustento de miles de personas.
En un estado como Chiapas, donde se estima que hay entre 24 mil y 86 mil artesanos, su trabajo no sólo es una fuente de ingresos, sino también un pilar de la identidad cultural.
Al final del día, lo que queda no son millones de pesos, sino la esperanza de poder comprar lo básico.
Para Mateo, regresar a casa con el estómago lleno gracias a una jícara de pozol es, muchos días, un consuelo.
Su batalla continúa, tallando con sus creaciones una parte de la memoria y la tradición de Chiapas, ofreciéndolas en una ciudad que siempre sueña con la modernidad.










