Arzobispo Francisco González resaltó la función de las mamás como el símbolo de la afectividad, el sacrificio y la resistencia
Karla García/ Diario de Chiapas
En el marco del VI Domingo de Pascua y de la conmemoración del Día de las Madres, monseñor José Francisco González González, arzobispo de la Arquidiócesis de Tuxtla, destacó el papel de las madres como eje de la familia, transmisoras de la fe y base de la cohesión social en Chiapas.
En su mensaje dominical, el prelado subrayó que el 10 de mayo representa una fecha de profundo arraigo en la vida social mexicana, al señalar que la madre ocupa un lugar central en la construcción de los hogares y en la formación de valores.
“En la estructura social mexicana, la madre es el eje gravitacional. Mientras que otras figuras pueden ser periféricas, la madre es el símbolo de la afectividad, el sacrificio y la resistencia”, expresó.
Añadió que, en el ámbito de la fe, las madres son las primeras catequistas y sembradoras del sentido de Dios en el corazón de sus hijos, además de constituir el cimiento emocional de la familia, considerada la célula básica de la sociedad.
El arzobispo afirmó que en Chiapas las madres son “guardianas de la unidad, maestras de la resiliencia y refugio seguro donde se cultiva la paz que tanto anhela nuestro estado”. Asimismo, reconoció su participación en la vida pública, profesional y comunitaria, y exhortó a autoridades e instituciones a generar condiciones que permitan conciliar la vocación familiar con el desarrollo profesional.
De manera particular, dirigió un mensaje a las madres buscadoras, a quienes expresó la cercanía de la Iglesia y el acompañamiento en la exigencia de verdad y justicia.
“Como Iglesia, que también es madre, acompañamos su dolor y alentamos su esperanza, tanto en el retorno de sus hijos, en el encuentro de pistas para dar con su paradero o en la necesaria búsqueda de justicia”, manifestó.
En el mismo pronunciamiento, con motivo del próximo Día del Maestro, que se conmemorará el 15 de mayo, monseñor reconoció la labor del magisterio como uno de los pilares fundamentales en la formación de las nuevas generaciones.
Indicó que sobre maestras y maestros recae la responsabilidad de formar el intelecto, la conciencia y el espíritu humano, por lo que destacó la importancia de la integridad moral y el compromiso ético en el ejercicio de su labor.
Reconoció que las condiciones en las que desarrollan su tarea no siempre son las mejores; sin embargo, llamó a que en sus demandas laborales prevalezca el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
“Su compromiso es la semilla de esperanza que permite a nuestros jóvenes descubrir su propósito y desarrollar los talentos que Dios les ha confiado”, expresó.










