Suicidios, una tragedia social

Marco Alvarado/Diario de Chiapas
Hasta el año 2021 se registraron en México 6.2 suicidios por cada 100 mil habitantes, con la mayor prevalencia entre los jóvenes de 18 a 29 años, por lo que se considera que los suicidios son un problema de salud pública y una tragedia social.
Tragedia que volvió a ser un foco de atención luego del reciente suicidio de un estudiante de medicina, que se lanzó desde uno de los edificios de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Al respecto, las autoridades en salud pública alertan que el suicidio no es un evento aislado, sino el último eslabón de una cadena de eventos, producto de la interacción entre un trastorno mental y un evento estresante.
Según los especialistas, las principales causas del suicidio son las enfermedades mentales, principalmente la depresión y el consumo de sustancias como alcohol y drogas. Tan solo la depresión aumenta en 20 veces el riesgo de cometer suicidio.
Hasta el año 2020, según la estadística del Inegi, Chiapas se ubicó por debajo de la media nacional en la tasa de suicidios por cada 100 mil habitantes, con un estimado de 3.8 casos en el año de referencia, mientras que Chihuahua reportó 14 suicidios por cada 100 mil habitantes.
Las estrategias internacionales parten de la premisa de que el suicidio es prevenible ya que se da como un proceso que inicia con la ideación y posteriormente pasa a intentos y, finalmente, a la consumación.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), de la población de 10 años y más, cinco por ciento declaró que alguna vez ha pensado en suicidarse.
La idea suicida está más presente en las mujeres de 50 a 59 años, seguida por las niñas y adolescentes de 10 a 19, las mujeres de 40 a 49 años y las de 60 años y más.
En la población masculina, la idea suicida se presenta mayormente en la población de 40 a 49 años, continuado por aquellos que tienen de 30 a 39 y los de 60 años y más.
Cuando alguien habla sobre el suicidio o comunica ideas o intentos suicidas, no debe considerarse como una forma de manipular ni de llamar la atención, sino como una señal de alarma, manifestación de angustia o depresión intensa, y por tanto de riesgo de suicidio.

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