Tecnologías abonan al suicidio

Existe actualmente un incremento de quejas asociadas a angustia emocional, dolores de estómago, de cabeza, fatiga; esos son indicadores de que la persona está entrando en estrés, señaló el especialista.

Francisco Mendoza / Diario de Chiapas

En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la Facultad de Artes, la Dirección de Derechos Humanos, Género y Cultura de Paz a través de la Red de Inclusión, Diversidad y Género Multidisciplinario de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach) invitó al director del Servicio de Psicología aplicada en la Universidad de Murcia, España, José Antonio Ruiz Hernández a brindar la conferencia Estrategias y claves para la prevención del suicidio en estudiantes universitarios.

El especialista señaló que, en el mundo, el fenómeno del suicidio se puede ver de diversas aristas, ya que según el país o la región afecta de manera distinta a los grupos sociales.

En el caso de Chiapas, el índice de suicidios documentados en el 2023 fue de 243 casos, mientras que el año pasado tuvo un registro de 267 muertes de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Una persona que vemos que está sufriendo mucho y que de pronto, de manera inesperada, y diríamos que inquietante, esa persona parece que ha entrado en paz y sosiego, eso debería preocuparnos, dijo el especialista.

Porque lo que dice la investigación es que “algunas veces esos cambios súbitos sugieren que la persona ha tomado la decisión de quitarse la vida; mientras está en esa fase de decisión, es una situación de incomodidad, malestar y sufrimiento”.

El suicidio, dijo, no deja de ser un fenómeno que muchas veces tiene que ver con psicopatología, “otras veces son decisiones que no se explican desde ahí, pero la lectura es qué clase de sociedad estamos ofreciendo para que nuestros jóvenes se suiciden, creo que es una pregunta muy dura, muy seria y muy compleja”.

Desde la pandemia las cifras de salud mental se han disparado; al ser el suicidio un fenómeno infradimensionado, dijo que en cuanto más mejoremos la manera de medirlo, lo normal es que las cifras sean más grandes y esto no es necesariamente que el fenómeno del suicidio crezca, sino que se tendrían cifras más apegadas a la realidad.

Señaló que el papel de las tecnologías, están teniendo un papel muy importante en estas estadísticas de suicidios, ya que explicó que estamos en un punto en donde la facilidad en como accedemos a las cosas, hace que no exista una planeación o esfuerzo y que los jóvenes caigan en comodidad y posteriormente depresión. 

“Hace algunos años se empezó a hablar y todavía hay algunas escuelas que plantean el uso de la digitalización de las nuevas tecnologías, se acabaron los libros vamos a trabajar solo con tecnologías, eso se ha demostrado que no es sano, hoy en día no es una cuestión opinable, sabemos que el uso excesivo de tecnologías afecta a nivel neuropsicológico, afecta a la atención, motivación, a la memoria”.

Los jóvenes de ahora han nacido digitales, haciendo una analogía, el especialista dijo que los móviles son los chupones actuales para los bebés, que sirven para distraer y que no perturben a los padres en su quehacer o descanso.

“Eso no es sano, de hecho, están empezando a plantearse legislaciones que limiten el uso de móviles, porque no es lo mismo un adulto que ya sabemos porque el cerebro es adaptable y cuando un adulto está muchas horas (en el móvil), cuesta leer porque requiere de una concentración y eso en los niños y jóvenes está afectan do”.

Dijo sentirse preocupado por la motivación a este sector social, “los móviles alteran el cerebro con una descarga de dopamina y están caracterizados por una respuesta inmediata o por una solución inmediata; tengo una duda, lo escribo y lo resuelvo, o los juegos que están hechos para que estes usándolos constantemente”.

Habló sobre los diseñadores de redes sociales o dedicados al marketing digital, están en una constante competición feroz por captar la atención de los espectadores y todo esto afecta al desarrollo del cerebro.

“Un joven que está acostumbrado a respuestas inmediatas, le cuesta mucho planificarse pensando en la vida real en donde hay que tomar decisiones, hay que organizarse, sacar la carrera; se desmotivan con una facilidad como si la vida no les interesara, porque la vida no genera la descarga de dopamina que generan las redes sociales”.

Además, dijo que vivimos en un mundo artificial, “el ser humano no está preparado, nuestra biología no está preparada para tanta tecnología, y al final somos tremendamente adaptables, pero podemos adaptarnos en lo positivo, pero también en lo negativo”.

La pregunta es ¿Qué clase de sociedad tenemos que estamos haciendo que nuestros jóvenes se suiciden?

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