Por costo de tonelada de la harina de maíz en 450 pesos; incrementos de hasta tres pesos por litro en gasolina, además de alzas en diésel y gas LP, y aumento en refacciones de maquinaria
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
La industria de la masa y la tortilla enfrenta uno de sus escenarios más críticos.
Tras el ajuste en el precio de la harina de maíz y el encarecimiento sostenido de energéticos, productores advierten que el precio del kilogramo de este alimento básico debería rondar los 30 pesos para ser rentable.
Desde este 15 de abril, el sector ha reportado una presión económica acumulada; el costo por tonelada de la harina de maíz se ubica actualmente en 450 pesos tras el último ajuste.
Además se registran incrementos de hasta tres pesos por litro en gasolina, además de alzas en diésel y gas LP.
Otro aspecto que se suma a la presión sobre la industria, es el papel grado alimenticio y las refacciones para maquinaria, que presentan aumentos periódicos.
En este contexto el Consejo Nacional de la Tortilla (CNT) estima que los costos de producción han acumulado un déficit cercano al 16 por ciento.
Jorge Luis Gómez Aguilar, consejero de la asociación “Somos Chiapas”, señaló que los industriales están superados por los costos de producción. A pesar del compromiso por contener los precios para no afectar el bolsillo familiar, la situación se ha vuelto insostenible.
“Para obtener una ganancia real y hacer frente a los gastos, la tortilla debería costar 30 pesos el kilo”, aseveró Gómez Aguilar.
En el estado, se estima que el ajuste inmediato a partir de esta quincena será de hasta dos pesos por kilo, aunque en otras zonas del país el incremento podría llegar hasta los cuatro pesos.
Es importante destacar que la industria de la masa y la tortilla opera bajo un esquema de precios liberados.
Esto significa que ni la Secretaría de Economía ni la Profeco rigen el costo final al consumidor, el cual varía según la región y los costos específicos de cada establecimiento.
Los productores coinciden en que el mantenimiento de la maquinaria y los constantes ajustes en el papel grado alimenticio han forzado a muchos negocios a actualizar sus tarifas para evitar el cierre definitivo, dejando atrás márgenes de ganancia mínimos que hoy ponen en riesgo la estabilidad del sector.










