Ainer González / Diario de Chiapas
La desigualdad social y la falta de oportunidades han generado que cada vez sean más niños, niñas y adolescentes los que abandonen la escuela para ponerse a trabajar.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Chiapas se posiciona como la tercera entidad con más niñas, niños y adolescentes que realizan algún tipo de trabajo, donde la cifra llega a 603 mil 900.
Del total de niñas, niños y adolescentes que trabajan en Chiapas, alrededor del 54 por ciento se encuentra entre los 15 y los 17 años, y el 36 por ciento en la edad de los 12 a los 14 años.
Este es el caso de Gustavo, un joven de 16 años de edad, proveniente del municipio de Chiapa de Corzo, quien se ha visto en la necesidad de trabajar en las calles de la capital chiapaneca para ayudar con los gastos familiares.
“—¿Te gusta trabajar? —No, no sé”.
Y aunque el deseo de Gustavo es seguir estudiando, la difícil situación económica en su familia —integrada por cinco personas— le impiden continuar sus estudios; su sueño es ser médico.
“Me salí de la secundaria. —¿Eres buen estudiante? —Sí —¿sí te gusta la escuela? —Sí me gusta —¿Te gustaría seguir estudiando? —sí ¿y por qué no sigues? —porque no hay dinero pues”.
En Chiapas, la cifra de menores laborando rebasan los 600 mil, aunque a nivel nacional son alrededor de 3 millones 300 mil niños, niñas y adolescentes que desempeñan alguna actividad productiva, de los cuales un millón 300 mil realizan labores domésticas en condiciones no adecuadas.
Además, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que 151 mil 6 millones de niños y niñas son víctimas del trabajo infantil, donde casi la mitad (72 mil 5 millones) ejercen alguna de las peores formas de trabajo infantil, como esclavitud, trata, trabajo forzoso o reclutamiento para conflictos armados.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo infantil es una violación de los derechos humanos fundamentales, donde se ha comprobado que entorpece el desarrollo de los niños, y que potencialmente les produce daños físicos y psicológicos para toda la vida.










