Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
Pese a que la tuberculosis mata cada año a más personas que la enfermedad de COVID-19, al ser silenciosa y actuar sobre todo entre la población vulnerable, no está visibilizada como un serio problema de salud pública.
De acuerdo con Giorgio Alberto Franyuti Kelly, director general de la organización Medical Impact, en Chiapas, durante algunas de las campañas de vacunación que han realizado, han encontrado poblaciones que no cuentan con ninguna vacuna contra la tuberculosis.
“Es una enfermedad de la extrema pobreza, si pensamos en terminar con ella no se trata de tener vacunados a la población urbana, sino de proteger a los habitantes de las comunidades de difícil acceso, aquellos que lo necesitan más”.
Sobre la vacunación, y en el caso específico de Chiapas, opinó que el reto es atender la distribución a los sitios difíciles haciendo posible la “cadena de frío”, lo que requiere de inversión y logística, para que las comunidades tengan vacunas de calidad.
“Hay grupos vulnerables que no tienen acceso a las vacunas, como los jornaleros o la población migrante, que debido a los movimientos que tienen es muy difícil que accedan a vacunas en armonía con los esquemas de salud del Estado”.
De hecho, comentó que el Estado mexicano, por sí solo, no podría garantizar la vacunación completa para todos los habitantes.
En el caso de Chiapas esto representa una oportunidad para la vacunación universal, ya que abre la puerta para sumar esfuerzos entre el gobierno y el sector social, creando brigadas y redes que sí puedan atender a los que menos oportunidades en salud tienen.










