Ante este panorama, se vuelve indispensable que padres y educadores supervisen el contenido consumido y recurran a la psicoterapia u orientación profesional especializada
Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
En la actualidad, la presencia de la tecnología en la vida diaria se ha vuelto omnipresente e ineludible, sin embargo, no es el uso de las herramientas digitales en sí lo que genera controversia, sino las consecuencias derivadas de su consumo desmedido y la falta de supervisión.
La psicoterapeuta infantil Norma Meléndez, advierte que la tecnología por sí sola no es dañina, pero el problema real radica en cuánto tiempo se le dedica, qué tipo de contenidos se consumen y con qué objetivo o finalidad se emplean los dispositivos de manera cotidiana.
La verdadera alerta surge cuando el uso de la pantalla comienza a interferir negativamente en los hábitos esenciales del ser humano, afectando de forma directa la calidad del sueño, los patrones de alimentación y el desarrollo de las actividades cotidianas.
Cuando estas dinámicas alteran las diferentes áreas de la vida de una persona, es momento de reconocer que se está enfrentando una afectación sustancial que requiere atención inmediata para evitar secuelas emocionales y sociales de mayor gravedad a largo plazo.
Entre las secuelas más preocupantes asociadas al abuso tecnológico se encuentran el incremento de la ansiedad, el estrés constante, la falta de regulación emocional y los episodios de depresión.
Asimismo, los especialistas destacan que una exposición desmedida a las redes sociales fomenta patrones de comparación constante, lo que deriva en una baja autoestima.
A este escenario se suma la falta de límites claros en el entorno familiar, lo que dificulta aún más que los usuarios establezcan una relación saludable y equilibrada con los entornos digitales.
Esta problemática resulta especialmente crítica en niños, niñas y adolescentes, quienes representan el grupo de mayor riesgo debido a que se encuentran en pleno desarrollo cognitivo, emocional y social, además de estar construyendo su propia identidad.
La constante exposición a modelos e imágenes irreales en el entorno virtual genera una distorsión de su realidad que impacta su bienestar psicológico.
Ante este panorama, se vuelve indispensable que padres y educadores supervisen el contenido consumido y recurran a la psicoterapia u orientación profesional.










