Vuelven los vivos al ‘reino de los muertos’

Después de todo son los vivos quienes procuran el regreso de los muertos. Los seducen con sus dulces y bebidas, les pintan el camino de flores, los quieren tener cerca en una algarabía que vuelve difusa la frontera del tiempo; entre el estar aquí y el nunca más.

Marco Alvarado/Diario de Chiapas
Vuelven los vivos al reino del silencio con su “normalidad” cada vez más recuperada, y en sus manos los manojos de memorias y de cempasúchil.

Unas100 mil personas regresarán a los panteones de Tuxtla después de la pandemia del Covid-19

Autoridades

Se asoman más confiados entre los resquicios del miedo que implantó la pandemia, y traen de vuelta sus tradiciones, su música y sus creencias.
A más de dos años del parón abrupto que deformó lo cotidiano y obligó a guardar las sonrisas detrás del cubrebocas, las autoridades prevén que miles, tal vez unas 100 mil personas, como en 2019, regresen a los panteones de Tuxtla para estar con sus muertos.
Vuelven a estas islas sin tiempo, porque volver es parte de un ritual milenario para aceptar y decir adiós, para dejar ir y trascender, y para poder continuar con el bullicio de las horas por venir.
Es más un “hacer algo” para mitigar a los vivos “y que el duelo pueda ser llevado con menos penas”, como lo explica el arqueólogo Alejandro Tovalín Ahumada.
Por eso la despedida es un ritual, y luego una festividad del desahogo, que hoy requieren tantos porque “en estos dos años muchos no pudimos decirles adiós a nuestros seres queridos ni acudir a los panteones por el temor a los contagios”, comentó.

Los días 1 y 2 de noviembre, con su sincretismo y adiciones, entretejen el espacio para que las familias se reúnan, ya sea en torno a una tumba o en el altar de su casa, y cumple su función ritualística de ayudarnos a transitar por la pérdida, un hecho que ha sido interpretado de tantas maneras por el ser humano desde hace unos 80 mil años, según los registros disponibles.
Sobre esto, Tovalín Ahumada explica que nuestra especie y otras con las que convivió, como el Neandertal, ya se enfrentaba ante el fin de la vida con ofrendas, que derivaron en rituales y dieron paso a una cultura, con sus particularidades en cada civilización y país, interpretando cada uno este momento ineludible que, como en el caso de México, derivó en una festividad colorida y muy importante en el calendario cultural.
Doña Regina camina en el Panteón Municipal rumbo a la tumba de sus padres, en donde espera colocar pronto la urna de su hermano Roberto, muerto durante la pandemia; cuenta que fue cremado y no pudieron pasar por las aduanas del luto y el pésame de los cercanos, de los conocidos, porque había miedo a contagiarse.
“Fue rápido y solitario, fue un no volver a verlo más muy distinto a como tenemos la costumbre, y aunque uno se resigna, creo que aquí, junto a mis padres, es donde mejor puede estar, para que vengamos a verlos”.
La mujer lleva consigo flores, instruye al albañil los cambios que quiere, mientras pide el teléfono celular a su hija para seleccionar la fotografía del nuevo inquilino en la cripta. Aquí estará una historia de la pandemia, una de las más de 300 mil, según cifras oficiales, que ocurrieron en México entre 2020 y 2022.
Aunque la pandemia obligó a más cremaciones que a entierros, esto en poco o nada afectará la celebración a los muertos, opinó Tovalín, ya que si algo ha demostrado es ser una festividad que se adapta a los tiempos “y si la población no la realiza en los panteones, sean huesos o cenizas, el pensamiento mágico guiará las celebraciones en memoria de los que se han ido”.
Después de todo son los vivos quienes procuran el regreso de los muertos. Los seducen con sus dulces y bebidas, les pintan el camino de flores, los quieren tener cerca en una algarabía que vuelve difusa la frontera del tiempo; entre el estar aquí y el nunca más.

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