“Por la Conciencia”
Dr. Roger Heli Diaz Guillén
- Reflexiones a los 500 años de la conquista de Chiapas.
Hablar de la civilización Maya no es simplemente evocar historias, murales y centros arqueológicos cubiertos por selva o contemplar estelas y jeroglíficos en un museo, sitio, fotografías o libros; es fundamentalmente reconocer una de las raíces culturales más profundas y vivas de la identidad mesoamericana. La historia de los mayas no terminó con el colapso del periodo clásico, ni con la conquista o mejor dicho invasión española; ni con el mestizaje y evangelización. Por el contrario, la civilización Maya se transformó a lo que hoy llamamos cultura maya que es el resultado fascinante de una amalgama de mundos, el prehispánico y el europeo, que han chocado, convivido y fusionado durante siglos, construyendo una realidad cultural única.
Tras la llegada y control de los españoles en territorio Mexica en 1521 y Chiapaneca en 1528; su presencia se tradujo en despojo de territorios y riquezas donde la cultura Maya y Chiapaneca no desaparecieron, se refugiaron en la cotidianidad, en la lengua, mestizaje y en la cosmovisión de sus comunidades por un buen vivir. Fue un proceso violentó e impositivo de aculturización, sí, pero también creativo de expresiones culturales que revolucionaron la identidad de los pueblos y comunidades. La fusión interlingüística entre el español y las lenguas mayenses y chiapaneca se observa por ejemplo en el español yucateco y chiapacorseño, que mezclan en lenguaje y apellidos en nombres propios palabras originarias en variantes dialectales en el español impuesto.
Esta alteración cultural se manifiesta con mayor énfasis en la cocina tradicional y/o cultura culinaria donde el legado de los pueblos originarios se hace más presente y autentico, como por ejemplo el maíz, la calabaza y el frijol que se fusionaron con especias de Europa y carne de puerco; dando lugar a la rica gastronomía chiapacorseña; sancristobalense y yucateca. Así mismo se expresa esta fusión en el sincretismo cultural y religioso, donde muchas expresiones y veneraciones indígenas o de origen ancestral ocurren en un marco religioso, como por ejemplo Chamula y Chiapa de Corzo, Chiapas con su fiesta grande y; pueblos de Yucatán.
En esta visión, los pueblos originarios del presente no adoran a Dioses europeos en su concepción de creación y veneración, sino que han vestido a sus deidades ancestrales con nuevos ropajes con el manto católico, demostrando una capacidad de resiliencia y adaptación cultural inigualable; tal es el hecho que no nos constituimos en colonias españolas. El colonialismo fue más destrucción y alteración cultural despojo, robo y saqueo.
Hoy más de seis millones de personas indígenas forman parte de la familia mayense en el sur de México, Guatemala, Belice y Honduras, de los que casi 1.5 millones (que representa el 25% en América latina)) son chiapanecos que mantienen viva sus lenguas, saberes y patrimonio culturales y bioculturales con su particular visión del mundo. Estas culturas vivas nos enseñan que la identidad no es estática, la civilización maya es una constante construcción cultural.
Ignorar la vigencia de la cultura maya sería un error, ya que no es solo un patrimonio arqueológico y saberes históricos dispersos, sino un componente activo del patrimonio cultural inmaterial de Chiapas, México y de la humanidad. Su sabiduría sobre la naturaleza, buen vivir Lekil Kuxlejal; bioagroecología ancestral; lengua; expresiones culturales y; el legado de saberes en medicina, matemáticas, agriculturas, astronomía. Lengua, escritura y pictografía; que han aportado a la humanidad como el cero en las matemáticas y; tienen mucho que aportar a la sociedad moderna.
La civilización maya del presente representa una de las fusiones culturales más ricas de nuestra historia que sustenta la pluriculturalidad de Chiapas; donde la historia nos dicta que no reinó o perpetuó la destrucción continuada sino una cultura más compleja y resistente, capaz de seguir construyendo identidad a través del dialogo entre culturas y mundos; donde el humanismo y la interculturalidad critica metodológica son las herramientas para aspirar a un dialogo horizontal continuado, a un orden y vida armónica comunitaria y; a una relación de respeto y sostenibilidad con la tierra, el agua y la naturaleza.










