Letras Desnudas
Mario Caballero
¿Apesta el dinero?
Hay un dicho del dominio público que reza “el dinero no tiene pasado”. Es verdad. El dinero es, ha sido y será la posesión del porvenir.
Para entender mejor la frase basta con darnos cuenta que las grandes fortunas, esas que se formaron a lo largo de los años e incluso por generaciones, no suelen confesar cuándo se crearon, de dónde vienen, ni cuál es su verdadero origen. Es decir, no tienen pasado.
Las riquezas son algo parecidas a los gatos, que se limpian a sí mismos lamiéndose. Algo así reflexionaba hace más de dos mil años un emperador romano muy poco conocido entre el vulgo, pero que fue muy bien identificado por su enorme, y me atrevería a decir que casi enfermizo, amor al dinero.
Cuentan que Vespasiano acumuló tanto dinero que ni él mismo sabía cuánto tenía.
Su nombre completo era Tito Flavio Vespasiano. Fue un político y militar romano que ascendió al trono del Imperio el mes de julio del año 69 y gobernó bajo el nombre de Emperador César Vespasiano Augusto. Es el fundador de la dinastía Flavia, que mantuvo el control del viejo Imperio romano hasta el año 96.
Pero no, no crea que Vespasiano mantuvo el poder de Roma por sí solo durante esos 27 años, sobre todo cuando los emperadores no vivían por mucho tiempo luego de ascender al trono, o morían a corta edad, o los asesinaban o se quitaban la vida. Como el emperador Otón, por ejemplo, que sólo reinó por 91 días. Se suicidó tras perder la Primera Batalla de Bedriacum.
Vespasiano gobernó por nueve años, once meses y 22 días. Falleció por causas naturales. Sin embargo, su dinastía, integrada por sus hijos Tito y Domiciano, alargó el dominio por otros 18 años más. Y entre los tres hicieron grandes conquistas y obras públicas. Como la conquista romana de Britania y la construcción del gran Coliseo, que en nuestros días es reconocido como una de las siete nuevas maravillas del mundo moderno.
Pero tras los pocos años del Imperio de Vespasiano hay enormes lecciones de vida que, tras las obvias variaciones contextuales y de tiempo, se parecen mucho a las vidas de muchos de nuestros políticos y gobernantes. Especialmente, cuando nos referimos al aspecto de su ambición por el dinero y las formas en que se han hecho de sus fortunas.
Este emperador descendía de una familia que había alcanzado el rango senatorial, es decir, tenía cierta posición social y económica, lo cual le valió para que en el año 51 fuera nombrado cónsul. No obstante, su renombre proviene como comandante militar, destacando en la invasión romana de Britania, al mando de la Legión II Augusta.
Comandó las fuerzas romanas que hicieron frente a la primera guerra judeo-romana. Y en el momento en que se disponía a sitiar Jerusalén, considerada entonces capital rebelde, fue que su situación política sufrió un impulso ante el Imperio. En esa fecha Nerón se suicidó, lo que devino en un año de guerras civiles conocidas como el Año de los Cuatro Emperadores, tiempo en el que ascendieron al trono y fallecieron Galba, Otón y Vitelio, y al ser asesinado este último los ejércitos de Egipto y Judea proclamaron emperador a Vespasiano.
Me disculpo si he llegado a extenderme un poco en la historia de este personaje, pero es importante conocerla para comprender bien a bien el objetivo de este artículo. Pues Vespasiano ejemplifica a aquellos políticos que alcanzaron altos puestos en el poder por las ventajas de venir de una familia acomodada e influyente, y que con un poco de esfuerzo y arrojo llegaron a convertirse en hombres y mujeres con mucha capacidad de decisión y perversos.
Luego de asumir el gobierno, Vespasiano promovió un beneficioso programa de reformas financieras, tan necesario tras la caída de sus antecesores y que hasta permitió la construcción de obras, como la del Coliseo que nombramos anteriormente.
Lo que más me interesa destacar es el uso, o mejor dicho el abuso, que Vespasiano hizo del poder para enriquecerse.
Cuenta la historia que vendía las magistraturas a los candidatos y las absoluciones a los que eran acusados de cometer delitos, sin importar lo graves que éstos fueran.
Se dice también que se hacía rodear no de gente capaz, de gran aptitud y alta autoridad moral. No. Nombraba como sus colaboradores y funcionarios a los políticos más corruptos y rapaces. Les daba el cargo con la exclusiva intención de condenarlos después que se enriquecían y se quedaba con sus riquezas mal habidas.
En cierta ocasión, sus concejales acudieron ante él para darle el anuncio de que en su ciudad natal, esto es, Falacrinae, Italia, iban a dedicarle una estatua de mucho valor. Sus siervos querían quedar bien con él, obvio. Esperando recibir a cambio el agradecimiento del Emperador y, por qué no, también sus favores.
Pero qué chasco se llevaron. Vespasiano estiró su brazo y les señaló a todos la palma de su mano, y les dijo: “que la coloquen aquí; preparado está el pedestal”.
Creo que eso es suficiente para saber qué tan avaro y ambicioso era el emperador, cuya mezquindad lo hacía capaz de renunciar a ser honrado a través de una imagen suya de cuerpo entero con tal de embolsarse el precio de esa honra.
No es la única anécdota que se le conoce. Hay otra, quizá más famosa, que se refiere a un impuesto que impuso sobre la orina. Recordemos que en la Antigua Roma la orina era recogida de las letrinas públicas. Ésta era muy codiciada por los curtidores de pieles, que la utilizaban para tratar el cuero. Lo lavanderos también la empleaban como producto de limpieza debido a su contenido en amoniaco.
Un día, Tito, su hijo mayor, lo recriminó por sacar dinero de las letrinas, hablando en sentido figurado. El emperador, encolerizado por el reproche de su hijo, lo jaló por el cuello y le colocó bajo la nariz una moneda de oro cobrado por aquel impuesto y le preguntó si olía mal. Tito, llorando y con miedo, le contestó que no.
Tal vez eso sea tomado como una demostración de cinismo, que lo es, pero aquí hay que ver que Vespasiano sabía que, aunque ese dinero veía de las letrinas y de los desechos del hombre, el dinero nunca apesta.
EL QUID
Traigo esta historia a colación por los señalamientos de tráfico de influencias, nepotismo, corrupción y soborno que pesan sobre las dos magistradas y el magistrado del Tribunal Electoral del Estado de Chiapas, quienes se valieron de sus posiciones privilegiadas y de sus nexos con personas de poder para lograr sus nombramientos.
En los últimos días han venido siendo acusados de pedir dinero a cambio de resolver las impugnaciones a favor de sus contratantes. De la misma manera como Vespasiano vendía las magistraturas a los que pudieran pagar para recibir el nombramiento.
Durante el presente proceso electoral ha sido cuestionada la honorabilidad, honestidad y la transparencia de sus actuaciones. Sobre todo, en casos como el de Tuxtla Gutiérrez, San Fernando y San Cristóbal de las Casas, por mencionar algo, en los que la conducta de los tres magistrados entraña complicidad, favores, presiones y resoluciones que demuestran ser tomadas con parcialidad.
¿Será que los magistrados Celia Sofía Ruiz Olvera, Gilberto Bátiz García y Angélica Ballinas Alfaro, saben igual que Vespasiano que el dinero no huele mal así provenga de la putrefacción, el delito y los abusos de autoridad?
@_MarioCaballero









