Así no, señor secretario.
Mtro. Esdras Cruz y Cruz
El pronunciamiento recién hecho por el nuevo secretario de Hacienda y Crédito Público, Rogelio Ramírez de la O, permite conocer los fundamentos económicos en que se basará el trabajo de este funcionario y su estrategia para enfrentar la crisis económica que hoy padecemos: un plan financiero multianual vigente hasta el año 2024 y por el otro lado, el especial interés que le pondrá a las cuentas del sector energético. La lógica de la multi anualidad del gasto, es la organización por varios años en este caso del presupuesto de los ejercicios del 2022 al 2024 buscando con esto, generar estabilidad y certeza en los mercados al conocerse a través de estos el monto que se destinará, los proyectos de infraestructura principales y con que serán cubiertas o financiadas dichas obras y evidentemente la distribución del gasto público en los diversos sectores de la economía.
Pudiera decir que con este plan el secretario busca recuperar y fomentar la confianza perdida del mercado, léase, inversionistas carentes de certeza jurídica para inyectar capital en México, es decir, hoy en día nadie en la iniciativa privada le quiere entrar a los negocios y proyectos públicos derivado de los ataques, entendiéndose por este a las cancelaciones de grandes obras ya contratadas y licitadas y aún así, revocadas, rescindidas generándose irritación y demandas jurídicas al gobierno de la República mexicana. Y lo que es peor, desaliento para poner en riesgos sus inversiones.
El otro tema estratégico que ha anunciado Rogelio Ramírez de la O es la atención a las cuentas del sector energético; PEMEX representa una carga de 15 mil millones de dólares para las finanzas públicas del país, debido a esto es una carga recurrente a las finanzas, es decir, los ingresos fiscales que ya no dan para más presionan a la Hacienda Pública, la cual requiere ingresos adicionales de entre c1 y 2 puntos del PIB. Por lo que sin duda diseñar una solución de largo plazo para atender los problemas de esta quebrada empresa petrolera llevará a destinarles recursos adicionales para capitalizarla, lo cual en estos momentos de escasez de recursos y una caída de sus ventas, así como también la merma a casi 0 de los recursos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) y los ingresos fiscales que no se esperan alcancen ni siquiera el nivel previo a la pandemia, ya que se tiene previsto que su recuperación será gradual durante el ejercicio del 2021 al 2024.
En forma muy sucinta la política financiera multianual tuvo su origen en el siglo pasado, para ser más objetivo en los años 80, aún cuando la inestabilidad económica venía desarrollándose por la devaluación y la inflación los cuales no tuvieron éxito, requeriría mayor espacio para explicarles a detalle esa razón y ponerlas en marcha ahora sin duda suena como música a los oídos ya que podremos estar escuchando que durante el resto del sexenio tendrá rumbo el ejercicio del gasto, sin embargo no hay cuentas alegres sin un pero, y este tipo de gasto multietápico para su éxito deberá contar con 3 condiciones: estabilidad, crecimiento y desarrollo de la economía. Escenarios que hoy en día son inciertos.
Las señales negativas de los principales mercados bursátiles en el mundo, las materias primas, entre ellos, el petróleo, la reducción en cerca de 460 mil millones de pesos de los bonos gubernamentales que los inversionistas extranjeros han retirado por considerar de alto riesgo el mantener sus recursos en valores del gobierno de México, así como también entre otras cosas el mercado laboral productivo no recupera el nivel que se registraba hasta antes de marzo del 2020 y bueno, seguir comprometiendo los recursos fiscales para ampliar los programas sociales específicamente el de las pensiones para los adultos mayores y vaya el mantener el impulso con la construcción de los proyectos: la refinería de dos bocas, el tren maya y el aeropuerto de Santa Lucía, evidentemente recursos que sin duda han ido sacrificando otras áreas clave de la economía mexicana, como lo es el de la salud, educación y el de la inversión a programas productivos en nuestro país, que generen una más rápida recuperación económica.
Según la historia del paso de los secretarios de Hacienda y Crédito Público en nuestro país desde La Madrid a la fecha los encargados de la Hacienda Pública han pasado desde la mayor devaluación de la historia y mora del pago de la deuda aún con todas las estrellas y condecoraciones que en ese entonces ostentaron Jesús Silvaherzog y Gustavo Petriccoli, más adelante, con otro brillante secretario al frente: Pedro Aspe, de esos personajes de la fantasía y utopía inventada resultó otro fraude y un gran simulador que seguramente pocos saben que en el afán de colocar a un México en el concierto de la globalización económica, hizo un quebradero de los ahorradores y más adelante la quiebra del sistema bancario mexicano.
El paso del secretario Jaime Serra Puche conocido como, el error de diciembre, generó en su corto paso la mayor devaluación que el peso mexicano haya tenido frente al dólar, posteriormente, y con el objeto de atajar la gravedad financiera heredada por su antecesor nombran a Guillermo Ortiz Martínez, quien al ver el tamaño del colapso financiero presente y futuro de los mexicanos, no sé si para bien o para mal de los mexicanos propone y es aprobado el rescate a todos los bancos que entraron en quiebra por el error de diciembre, error que hoy en día todos los mexicanos seguimos contribuyendo en ese gran sisma económico de los bancos, el llamado y muy cuestionado Fobaproa.
Para aquellos seguidores de Francisco Gil Díaz el cual asume la responsabilidad de la secretaría y que incluso se le conocía como “el fiscal de hierro”, en realidad, en relación con sus antecesores tuvo una tranquila gestión sin sobresaltos y con las menores sacudidas de las economías mundiales y particularmente la estadounidense, así que, en mi opinión, pudo haber hecho más y quizás era el mejor momento para establecer la gran reforma fiscal integral que México necesitaba y que sin embargo, no permitió aún cuando tuvo la oportunidad como consta en los planteamientos, propuestas y acciones que todos los estados, municipios senado y diputados del país consensaron y plasmaron en la primera convención nacional hacendaria.
Continúo Agustín Carstens el que también en realidad no tuvo grandes desafíos económicos a excepción de la famosa crisis subprime no tuvo un paso espectacular y mucho menos una aportación en el fortalecimiento de las finanzas públicas, su éxito indirectamente pudiéramos decir, es que dicha crisis fue generada en Estados Unidos y controlada por los bancos centrales de ese país, del insignificante Ernesto Cordero no tiene sentido alguno hacer ninguna mención ya que su paso por ahí, fue totalmente de carácter político.
En la época más reciente los secretarios de Peña Nieto fueron Luis Videgaray, José Antonio Meade y José Antonio González Anaya hoy en día con una cuestionable y critica opinión respecto de su trayectoria en dicho periodo, se le recuerda más por la vituperada Reforma Energética y Petrolera, la corrupción como sinónimo del desempeño en las finanzas públicas, de los constantes y casi diarios incrementos en el precio de la gasolina, mejor conocidos como “gasolinazos” y bueno, sin mayor trascendencia en el crecimiento, bienestar y desarrollo de la economía de México.
Entrando en el periodo del actual gobierno, han pasado ya 3 secretarios de Hacienda: Carlos Urzúa, quien le renuncia al presidente, entrando al quite Arturo Herrera y manteniéndose hasta el 15 de julio del presente año como titular de la Secretaría, asumiendo recientemente el cargo Rogelio Ramírez de la O, por los recientes nombramientos de estos tres personajes no ahondaré mucho en su desempeño ya que es bien sabido que hay un balance gris tirándole a negro, que aún cuando el peso se mantiene en la banda aceptable, la deuda pública en proporción al PIB ahí la lleva y algunas participaciones que evidentemente no son meritorias que van con la investidura de la responsabilidad ha participado en acuerdos sobresalientes de las finanzas, particularmente el tema del impuesto mínimo global.
Ahora bien, a que va toda esta larga historia de los titulares de la Hacienda Pública Nacional, todos sin excepción son producto de la teoría política económica que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado que apoya la libertad económica y el libre mercado, cuyas características principales es el libre comercio, la reducción del gasto público, la reducción de impuestos a las personas más ricas con el fin de impulsar una economía de la oferta, con un banco central regulador de la moneda autónomo, es decir, políticas e instituciones más preocupadas de proponer el mecanismo de mercado y que son más cordiales con los negocios y el capital.
En ese sentido el actual secretario proviene y está formado de acuerdo con su currículum en el llamado liberalismo económico; es un hombre pro-mercado, capitalismo financiero, el monetarismo del libre comercio.
Por lo que espero, el mismo rumbo que es la reducción del Estado de bienestar, asociándose a los resultados económicos y sociales y negativos que hoy tienen a nuestro país en la lona. Por eso, el tercer secretario de este gobierno tendrá el gran desafío de darle la vuelta al paradigma de construir un país con mayor mercado menos gobierno y más participación ciudadana, flexibilizando las medidas de libertad económica y del mercado laboral y a diferencia de la gran mayoría de los países capitalistas generar un sistema fiscal que la mayoría de los impuestos no recaigan en las empresas y seguir grabando a las empresas que evidentemente ninguna en el mundo rechazan cargas tributarias, cancelando sus programas de expansión y mayor derrama económica en los países con fuertes costos fiscales, para tal efecto, así como también, generar un estado que logre a través de un sentimiento asistencialista a un sentimiento patrimonialista, logrando un estado que dé la nivelación social y la innovación, creación y crecimiento de miles y miles de PyMEs, direccionando y promoviendo un sistema de financiamiento para generar riqueza a través de la gestión de proyectos entre el sector público y privado, no más recetas; luego entonces, no basta si queremos detonar la economía mexicana en malgastar los escasos recursos fiscales y comprometer los recursos de la banca de desarrollo que al final de cuentas no son regalados sino que igual que la banca comercial sus fondeos tienen intereses financieros que son y serán a costa de la recaudación presente y futura.
Por lo que me atrevo a decirle: así no, secretario.









