Azota otra pandemia a Canadá: La soledad (I)

Jesús Martínez Soriano

 

Azota otra pandemia a Canadá: La soledad (I)

Toronto, Canadá. Es la madrugada del viernes 5 de noviembre de 2021; salgo apresurado de mi domicilio, ubicado en la avenida South Edgely, en el vecindario de Scarborough, en el extremo este de la Ciudad, que corresponde a la casa de Betty Wu-Lawrence, una señora de 78 años de edad, quien vive sola desde hace más de una década. Es una mañana fría y con vientos moderados, en la que la temperatura registra 2 grados Celsius, propia de la temporada de otoño. En punto de las 5:55 a.m. abordo un autobús urbano con dirección a la estación del metro Main Street; en el trayecto, casi todo sobre la avenida Danforth, observo el exterior, aún está oscuro pero el paisaje luce muy alegre con la iluminación navideña multicolor que ha sido colocada en dicha arteria, haciendo sentir ya con gran intensidad la proximidad de la Navidad. Posteriormente, me traslado en el metro hasta un edificio de condominios, en donde laboro, en la intersección de las calles Sherbourne y Selby, en el centro de la Ciudad.

Ahí, en el break room, me encuentro con Ayende, un hombre de tez negra de alrededor de 50 años de edad, originario de Trinidad y Tobago, pero con más de media vida residiendo en Canadá, quien labora como conserje y quien casi siempre mantiene un buen humor en el inicio del día; en son de broma me reclama no haberlo saludado en el Tim Hortons, la cafetería en donde, previo a nuestro arribo al edificio, ambos acudimos para comprar un vaso de café, sin que yo hubiera reparado en su presencia estando dentro del establecimiento. Una vez iniciada la jornada y como parte de mis actividades rutinarias, realizo un recorrido por el exterior del inmueble para verificar que todo se encuentre en completa normalidad; en la entrada principal veo a una de las residentes, la Sra. Clarke, una mujer blanca y cabellera rubia, de origen irlandés, de unos 40 años de edad, quien todos los días y casi a la misma hora, 8:30, suele salir por un vaso de café a un Tim Hortons cercano, únicamente en compañía de su mascota. La bella mujer me saluda muy cordialmente, como es su costumbre, al tiempo que se ofrece a invitarme un café, gesto que agradezco pero que no acepto.

 

Son mayoría los canadienses que se sienten solos e insatisfechos con sus vidas

Es aún el inicio de este gélido día, en el que he interactuado ya con varias personas, pero destaco mi encuentro con las tres en mención, debido a que éstas tienen un rasgo en común: Las tres están solas, viven solas y/o se sienten solas. Por supuesto que no son únicamente ellas quienes se encuentran en esa condición, aunque sí de las que conozco algunos aspectos de sus vidas, las que tengo en mi entorno muy cercano y con las que interactúo de manera cotidiana. Laboro en un edificio de 52 pisos, que cuenta con más de 500 departamento y en donde habitan unas 700 personas de todas las edades, en su mayoría viviendo solas, algunas con una mascota, lo que parece ser una de las características de nuestro tiempo. Este fenómeno que conozco de manera empírica me genera varias inquietudes, como, por ejemplo: ¿Qué tan grave es el problema de la soledad? ¿Quiénes son lo que más la experimenta? ¿Cuáles son sus efectos? Para tratar de despejar este y otros cuestionamientos, me remito a la investigación y me encuentro con varios datos sorprendentes que hacen darme cuenta que el problema es más grave de lo que imaginé.

De acuerdo con un estudio realizado por GenWell Proyect y la Universidad de Victoria ubicada en la provincia de British Columbia, hoy en día “60% de los canadienses dicen sentirse solos durante varios días de la semana”, en tanto que 46% de ellos manifiestan experimentar el mismo sentimiento “de manera permanente”. El fenómeno no es nuevo, pero el número de personas que se encuentran en esta situación ha crecido de manera significativa como consecuencia del confinamiento propiciado por la pandemia, según algunos expertos, como el Dr. Kiffer Card, epidemiólogo en comportamiento social de la escuela de Salud Pública y Política Social de la Universidad en mención. Lo anterior ha generado, otras cosas, “sentimientos de ansiedad y agotamiento” en la gente, en palabras de Card, llevando a una muy alta proporción de ella, 82%, a sentirse insatisfecha con sus vidas”, un problema que puede tener consecuencias destructivas en muchos de quienes lo enfrentan. (Véase 6 in 10 Canadians feeling lonely in pandemic, by Jim Wilson, en The Canadian HR Newswire, july 26, 2021).

 

Jóvenes y adultos mayores, los sectores de población más afectados

Como señalábamos anteriormente, el estudio revela que el porcentaje de población que confiesa sentirse sola cotidianamente en todas las generaciones, es de 46%, pero ese dato es mayor, 66%, en la denominada Generación Z, en decir, en los individuos nacidos entre mediados de la década de los 90 y mediados del 2000, cuya edad actualmente oscila entre los 16 y 26 años de edad; le sigue el grupo nacido entre 1925 y 1945, quienes actualmente cuentan con entre 75 y 95 años de edad, de los que 56% manifiestan sentirse solos. Al revisar estos datos irremediablemente pienso en las personas a las que he hecho referencia con antelación, entre quienes, desde mi punto de vista, Betty Wu-Lawrence, de 78 años de edad, ha enfrentado el sentimiento de soledad con mayor crudeza en la etapa del confinamiento, no solo por su avanzada edad, sino por su situación particular.

La Sra. Lawrence nació en Taiwán, aunque de muy joven se vino a radicar a Canadá, en donde contrajo matrimonio con un canadiense anglosajón, con quien procreó dos hijos; se divorció a los 55 años de edad y algunos años después sus hijos dejaron su hogar para vivir de manera independiente y quienes nunca acuden a visitar a su madre, como quien esto escribe lo ha atestiguado. Betty, enfermera de profesión y quien lleva ya varios años trabajando en el área de Promoción de Salud Sexual en la alcaldía de Toronto, inició la etapa de confinamiento cuando empezaba a propagarse la pandemia, en abril de 2020, debido a un brote de infección detectado en su área de trabajo. Posteriormente, problemas de carácter laboral la han obligado a permanecer ausente de su centro de trabajo y a quedarse en casa por un periodo bastante prolongado, hasta el día de hoy.

 

¿Cómo los canadienses enfrentan y contrarrestan el sentimiento de soledad?

En la época de la post pandemia “resulta imperativo mantener y desarrollar sólidas relaciones sociales”, lo cual, al mismo tiempo, constituye un anhelo de la mayoría de la gente, como lo señala el estudio de la Universidad Victoria. De acuerdo con un sondeo realizado por esa casa de estudios entre cerca de 4 mil canadienses, 90% de ellos “desearía convivir al menos una hora diaria con sus familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo”. Pero lo anterior no siempre resulta fácil de llevar a cabo. A este respecto vale la pena hacer mención de la situación de los tres casos referido anteriormente, de los que en lo personal tengo una cierta aproximación debido a que se ubican en mi entorno cercano.

La situación de la Sra. Betty Wu-Lawrence es, quizá, el más revelador y el que mejor conozco, cuya vida transcurre, desde hace casi dos años, encerrada en casa prácticamente las 24 horas, solo viendo televisión, cocinando, saliendo de compras y, ocasionalmente, hablando por teléfono o por videollamadas con su hija e hijo, pues ambos le han limitado las visitas a sus respetivos hogares, lo cual le deprime y entristece, como ella misma lo ha manifestado, pero cuya razón desconozco. Después de su divorcio, Betty empezó a enfrentar y lidiar con el sentimiento de soledad, mismo que se hizo más profundo cuando sus hijos decidieron independizarse, sin que, al mismo tiempo, pudiera reestablecer una vida de pareja. Tampoco parece tener muchos amigos o amigas, lo que ha hecho más difícil su existencia, aunque pareció haber encontrado un escaparate para contrarrestar su situación de aislamiento, en la interacción con estudiantes o visitantes extranjeros, a quienes acostumbra rentar alguna de las cuatro habitaciones de que su casa dispone; no obstante, desde el inicio de la pandemia, se ha reducido el flujo de visitantes a este país, lo cual ha limitado esa interacción. Los casos de Ayende, uno de los conserjes del edificio, y de la Sra. Clarke, una residente, son igualmente interesantes, pero de los cuales nos ocuparemos en una próxima entrega debido a razones de espacio.

 

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