Biopolitica, Gratificación Y Muerte En La Serie Los Juegos Del Calamar

Biopolitica, Gratificación Y Muerte En La Serie Los Juegos Del Calamar

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

Durante siglos diversos filósofos han escrito sobre materia y espíritu; en este sentido, el cuerpo ha sido visto como la morada temporal de lo inmaterial desde donde el ser crea y manifiesta una conciencia sobre sí mismo en su relación con el mundo. Sin embargo, los sistemas socioeconómicos y políticos occidentales se han valido de ideologías y consideraciones ético-morales, para disciplinar, castigar y administrar al cuerpo e imponer mentalidades acerca de la vida y la muerte.

Como parte de la condición humana, el cuerpo en su relación con la vida y la muerte aparece en infinidad de producciones cinematográficas y televisivas que, en el caso de las que hacen apología de las violencias o escenarios distópicos, provocan un relativismo que se refleja en la identificación de ciertos sectores sociales con temas sensibles como el narcotráfico. Mi objetivo es comprender cómo se entrelazan la biopolítica, la gratificación y la muerte en la serie surcoreana Los juegos del calamar, considerada un fenómeno mediático de alcance mundial.

Aparentemente, esta serie de Netflix encuadra microhistorias de sobrevivencia ligadas al afán de superación económica, pero detrás del telón hay pautas biopolíticas que muestran la infravaloración de la existencia, la administración de los cuerpos en su relación con cada una de las pruebas que los participantes de este juego tienen que superar para no ser sacrificados y la legitimación de un sistema que a través de la gratificación económica saca lo peor de la condición humana.

La administración de los cuerpos de los competidores expresa con claridad el sentido de las tecnologías de la disciplina señaladas desde el siglo pasado por el filósofo francés Michel Foucault; la serie expresa el desdén del neoliberalismo hacia la sacralidad de los cuerpos y expone la infinidad de modos no solamente para controlarlos, sino de aniquilarlos con frialdad: los cuerpos perdieron su valor y son desechables como si fuesen mercancías.

De igual forma, los competidores perdieron sus derechos humanos y su personalidad jurídica, sus cuerpos ya no les pertenecen, son parte de un juego siniestro en el que el dinero es el fin. La trama caracteriza cómo en la economía surcoreana como reflejo de lo que ocurre en otros países en vías de desarrollo, los menos favorecidos no son dueños de sus destinos porque han sido reducidos a entes alienados que viven deseando dinero para satisfacer sus deseos.

La serie coincide con el papel del deseo planteado por Gilles Deleuze y Félix Guattari, en su obra El antiedipo; el deseo es aprovechado por el sistema para estimular el consumismo y la búsqueda de maneras fáciles de enriquecerse; por cada deseo hay infinidad de productos para satisfacerlo. Estos filósofos definieron al deseo como un sistema de producción; desear no solamente implica la construcción del deseo específico, sino integrar desde lo que ofrece el sistema todos los elementos que lo complementan. Para motivar a los contendientes a exponer sus vidas, el incuantificable premio, como objeto del deseo, está en lo alto de un auditorio y corona la estructura panóptica del inmueble;

El capital no solo controla a los sistemas de producción, también lo hace con la vida en su conjunto a través de los deseos y las motivaciones más oscuras; el ser humano ha perdido la conciencia de sí mismo y solo responde a los estímulos que el mercado le envía. La serie muestra a la biopolítica como una instancia totalizadora del poder que no solamente abarca las esferas políticas y económicas, también lo hace con los aspectos más sagrados del ser humano. Como respuesta a la dominación, la gran mayoría de los contendientes no solamente desea el dinero para pagar sus deudas o poner negocios, también anhelan su cuota de poder.

El juego del calamar no es solo una caracterización de la pobreza extrema o a la explotación laboral en Corea del Sur, que puede darse también en cualquier lugar del mundo; es una crítica a la estructura capitalista global que sigue concentrando la riqueza en pocos empresarios, algo que se conoce como tecnofeudalismo; por ello es importante reflexionar sobre los modos contemporáneos de explotación y de precarización.

Esta serie revela la cara más cruda del sistema capitalista donde la desigualdad estructural y la alienación siguen vigentes; quien no gana es desechado y los que avanzan buscan a su vez formas de perjudicar a los demás, algo así como la competencia desigual entre las empresas de alcance mundial y los negocios familiares. Los contendientes se juegan la vida voluntariamente en cada reto por una oportunidad económica que el sistema no les ha dado; el capitalismo es muerte y como dijo -o predijo- el compositor guanajuatense José Alfredo Jiménez, la vida no vale nada.

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