El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
Esta entrega parte de la premisa de que no vivimos en una sociedad digital. Esto pareciera ser una afirmación temeraria dadas las condiciones hegemónicas de la globalización y el neoliberalismo a través de las industrias del entretenimiento, la administración del tiempo libre, la hegemonía de las redes sociodigitales, la educación on line, entre otros aspectos que parecieran dar cuenta de un sentido de bienestar para la humanidad.
Mi postura es que no somos una sociedad digital, sino una sociedad que ha sido digitalizada; no hemos elegido tal condición y, tomando en consideración a Heidegger en cuanto “al ser que es arrojado al mundo”, es menester señalar que somos seres arrojados al mundo digital, donde la gran mayoría hemos tenido que adaptarnos, en la suma de nuestras posibilidades, a los cambios tecnológicos y aprender a utilizar todo tipo de dispositivos que forman parte de la vida cotidiana.
El ser en su condición digital subalterna ha tenido que integrarse y adaptarse a ese mundo, inclusive desde la más temprana edad, normalizando dicha dependencia y sus consecuencias adversas; los teléfonos inteligentes y las redes sociodigitales impusieron nuevas condiciones no solamente para visibilizarnos dentro del sistema, también sirven para ver al mundo bajo ciertos prismas y, en este tenor, la subjetividad está ligada a los contenidos provenientes de las industrias de la información o del entretenimiento que ahí circulan.
Aparentemente, las redes sociodigitales han evolucionado la comunicación humana al instituirse como plataformas de interacción inmediata sin barreras; sin embargo, es importante analizar si su uso permanente puede redefinir nuestras interacciones y experiencias, así como la construcción de nuestra subjetividad. Los aportes de Michel Foucault y Byung-Chul Han ayudan a analizar cómo estas redes, bajo la apariencia de herramientas de conexión global, se han convertido en mecanismos de vigilancia, autovigilancia y alienación digital.
Foucault ya no fue testigo de la hegemonía de las redes sociodigitales, pero sus análisis de la vigilancia, la subjetivación y el biopoder dieron bases para comprender cómo la hiperconectividad afecta actualmente a la privacidad y las autonomías individuales. En el mundo digital, las interacciones no se limitan a la observación de terceros, se extienden a la autocensura y a la construcción de una imagen personal idealizada fruto de un consumismo exacerbado.
Los aportes de Foucault sirven para comprender nuestra formación como sujetos dentro de un sistema de poder y para profundizar cómo nuestra subjetividad está siendo moldeada por la omnipresencia de las redes sociodigitales; en ese mundo los usuarios se ven en la necesidad de crear y compartir contenidos que se ajusten a las normas sociales y, sobre todo, a las tendencias sistémicas. Esa validación se visibiliza con los “me gusta” y los comentarios positivos; la necesidad de aprobación no solo moldea la autoimagen de los individuos, también promueve un conformismo generalizado.
Byung-Chul Han también expresa una postura crítica frente a la manipulación de la subjetividad en esta era digital; el surcoreano considera que el pensamiento crítico está perdiendo fuerza, debido a la sobreexposición de los usuarios a contenidos que van y vienen a una velocidad vertiginosa: no hay tiempo para analizarlos a fondo.
Este filósofo sostiene que las personas están inmersas en una competencia para atraer la atención y la aceptación de los demás; en esa trama digitalizada la vida se convierte en un espectáculo diseñado para idealizar la visibilidad del sí mismo. Las redes sociodigitales son plataformas de exhibición, vigilancia, autovigilancia y consumismo, que son características de la alienación en su condición digital.
Lo que garantiza esta alienación es la hipercomunicación; y el sistema la aprovecha para imponer ideas políticas, ideológicas, supremacistas, xenofóbicas, aporofóbicas, clasistas, pigmentocráticas, homofóbicas, entre otras que muestran un mundo que perdió el rumbo. En este panóptico digital el sujeto cree ser libre, pero en realidad reproduce contenidos que corresponden a asuntos psico o biopolíticos que están fuera de su alcance.
Han extendió el concepto de biopolítica a la era digital, y argumenta que las nuevas formas de poder operan no solo a través del control físico, sino también mediante la manipulación de deseos y emociones, aspecto que fue bien expuesto por Gilles Deleuze y Felix Guattari en El Antiedipo en los años setenta del siglo pasado. Para el surcoreano “el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad”.
Es importante reflexionar si las redes sociodigitales son herramientas de conexión global o mecanismos de alienación digital; buscar respuestas implica un desafío complejo, sobre todo para quienes hacen de la comunicación su campo y objeto de estudio. Es vital fortalecer una mirada crítica sobre cómo el uso de estas redes influye en nuestra vida cotidiana para no cegarnos ante los daños que hacen la vigilancia, la superficialidad y, principalmente, la alienación.










