De Ormuz al surco sinaloense: la guerra en irán dispara el costo de los fertilizantes

De Ormuz al surco sinaloense: la guerra en irán dispara el costo de los fertilizantes

Carlos Bojórquez Robles

  • Para regiones altamente productivas como Sinaloa, donde el modelo agrícola depende de altos rendimientos y uso intensivo de insumos, esta tendencia representa uno de los principales riesgos económicos en el corto y mediano plazo.

El aumento abrupto en los precios internacionales del petróleo, provocado por la escalada bélica entre Irán, Estados Unidos e Israel, comienza a trasladarse rápidamente a uno de los insumos más críticos para la agricultura: los fertilizantes.

El encarecimiento energético ya se refleja en los mercados globales de nutrientes agrícolas y amenaza con presionar los costos de producción en México y particularmente en Sinaloa, el principal estado agrícola del país.

El conflicto ha impactado directamente una de las arterias logísticas más importantes del comercio energético mundial: el Estrecho de Ormuz. Por esta ruta marítima transita alrededor del 20% del petróleo global, cerca del 20% del gas natural licuado y hasta el 30% del comercio internacional de fertilizantes, incluidos productos clave como urea, amoniaco y fosfatos.

La reacción de los mercados ha sido inmediata. El precio del crudo Brent inició marzo superando los 114 dólares por barril, con un incremento superior al 30% desde el inicio del año y un salto de más del 20% en pocos días tras la intensificación del conflicto.

Este aumento se transmite casi de manera automática al sector agrícola por la fuerte dependencia energética de la industria de fertilizantes.

El vínculo energético: petróleo, gas y fertilizantes

La relación entre petróleo y fertilizantes es estructural. La producción de fertilizantes nitrogenados —especialmente urea, nitrato de amonio y soluciones UAN— depende del proceso industrial Haber-Bosch, que utiliza gas natural tanto como combustible como tendencia, elevando el costo dé producir amoniaco, el principal insumo para la fabricación de fertilizantes nitrogenados.

El impacto ya se refleja en las cotizaciones internacionales. A febrero, los precios promedio de fertilizantes mostraban incrementos significativos: 601 dólares por tonelada para urea

(+12% anual), 851 dólares por tonelada para DAP (+13%), 879 dólares por tonelada para MAP (+9%), 861 dólares por tonelada para amoniaco anhidro (+15%) y 411 dólares por tonelada UAN28 (+20%).

Tras la crisis en el Golfo Pérsico, la urea llegó a cotizar entre 625 y 700 dólares por tonelada en algunos mercados. La volatilidad se explica no sólo por el aumento energético, sino también por el riesgo logístico. Los países del Golfo —Arabia Saudita, Qatar, Omán, Emiratos Árabes Unidos e Irán— concentran entre el 15% y el de la producción mundial de amoniaco y cerca del 15% del comercio global de urea.

México: vulnerabilidad estructural

El problema es particularmente sensible para México debido a su fuerte dependencia de fertilizantes importados. El país compra aproximadamente el 75% de los nutrientes que utiliza en su agricultura, lo que lo hace altamente vulnerable a choques internacionales de precios.

Además, América Latina en su conjunto importa cerca del 78% de los fertilizantes que consume, una dependencia superior a cualquier otra región del mundo.

En este contexto, el aumento del petróleo podría traducirse en un incremento adicional de entre 15% y 25% en fertilizantes nitrogenados si el crudo se mantiene por encima de los 100 dólares por barril. El impacto económico sería inmediato en el costo de producción agrícola.

Sinaloa, con presión directa

Para Sinaloa, donde la agricultura comercial intensiva depende fuertemente de paquetes tecnológicos basados en fertilización química, el incremento de insumos representa un golpe directo a la rentabilidad.

Los fertilizantes ya habían registrado incrementos cercanos al 30% desde septiembre, especialmente en urea, fosfatos y potasio. En el cultivo de maíz —uno de los más importantes del estado— el costo por hectárea se estimaba en 52,901 pesos según FIRA, aunque productores reportan gastos reales entre 60,000 y 75,000 pesos por hectárea. La fertilización representa casi la mitad de ese presupuesto.

Si los fertilizantes continúan encareciéndose, la hectárea de maíz podría superar los 80,000 pesos de costo, mientras el precio de referencia del grano ronda apenas 5,582 pesos por presión energética Internacional.

Ante este panorama, algunos productores podrían optar por reducir dosis de fertilización — una práctica conocida como ‘subfertilización’ para mantener liquidez. Sin embargo, esta estrategia suele traducirse en menores rendimientos, reducciones de producción y presiones adicionales sobre los precios de los alimentos en el mediano plazo.

La guerra en Medio Oriente está impactando múltiples indicadores internacionales, como el petróleo que ha subido 32%, el maíz y el trigo han subido 3% y 4%, el tipo de cambio que se ha depreciado 3% y los precios de los fertilizantes que se siguen incrementado en la medida que se intensifica el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, ya que 1/3 parte de los fertilizantes del mundo pasan por el estrecho de Ormuz, además, de materias primas fundamentales, como el amoniaco y el azufre», comentó Samuel Sarmiento, economista y analista del sector agrícola.

Para Sinaloa y particularmente para los productores agrícolas, el aumento de las cotizaciones del maíz y el trigo, sumado a la depreciación del tipo de cambio, favorecerán el ingreso de los productores y la derrama económica de la siguiente cosecha», añadió.

El efecto final: alimentos más caros

El encarecimiento de fertilizantes no se refleja de inmediato en los precios al consumidor, pero sí en un ciclo gradual. La cadena completa suele tardar entre 6 y 12 meses en trasladar el aumento de costos desde los insumos agrícolas hasta el precio final de los alimentos.

En México, el maíz —base de la tortilla— es especialmente sensible: el fertilizante representa entre el 20% y el 30% del costo de producción. Un aumento del 30% en fertilizantes podría elevar el precio de la tortilla entre 3% y 6%. Bajo escenarios de crisis prolongada, la inflación alimentaria podría aumentar entre 2 y 4 puntos porcentuales adicionales en América Latina.

granulada que utiliza proviene de países del Golfo Pérsico, región afectada por la crisis.

Si el conflicto se prolonga más de un mes, el costo de la urea para productores argentinos podría aumentar entre 30% y 40%, afectando especialmente cultivos intensivos como maíz y trigo.

Uruguay depende prácticamente al 100% de fertilizantes importados, por lo que absorbe directamente las variaciones del mercado internacional. En 2025 importo alrededor de I . 129 millones de toneladas, y los precios ya habían subido 28% a inicios de 2026, pasando de 355 a 456 dólares por tonelada CIF. Cultivos como soja, trigo y cebada podrían enfrentar incrementos de costos de entre 8% y 12% si la crisis energética se prolonga.

Paraguay enfrenta una vulnerabilidad adicional: además de importar fertilizantes, lo hace principalmente a través de Brasil, lo que introduce un margen adicional de costos. En 2025 importó 2.17 mil millones de kilogramos de fertilizantes, y su condición de país sin salida al mar implica sobrecostos logísticos de entre 10% y 25% por transporte fluvial. Esto amplifica cualquier shock internacional de precios.

Nuevo ciclo de costos estructuralmente altos

Más allá del impacto coyuntural del conflicto, los analistas coinciden en que los fertilizantes podrían mantenerse entre 40% y 60% por encima del promedio registrado entre 2015 y 2019 durante los próximos años, debido a factores estructurales como los altos costos energéticos y la fragmentación geopolítica del comercio global.

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