Dios, Homero Simpson y la condición humana

Dios, Homero Simpson y la condición humana

Luis Fernando Bolaños Gordillo

En su reducción caricaturizada, Dios ha tenido algunas apariciones en Los Simpsons y en la exteriorización que se hace de su existencia en la serie, éste muestra mucha disposición para interactuar en particular con Homero Simpson, quien no tiene una religiosidad muy marcada como la de Ned Flanders, un ente que puede ser el más piadoso de los habitantes de Springfield o alguien capaz de infligir daño a quien desafíe las normas de su iglesia.

“¿Por qué voy a pasar la mitad del domingo oyendo que me voy a ir al infierno?”, cuestiona Homero, quien -en términos de Sartre- no tiene conflicto para conciliar lo interior y lo exterior de lo existente en él, porque no se adorna con una piel superficial que disimularía ante la mirada de Dios su verdadera condición. Homero, sin proponérselo, muestra que no está hecho con el mismo molde, él no forma parte de un rebaño alienado primitivizado que vive en el absurdo.

Las apariciones que muestran lo existente de Homero en su interacción con lo divino, generalmente en un marco onírico, no son ni interiores ni exteriores, son equivalentes entre sí y trazan su autenticidad; por el contrario, los creyentes de Springfield no están conscientes de su predeterminismo y no son capaces de cuestionar la alienación religiosa instituida por el reverendo Alegría, quien muestra incapacidad para que su iglesia responda a diversos problemas que provoca la modernidad.

El predeterminismo planteado en esta serie televisiva puede explicarse con el análisis de Zizek, quien en su libro El títere y el enano, sostiene que “la religión ya no está plenamente integrada a una forma de vida cultural particular ni se identifica con ella, sino que adquiere autonomía”; y esta institución más que ayudar a los seres humanos a ser más piadosos, sensibles o bondadosos, los tiene sujetados para que se limiten a funcionar dentro del sistema.

En sus diálogos, Dios y Homero manifiestan algo en común: su desinterés por la religión en su carácter positivo, donde imperan dogmas, ritos y reglas; ellos más que cuestionar la alienación presente en esas prácticas, platican de cosas que son más parte de la condición humana. Más que hacer referencia al papel de la razón para identificar esas prácticas alienantes, la saga apunta a ensalzar el papel de la autodeterminación, la cual es revolucionaria porque puede construir otros modos de cohesión.

“Sabes, a veces yo también quisiera ver un partido de futbol”, le confía Dios a Homero, mostrando más interés por una actividad que entretiene a millones de personas en los Estados Unidos, que por convencer a su interlocutor para seguir sus leyes. Como se aprecia en la serie, Dios no esconde una especie de realidad oculta; él y Homero platican sin máscaras de por medio. En El ser y la nada, Sartre escribió que “La aparición no está sostenida por ningún existente diferente de ella”; por lo tanto, Dios y Homero tienen un ser propio que el resto de los springfilianos no tienen.

En su condición humana, Homero no esconde sus defectos: es un bebedor empedernido, mentiroso, procrastinador y adicto al entretenimiento televisivo, aspectos que son bien expuestos en las escenas del sofá; y es quien, pese a sus contradicciones, el que muestra más autenticidad en una iglesia decadente. Probablemente esa espontaneidad que también es inherente a Bart, la que atrae a Dios para interactuar con él y deconstruirse, de paso, en su aspecto divino.

Aún en medio de esa podredumbre alienada por la religión, Homero y Bart son capaces de construir en términos nietzscheanos sus propias virtudes y su herejía les aleja de toda forma de predeterminismo. Homero sabe que Dios no es muy distinto a él, y asume que lo divino no es más que el ideal del ser humano por la salvación y no por la construcción de una verdadera espiritualidad acompañada de un pensamiento humanista.

Homero ve a Dios con tanta confianza que le expresa asertivamente: “¿Sabes que odio de la iglesia? Esos aburridos sermones”. En consecuencia, Dios le responde: “Creo que tienes razón, el reverendo Alegría me desagrada bastante”. Llama la atención que Dios no se muestra como un ente que determina la salvación o condena de las almas de Springfield, es un espectador que aprende del devenir del ser humano en sociedad.

Nietzsche escribió en su momento que “Dios ha muerto”, para ubicar al ser humano en el centro del análisis filosófico y comprender así mejor al mundo; pero en esta serie televisiva, lejos de estar muerto, Dios trasciende su apariencia para manifestarse en la totalidad de la que es miembro: una condición humana imperfecta que no ha podido traspasar el orden simbólico que obstaculiza encontrar el sentido de la vida.

En su existencialismo, Homero afirmó en un capítulo donde veía la televisión con su familia, un episodio sobre el Arca de Noé, que “Dios era el personaje de ficción más grande que había visto”; esto va más allá de la reproducción de una blasfemia acompañada de humor negro; nuestro protagonista se refiere asertivamente a la recreación pueril que se hace de Dios en las industrias del entretenimiento.

En este orden de ideas, ser auténtico no es una cualidad, es el resultado de la búsqueda de sentido; por lo tanto, en Dios y Homero no hay seres que no aparecen, ellos habitan sus propios asuntos y les confieren trascendencia. Estos encuentros forman parte de un todo donde prevalece que el sentido de la vida es comprender la condición humana; esta serie televisiva deconstruye lo posmoderno y Homero aparece como un ser que sin proponérselo asume un modo peculiar de humanismo.

En contraparte, lejos de ser trascendentes, los alienados habitantes de Springfield no son espontáneos, auténticos y asertivos, van a la iglesia por costumbre y son controlados por el reverendo Alegría, quien sabe cómo tenerlos dormidos en calidad de rebaño o cómo incitarlos a convertirse en una turba tecnofeudal. En ciertas circunstancias la gran mayoría de Springfield es capaz de criticar, juzgar, acusar, perseguir, linchar y hasta pretender quemar a todo aquel que sea distinto, pensando que eso los hace buenos ante su Dios.

Ned Flanders es el personaje más visible de la intolerancia religiosa y en cada uno de sus actos pretende cumplir con una visión mojigata de la moralidad. Esta serie televisiva muestra que la iglesia como institución es enemiga de las libertades y del conocimiento; las prisiones ya no son solamente materiales, están en la pobreza mental.

En un capítulo emblemático Lisa pregunta a Homero en un paseo por el bosque:

– ¿Papá, por qué dedicas tu vida a la blasfemia?

– No te preocupes, me retractaré antes de morir.

Probablemente los existencialistas serán los primeros.

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