Donde la historia inició irrumpiendo culturas: Hacia los 500 años de dos pueblos históricos y culturales de Chiapas.

Donde la historia inició irrumpiendo culturas: Hacia los 500 años de dos pueblos históricos y culturales de Chiapas.

Por la conciencia

Dr. Roger Heli Díaz Guillén.

Marzo del 2028 es una fecha única y trascendental en la vida e historia de dos ciudades emblemáticas del Estado de Chiapas, Chiapa de Corzo y San Cristóbal de las Casas, Chiapas, cuya celebración de sus fundación es un tema irrepetible que despierta el interés  de la organización y contenido, buscando sea un motivo de unidad y dialogo para la reflexión y motivación por comprender la importancia de conocer donde y cuando se empezó a tejer el sincretismo religioso y cultural; el mestizaje y nuestra identidad como chiapacorseños y chiapacorseñas y; como chiapanecos y chiapanecas; destacando simbólicamente que fue en el rio Grijalva donde se dio el primer gran choque que dio inicio a la llamada “fusión cultural”, convivencia y dialogo forzado que forjó el alma mestiza de Chiapas.

Hablar de Chiapas es hablar de un milagro terrenal donde el tiempo y la memoria parecen danzar al ritmo del Cañón del Sumidero, las brisas del río Grijalva; el tambor y el pito. Estando hoy en la antesala de medio milenio de vida como ciudades hispanas originarias que caminaron a sociedad mestiza urbana e indígena; por lo que es imperativo mirar hacia atrás para comprender y explicar nuestro presente. La historia de nuestra entidad no comenzó con la llegada de los españoles conquistadores; ellos más bien llegaron a un territorio que ya hervía con la grandeza de pueblos milenarios como los zoques, mayas y chiapanecas; sin embargo, la fecha que nos convoca, marzo del 2028, nos obliga y/o invita a reflexionar sobre el choque y el inevitable sincretismo de pensamientos de dos mundos históricos y culturales: El indígena y el español.

En esta idea, hacia marzo de 1528 con la fundación de dos Villas Coloniales hoy Chiapa de Corzo y San Cristóbal de las Casas, se sembró la semilla de una nueva ERA que representan los dos pilares de nuestra identidad; siendo objetivo pensar que el gran valor de Chiapas hacia los 500 años de su impactada y renovada historia, radica en reconocer que este encuentro no fue una simple imposición, sino una aleación profunda que encontró equilibrio en el llamado sincretismo. La herencia española se entrelazó con las costumbres ancestrales y la lengua, dando lugar a lo que hoy llamamos con orgullo Mestizaje y expresiones culturales sincréticas; aunque persisten herencias culturales artísticas que no fueron impactadas por el pensamiento eurocéntrico: como la música tradicional de Chiapa de Corzo ejecutada por tamboreros y piteros.

Este patrimonio cultural es el hilo conductor de las expresiones culturales de este pueblo histórico y cultural, que lejos de ser una imposición europea o resultado sincrético, la fusión de la expresión del tambor y la flauta de carrizo es un eco de las civilizaciones mesoamericanas que ya utilizaban estos instrumentos en rituales y danzas. Su latido musical sirve como banda sonora para la Fiesta Grande de enero que la anuncia, ameniza y acompaña.

Celebrar medio milenio de estas dos pueblos y ciudades históricas y culturales no es para aplaudir la civilización europea, la conquista o el mestizaje; sino para traducir esta celebración en reflexiones y reconocimiento a la resiliencia, resistencia cultural y sostenibilidad del Lekil kuxlejal Buen Vivir que conserva el respeto y vida armónica con la tierra, agua y naturaleza. Es una celebración para honrar la memoria y vida de hombres, mujeres que, a lo largo de 500 años, han sabido conservar y reconstruir sus tradiciones, expresiones culturales, gastronomía y visón del mundo.

Es un momento y espacio para comprender que las culturas originarias no desaparecieron: se transformaron y coexistieron para darle a Chiapas una particularidad cultural y riqueza inigualable. Por lo que alcanzar esta magna fecha nos impone una responsabilidad histórica; ya que nos invita a trascender las divisiones y a avalorar un territorio donde los indígena y lo hispano convivan en cada vida, en cada rostro, en cada fiesta y en cada rincón de Chiapas; asumiendo esta historia compartida como un puente hacia el futuro, donde el respeto a la diversidad cultural, pluriculturalidad e interculturalidad son los ejes para una nueva visón y pensamiento a la otredad cultural.

En este orden, esta celebración abre una profunda herida discursiva que lleva a celebrar el nacimiento de una imposición colonial disfrazada de un encuentro civilizatorio y una fusión de armónica de culturas que dio vida al mestizaje; donde la historia oficial  nos ha enseñado a mirar el inicio del siglo XVI como el momento fundacional de la civilización en tierras chiapanecas con ciudades erigidas que son presentadas como el punto cero de nuestra herencia cultural; sin embargo, esta narrativa de “medo milenio” oculta una realidad mucho más violenta como el inicio del despojo, la marginación sistemática de los pueblos originarios, la explotación y esclavitud y; el intento continuado de borrar las culturas prehispánicas y cosmovisiones.

Hablar de una fusión de cultura durante los últimos 500 años resulta, en el mejor de los caso, un eufemismo; y en el peor, un acto de cinismo histórico. La historia real de Chiapas no nació con la llegada de las carabelas o de Diego de Mazariegos, ni con el trazo de las villas y ciudades coloniales. Los pueblos zoques, mayas y chiapanecas ya poseían una historia milenaria y riqueza cultural basado en saberes aportados al mundo.

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