Los votantes siempre tienen sus razones

Eduardo Ruiz-Healy

¿Por qué vota la gente como vota? La pregunta parece obvia. La respuesta, casi siempre, no lo es. Es más cómodo decir que Trump ganó porque millones de estadounidenses son ignorantes, o que Morena arrasa porque millones de mexicanos son manipulados. Ambas frases no sirven para responder la pregunta.

Las encuestas ayudan a entenderlo. En junio de 2016, AP-NORC publicó su encuesta «Divided America». Los números eran brutales: el 80% de los encuestados dijo que los estadounidenses estaban muy divididos en torno a sus valores. El 85% pensaba que el país estaba más fracturado que antes. Y el 52% creía que los mejores días de Estados Unidos habían quedado atrás.

Ese no era un país simplemente engañado. Era un país pesimista, enojado y desconfiado de sus élites. Trump no inventó ese malestar. Lo leyó, le dio enemigos visibles y lo convirtió en su fuerza electoral. Una nueva encuesta de AP-NORC, de abril de 2026, lo confirma: solo uno de cada cuatro estadounidenses dice hoy que su país está por encima de todos los demás, y casi tres de cada 10 opinan que hay países mejores, el doble que en 2016. El Sueño Americano se desvanece, la democracia pierde peso como rasgo de identidad nacional. Por eso, el movimiento de Trump creció sobre tierra fértil.

Algo comparable ocurre en México. El voto por Morena tampoco se explica por ignorancia, clientelismo o fanatismo. Las encuestas muestran un país que acumuló enojo contra los partidos tradicionales, hartazgo por la corrupción y frustración por la desigualdad. Para millones, Morena no es una teoría ideológica sino una respuesta a gobiernos que consideran fallidos. No comparan a Morena con un ideal democrático, sino con el mal recuerdo del PRI y del PAN. En esa comparación, Morena sigue ganando.

Los programas sociales importan. Para muchos hogares, no son propaganda, sino un ingreso real. Quien recibe una pensión o una beca no vota por estupidez, vota por continuidad, por gratitud o por miedo a perder algo que antes no tenía. Además, con Andrés Manuel López Obrador, antes, y ahora con la presidenta Claudia Sheinbaum, sienten que por primera vez alguien les habló a ellos, no a las élites urbanas o tecnocráticas.

Trump y Morena no son lo mismo y sus realidades son distintas. Pero el mecanismo político es similar: cuando gran parte de la sociedad siente que el sistema no la escucha ni la representa, premia a quien dice enfrentarlo. No importa si después cumple o no. Primero llega al poder porque sabe canalizar el enojo.

En México el horizonte es 2027. En EEUU, noviembre de 2026. En los dos casos el enojo se manufactura cada mañana. La polarización no es un síntoma del sistema. Es su combustible.

El error ha sido confundir el desacuerdo con la inferioridad moral o intelectual. Quien vota por Trump no necesariamente es ignorante. Quien vota por Morena no necesariamente es vendido. Ambos hacen un cálculo a partir de su experiencia, sus miedos y sus recuerdos.

Entender por qué millones votan como votan no es justificarlos. Es lo mínimo que exige la democracia. Mientras los adversarios sean tratados como idiotas, nadie tendrá incentivos para escucharlos. Y mientras nadie los escuche, seguirán votando por quien les diga, aunque sea a gritos, que sí los entiende y que va a mejorar su calidad de vida.

Twitter: @ruizhealy

ruizhealytimes.com

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