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Ramírez Amaya no trascenderá

Eduardo Ruiz-Healy

Desde ayer hay una nueva persona al frente de la Secretaría de Educación Pública. Es la tercera en lo que va de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Primero estuvo Esteban Moctezuma, del 1 de diciembre de 2018 al 15 de febrero de 2021. Renunció para irse de embajador de nuestro país en Estados Unidos. Estuvo 26 meses y medio en el cargo.

En su lugar quedó Delfina Gómez Álvarez, que ocupó el cargo del 16 de febrero de 2021 al día de ayer. Duró solo 18 meses en el puesto.

Y ahora, también desde ayer, está Leticia Ramírez Amaya.

Ninguno de los tres, al igual que los siete que los antecedieron en el cargo desde 2000, tenía los conocimientos y la experiencia necesarios para mejorar el sistema educativo del país.

Además de sus limitaciones profesionales, ninguno de los 10 contó con los recursos económicos, humanos y materiales para realizar una gran reforma educativa que transformara al sistema educativo en uno de los mejores del mundo, tal como lo han logrado varios países en pocos años. En este espacio comenté el 5 de agosto pasado el caso de Estonia, que en 30 años logró que sus estudiantes de 15 años, de acuerdo con el examen PISA administrado a nivel global por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), lograran mejores evaluaciones que los del resto del mundo, excepto los de Macao, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Japón y Corea, mientras que los estudiantes mexicanos quedaron debajo de los de otros 61 países.

El hecho es que el gobierno de nuestro país gasta muy poco por estudiante.

En 2018, los 38 países que integran los países de la OCDE gastaron en la educación de un alumno de primaria y secundaria, en promedio, 10 000 dólares anuales. México gastó 3100 dólares, el menor monto de entre los 38 países. Estonia gastó 8600 dólares, casi tres veces más.

Para empeorar la situación, de 2010 a 2018 nuestros gobiernos redujeron en 16% el gasto promedio por alumno, de 3700 a los 3100 arriba anotados. En ese mismo periodo, Estonia aumento dicho gasto en 14%, de 7600 a 8600 dólares.

Durante ese mismo periodo, el gasto promedio para educar a un estudiante mexicano de preparatoria se redujo de 11 900 a 8500 dólares, una baja del 29%. Mientras, en Estonia el monto pasó de 8200 a 17 800 dólares, un incremento del 116%.

Otros datos que corrobora que en nuestro país no se le dedican los recursos suficientes al sistema educativo:

En 2018 los gastos gubernamentales en la educación como porcentaje del producto interno bruto (PIB) equivalieron al 4.3%, su nivel más bajo desde 2001.

Ese mismo año, los gastos gubernamentales en educación representaron el 16.6% del gasto público, el menor porcentaje desde 1998.

También en 2018, en Estonia, los gastos gubernamentales en la educación como porcentaje del producto interno bruto (PIB) equivalieron al 5.3%, su nivel más alto desde 2001, y los gastos gubernamentales en educación representaron el 13.4% del gasto público, el mayor porcentaje desde 2011.

Es muy probable que Leticia Ramírez Amaya, al igual que la mayoría de quienes antes de ella fueron secretarios de Educación Pública, pase con más pena que gloria por la dependencia que ahora tiene a su cargo. No posee ni las cualidades profesionales ni los recursos para trascender.

ruizhealytimes.com

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