El abandono a la ciudadanía
Dr. Gilberto de los Santos Cruz
Cuando se prolonga en exceso las esperas democráticas de justicia y bienestar, cuando se incumplen las promesas de progreso y desarrollo, cuando se tiene advertencia de lo que pudo ser y no fue, de lo que hemos perdido y de lo que no debió haber sucedido, surge el malestar, el enojo, la desesperación, el miedo y toda una gama de emociones que movilizan nuestra conducta tanto individual como colectiva y consideran nuestras expectativas sobre nuestro propio destino. Pero además la incertidumbre económica y las contingencias que de ella se derivan estimulan la percepción de una suerte de engaño y abandono por parte del gobierno lo cual genera sentimientos de vulnerabilidad e impotencia. Visto todo ello en su conjunto, se pueden entender mejor las continuas tensiones sociales que ha vivido el País. Han sido demasiado los agravios acumulados desde 1994 cuando el levantamiento armado del EZLN en nuestro Estado que precipitó la crisis del fin de ese sexenio. Se perdió la eficacia del diálogo de la discusión y aún de la controversia. Hay un hartazgo generalizado por tanto engaño y una crisis de credibilidad ante las explicaciones de funcionarios menores, incapaces de incorporar en su discurso las vivencias y las genuinas preocupaciones de la gente, pues continua presente el burocratismo en la gran mayoría de dependencias que aún no les cae el veinte de la Transformación que desde el inicio del actual Gobierno se ha manifestado.
La reacción de la clase política frente a las movilizaciones populares por la inconformidad magisterial de todos los niveles en muchos Estados de la República ha dejado al descubierto que viejas demandas aún no se resuelven. La política ya no es la que fue. El problema es que el descontento social no se agota, el malestar sale a la calle y se expresa de muchas formas. Frente a las frases huecas y ante preguntas abiertas que seguramente pretendieron con poco éxito inducir alguna reflexión que atenuara la crítica, un sector madura de la prensa escrita ha mostrado su independencia y fortaleza. Cientos de plumas analizan lo que ocurre y han esgrimido argumentos contundentes manifestando que son los mismos males de siempre, dicen con razón, sectores cada vez más amplios de la Población. El malestar va más allá de lo que pueden ocasionar los Precios Internacionales del petróleo y las devaluaciones que sufrió nuestra moneda, factores que explican en buena parte el precio de la gasolina. El malestar va más allá de las actitudes hostiles del Gobierno Norteamericano hacia nuestro País con relación a la construcción del muro y las deportaciones. Carlos Slim manifestó en su tiempo el mejor muro que se puede construir es ayudando a que se creen más empleos en México. Importante es recordar que el malestar con la política no es un fenómeno local tiene matices que son propias de la cultura y del contexto del cual se expresan, pero forma parte de esa modernidad que ha transitado hacia un tiempo líquido. La política se ha vuelto cada vez un espectáculo, por eso avanzan los liderazgos populistas. La cultura del consumo y del entretenimiento por su parte propicia que el deseo de tener y la decepción por no tener vayan de la mano y se planteen ambos como derechos sociales.
En nuestro País, desde hace varios años, hay un evidente malestar ciudadano respecto de los resultados que tenemos en prácticamente todas las áreas y órdenes del gobierno. Al respecto, expertos como el Dr. Juan Ramón de la Fuente afirman que «el malestar de la ciudadanía viene de la inconformidad, del hartazgo de la gente en respuesta a la injusticia derivada de un modelo de desarrollo global que, sin dejar de tener algunas ventajas, al menos potenciales, ha abierto más la brecha entre los que tienen y los que no, entre aquellas pocas vidas que los gobiernos han decidido proteger en relación a aquellas que han decidido abandonar.
En efecto, en México la insatisfacción y demandas de los Pueblos tienen que ver con la falta de inclusión, las profundas desigualdades, la corrupción, la violencia y la impunidad, los cuales se constituyen como los fenómenos más potentes que retienen el crecimiento de nuestra democracia.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental del Inegi, de hace 2 años de cada cien ciudadanos afirmó que la corrupción es frecuente o muy frecuente en el país y en sus estados. Asimismo, el Índice de Percepción de la Corrupción, de Transparencia Internacional, evidencia que poco hemos mejorado.
Como correlato de la corrupción, se encuentra la impunidad, la cual, según lo revela el Índice Global de Impunidad, 2018, aumentó tanto en el ámbito global como en el de los estados de la República. Nuestro país ocupaba el 4to lugar del Índice Global de Impunidad y encabezaba la lista de países del continente americano con el índice más alto.
En palabras del doctor de la Fuente, la «sociedad mexicana se encuentra dolida porque se les ha sometido a tensiones muy fuertes. Por una parte, como resultado de la violencia y la inseguridad que cotidianamente nos agobia, pero también que ha sido agraviada porque no conoce la verdad».
En el marco del proceso electoral del mes de junio, es necesario que los próximos Ayuntamientos Municipales y Legisladores Locales y Federales asuman el reto de generar y procesar un diálogo responsable sobre cómo resolver estos y los problemas que arrastramos desde hace varias décadas.









