El baile del librito y los imaginarios de la clase política chiapaneca

El baile del librito y los imaginarios de la clase política chiapaneca

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizadas por imágenes.

Guy Debord

El uso de las redes sociodigitales es un asunto complejo en la comunicación política debido al exceso de subjetividad que envuelve a los contenidos que se comparten; lamentablemente, lejos de constituirse como medios que fomenten el análisis, la crítica o la construcción colectiva de nuevos horizontes, cosas que Chiapas necesita con urgencia, instituyen imaginarios que corresponden más con el carácter de la clase gobernante.

La sobreexposición a los medios provocada por el afán de mantenerse vigentes en esas redes para atraer a toda costa la mirada de la gente, es decisiva para que los funcionarios públicos en vez de aparecer como promotores del cambio con estrategias claras, sean -por el contrario-, significantes vacíos; sus formas de ser y estar en ese mundo tecnocrático no son capaces de superar esa superficie icónico-discursiva que no contempla el análisis de los problemas de fondo.

El video “El baile del librito”, más que ajustarse a los preceptos con que fue construido el programa Chiapas Puede, obedece sobremanera a la reproducción de un anquilosado sentido de la alegría, que soslaya la situación real del analfabetismo en la entidad, un tema sensible legado por administraciones pasadas. “AEIOU, si Chiapas puede, puedes tú” es el estribillo pegajoso de ese video que caracteriza a una clase política despreocupada por los problemas del pueblo y los trasfondos de un problema vigente.

El video muestra cómo el ejercicio del poder configura infinidad de formas de legitimar su continuidad; en este sentido, hay una clase política que lo ejerce para verse a sí misma en la sociedad con el afán de lograr una ininterrumpida continuidad. Es posible que quien o quienes hayan escrito la letra de esa canción y adaptarla al género regional mexicano hayan pensado que el estribillo tenía la potencialidad de trascender a la posteridad como un distintivo del humanismo que transforma.

En un sentido ontológico, esa producción protagonizada en primera instancia por la titular del Instituto de Administración Pública del Estado de Chiapas, Lyssette Raquel Lameiro Camacho, pretendió estar acorde con la idiosincrasia de la sociedad chiapaneca, pero lo que consiguió, dadas las condiciones festivas expresadas a través de los significantes fue demostrar que no hay la capacidad de encuadrar una comunicación política para concientizar a la gente de sus problemas reales.

Probablemente el enfoque otorgado a ese video intentó en primera instancia expresar en su “autenticidad” a una funcionaria pública y presentarla como un personaje clave en el devenir de las relaciones de poder en materia educativa en pro de la población; pero el estribillo, la actitud festiva y el sentido superficial de la alegría dieron cuenta de la ausencia de una estrategia de estado que caracterizara lo que realmente se necesita para alfabetizar a una parte significativa de la población.

El conjunto de imágenes y el discurso promovido, más que constituirse como una estrategia eficaz para motivar a la gente a participar, convirtió a Lameiro Camacho y a sus entusiastas colaboradores en un mal chiste de sí mismos. Las secciones de comentarios en las redes sociodigitales condenaron el acto y abrieron paso a una serie de burlas que tuvieron que ser atajadas por el secretario de educación y el gobernador. Perfiles amigos como el de Eduardo Ramírez es mi Jaguar, difundieron el video oficial invitando a la gente a “verlo, aprenderse la coreografía y compartirlo con todos sus amigos”, como si esto fuese el preámbulo de una verdadera integración de saberes.

El secretario de educación, Roger Mandujano Ayala, intentó matizar esta bola de nieve sumándose a la promoción de ese baile, pero los efectos ya eran irreversibles porque esa estrategia se convirtió en un espectáculo que expresó la mirada que tienen ciertos funcionarios de la sociedad chiapaneca. El “Baile del librito” hizo más grandes las fronteras entre la clase gobernante y los problemas añejos del pueblo; prevaleció una mirada parcial y superficial del problema a través de un lenguaje audiovisual oficial promotor de una falsa conciencia y no la cruda realidad educativa que está demás expresarla cuantitativamente.

La puerilidad del estribillo es reflejo de la incapacidad o bien del sentido de inconveniencia de crear y transmitir mensajes con sentido. Pareciera que quienes promueven ese video, tanto funcionarios como perfiles amigos en diversas redes, expresan el orden de las cosas dentro de nuestro sistema político. Aparte de ello, una buena parte de la sociedad, incluyendo a intelectuales orgánicos, contribuyeron a legitimar ese espectáculo al no detenerse a pensar en las estrategias que realmente se necesitan. Adorno y Horkheimer (1994) sentenciaron que “Las masas tienen lo que desean y se aferran obstinadamente a la ideología mediante la cual se les esclaviza. El funesto apego del pueblo al mal que se le hace se anticipa a la astucia de las instancias que lo someten”.

Ese video ha sido viralizado y como parte de un espectáculo, es el resultado de un modo de producción existente que refleja que al menos en nuestro contexto social no hay un uso disruptivo de las redes sociodigitales en la comunicación política; más que mostrar al mundo real, “El baile del librito” es el irrealismo de la clase política chiapaneca. Lamentablemente, el espectáculo es el modelo de una clase política que se reafirma en mensajes que invisibilizan las condiciones de miles de personas que no saben ni leer ni escribir.

El espectáculo que borra de los medios lo real es una producción alienante; la realidad está invadida, insisto, por significantes vacíos, que más que objetivar los problemas añejos, los convierten en tendencias mediáticas. Es imposible alfabetizar bailando y la alienación es el sostén de una clase política que gobierna a través de las redes sociodigitales. Tomando en consideración al filósofo surcoreano Byung-Chul Han, el poder “crea significatividad configurando un horizonte de sentido en función del cual se interpretan las cosas”.

La clase política no ha comprendido que las redes sociodigitales son un arma de doble filo y las burlas hechas a ese video muestran que la sociedad chiapaneca, si se lo propone, puede superar todo tipo de apariencias y simulaciones.

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