El consejo de Gregorio Marañón

Letras Desnudas

Mario Caballero

El consejo de Gregorio Marañón

Ninguna sociedad se escapa del momento de sentir que ha perdido el rumbo. Lo sabe en el instante que comienzan a surgir las quejas por la inseguridad, la corrupción de los gobernantes, la dificultad para la subsistencia y hasta por el mal estado del aire.

En México hay mucha gente que cree que estamos perdidos. Hemos llegado al punto de repetirnos “Sí, se traficaban drogas, pero no se mataba a la gente a la menor provocación/ El gobierno robaba, es cierto, pero ninguna familia se quejaba de que no tenía para comer o no tenía trabajo/ El gobierno no era totalmente eficiente, por supuesto, pero había lo necesario para irla llevando/ No éramos ni la mitad de prósperos que Estados Unidos, lo acepto, pero tampoco el nivel de pobreza en el país era como el de hoy”, entre otras quejas.

Sin embargo, ese sentimiento de desasosiego revela las expectativas de lo que queremos para nuestro futuro inmediato. Para empezar, un sistema de salud funcional y empleos bien pagados.

Ahora bien, estando a pocos meses de que se celebren las elecciones más grandes de la historia nacional, ¿ya pensó qué gobierno quiere para su municipio? ¿A qué tipo de político le dará su voto para que lo represente en el Congreso?

Alberto Moravia decía que curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno por el que han votado, pero -si no directamente- es seguro que en algo contribuyeron en la destrucción del país y de las ciudades porque fueron ellos, los votantes, los que dieron el poder, los que eligieron a los personajes políticos que lo prometieron todo y que cumplieron en nada.

EL VOTO DESCABELLADO

Hace algunos días, escuché un disparate en la radio que decía: “Nosotros los del PRD sacamos al PRI de la Ciudad de México”. Eso no es cierto ni remotamente.

¿Qué es el PRD para sustituir a otro partido en el gobierno? Nada. Lo correcto hubiera sido que dijeran “con ayuda del pueblo, nosotros los del PRD…”. Porque -vaya- en un país democrático como el nuestro es el pueblo el único que decide el gobierno que quiere. Lo sabremos hoy que somos gobernados por un partido de reciente creación y un líder carismático, que deben su arribo al poder al voto de los ciudadanos.

Pero vayamos por partes. Muy pocas personas saben quién fue Gregorio Marañón, que tenía razón al decir que la dictadura no se evita declamando contra ella, sino haciéndola innecesaria con nuestra rigurosa disciplina del deber. Ese deber –decía- es elegir inteligentemente a nuestros gobernantes.

La pregunta que viene enseguida debemos tomarla con toda la seriedad de la que somos capaces: ¿qué aprendimos después de casi 21 años de vida democrática en México?

En 2000, el pueblo mexicano, harto de los abusos del PRI, vertió su esperanza en un personaje que tenía mejores cualidades para gerente que para mandatario: Vicente Fox, quien supo ganarse la confianza de la gente tirando baba, ya que sin tener ningún mérito palpable le creímos que él tenía la llave para abrirnos a un mejor futuro.

Entre otras cosas, Fox prometió resolver el conflicto zapatista en 15 minutos, pero cuando asumió la Presidencia hizo todo lo posible para negarle al pueblo zapatista el derecho a una vida digna, a la educación y a los servicios de salud. Un año después de su gobierno nos dimos cuenta que jamás llegaría el cambio propuesto y por el cual habíamos votado.

En 2006, todavía con la resaca de la elección de seis años antes, los votantes decidieron volver a castigar al PRI y no votar por el candidato que en ese momento se consideraba el enemigo a vencer: Andrés Manuel López Obrador. Así que eligieron a otro panista, Felipe Calderón, cuya mayor obra fue convertir al país en una tierra de sangre y plomo.

Calderón no sólo fracasó en su guerra contra los cárteles de la droga, sino también como “Presidente del Empleo”, como él mismo se proclamó en la campaña política. Dejó al país con 8 millones 671 mil personas desempleadas y con el 54.5% de la población en el empleo informal. Por mencionar algo.

Después de 12 años en el poder, el PAN demostró no tener capacidad para gobernar. Y el que en 2006 era el candidato a vencer, en 2012 fue el menos malo, pero no pudo contra la juventud, el dinamismo y la galanura del priista Enrique Peña Nieto, famoso por poseer el copete más reconocido de México.

Entonces, otro error. Los electores cayeron fascinados ante el cuento del Nuevo PRI y la imagen bonita que las dos televisoras más importantes de la nación le construyeron al mexiquense. Así llegó a la Presidencia el político que nunca fue capaz de nombrar tres libros que la hayan cambiado la vida y del que su administración reventó entre escándalos de corrupción y altos índices de criminalidad.

En 2012, la gente no votó con la cabeza, sino con los ojos.

LA DICTADURA Y LA JUERGA

El voto a favor de Pablo Salazar Mendiguchía fue provocado por la misma razón que llevó a Vicente Fox a ganar la Presidencia de la República: la aversión por el PRI.

Siendo sólo dos los candidatos que se disputaron la gubernatura en el 2000, es decir, un priista y Pablo Salazar que fue respaldado por ocho partidos políticos de oposición, era obvio que éste se quedara con el triunfo. Pero cabe precisar que en esa elección se registró el mayor abstencionismo en la historia de Chiapas, pues Salazar ganó con sólo 525 mil 50 votos.

¿Hubiéramos estado mejor con Sami David? Nunca lo sabremos, pero Salazar hizo de su administración una dictadura que avasalló a las instituciones, los poderes Legislativo y Judicial, que combatió las manifestaciones sociales con la fuerza pública y que no se hizo responsable de la muerte de al menos cien personas. Además, terminó su gobierno acusado de desviar 11 mil millones de pesos del fondo para la reconstrucción de los daños ocasionados por el huracán Stan.

Como sucedió con Fox, los votantes confiaron en que Salazar sería la solución a los problemas de Chiapas, pero salió más caro el remedio que la enfermedad.

François De La Rochefoucauld, escribió: “Los apellidos famosos, en vez de enaltecer, rebajan a quienes no saben llevarlos”.

Seducidos por el famoso apellido de Juan Sabines Guerrero, los chiapanecos cometieron otro de sus más grandes errores al pensar que el hijo del “Ciclón del Sureste” sería igual o superior al padre, Don Juan Sabines Gutiérrez, quien siendo gobernador interino ocasionó un estallido de modernidad en el estado y que gobernó con alegría y de puertas abiertas.

Sabines Guerrero no sólo defraudó la memoria de su padre y de su ilustre familia, también decepcionó a todos los que esperaban más de su administración, que estuvo repleta de políticos drogadictos, corruptos, que despechaban los asuntos de Chiapas desde las cantinas o desde los antros.

Como producto de su megalomanía y ambición de poder dejó a Chiapas con una deuda por más de 40 mil millones de pesos, además de instituciones saqueadas, presos políticos, decenas de líderes sociales y activistas exiliados y un largo catálogo de crímenes que siguen impunes.

PENSAR O FRACASAR

Considerando la experiencia de elegir a gobernantes carismáticos, pero sin la capacidad, sensibilidad y experiencia para diseñar un plan de gobierno exitoso y buenas propuestas, atender el consejo de Gregorio Marañón se ha vuelto quizá nuestra única opción confiable para revertir la triste situación que actualmente vivimos en el país.

Estudiemos pues a los aspirantes. Comparemos las trayectorias. No nos dejemos llevar sólo porque es joven o guapo. Tampoco porque sus promesas sean lo que queremos escuchar. Depositemos nuestra confianza en aquel o aquella al que su proyecto político lo respalde un trabajo político real, productivo y cercano a la gente.

Dejemos de buscar Dulcineas y valientes caballeros. Elijamos guiados por la razón, no por corazonadas. Menos aún por el partido, que sólo es un color y algunas siglas.

Demos nuestro voto por el que en verdad conoce a Chiapas y sus necesidades, de comprobada vocación de servicio. Porque ante el fracaso de los gobiernos pasados y actuales, es mejor elegir bien hoy para no arrepentirnos mañana. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso de los tuxtlecos, que ya no ven la hora de que acabe el corrupto e incompetente gobierno de Carlos Morales Vázquez. ¡Chao!

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