El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
Mark Fisher tituló al primer capítulo de su libro Realismo capitalista, ¿no hay alternativa?, con una cita de Fredric Jameson: “parece más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo”; esto le queda a cabalidad a las estrategias impulsadas por MORENA que no ha podido construir una estructura que traspase el sistema económico imperante.
Michel Foucault advirtió desde mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando comenzó a distanciarse de la izquierda militante, que el socialismo europeo carecía de estrategias para gobernar a las poblaciones y que sus modos de ejercer el poder eran igual de alienantes que los del neoliberalismo.
Los gobiernos Latinoamericanos carecen de estrategias y rumbos propios, siguen obedeciendo a los intereses de la clase dominante; lo que queda de la izquierda mexicana es contradictoria al difundir discursos antineoliberales y al mismo tiempo desarrollar estrategias sujetas al libre mercado.
A casi siete años de la transición, ni AMLO ni Sheinbaum han tenido coherencia ideológica y estructural, ya que sus visiones no son distintas a las de gobiernos neoliberales; el IMSS y el ISSSTE mantienen las mismas condiciones burocráticas y operativas, aparte de que los personajes que asumieron la titularidad de esas dependencias no tienen trayectorias acordes con la izquierda.
El gobierno ha pagado un alto precio de credibilidad debido a los contrastes entre su retórica izquierdista y su pragmatismo neoliberal; en su devenir histórico MORENA es multifacética: liberal, neoliberal, capitalista, feudalista, socialista, clientelar, conservadora, populista, alienante y, sobre todo, totalitaria.
Lejos de superar sus contrastes, sigue enarbolando una bandera democrática que tiene propuestas fáciles para problemas difíciles; sigue centrándose en el desprecio a las clases opresoras y a los aparatos ideológicos de control, pero su accionar reproduce prácticas de antaño y, peor aún, conserva las mismas estructuras burocráticas.
Sus pregoneros siguen recreando escenarios de explotación, de asimetrías y de corrupción, protagonizados por el PRI y el PAN, pero esas historias son un espejo que refleja sus límites, sus contradicciones, sus intereses y su incapacidad para alcanzar un estado de bienestar que satisfaga las demandas de millones de mexicanos.
El posneoliberalismo del creador de MORENA es un imaginario donde el pueblo sabio y justo siempre está a merced de entidades perversas que pretenden recuperar el poder económico; esas febrilidades, fruto de la falta de autocrítica y de negar espacios a la verdadera militancia, son las que están impidiendo la transición hacia un sistema distinto.
En su primer discurso como presidente, López Obrador, anunció el fin del modelo neoliberal, expresando que éste era insuficiente para frenar a la corrupción y la pobreza prevalecientes durante lustros; la austeridad republicana sería el principal distintivo de su administración, pero eso quedó en discursos que fueron desgastándose con el paso de los años.
Su ambigüedad como presidente y líder moral del partido impidió la democracia al interior del partido; y pese a que tuvo al Congreso en su poder no pudo imprimir un sello de izquierda. El tabasqueño perdió el rumbo en un populismo progresista que más que superar al neoliberalismo sirvió para legitimar su figura.
A lo largo de su sexenio no surgieron personajes distintos a los tecnócratas pertenecientes a la mafia del poder y, en esta tesitura, MORENA consolidó una nueva burguesía en gran medida proveniente de los partidos adversarios. Lo que sí logró es que el pueblo, paradójicamente, se identificara con personajes sin militancia y trayectoria en la izquierda.
Las oligarquías y los caciques siguieron vigentes a través de juniors y chapulines, el sector empresarial siguió disfrutando de las mismas prerrogativas; y las estrategias que eran una mezcla de nacionalismo, populismo, neodesarrollismo, desprivatización, aspiraciones redistributivas, austeridad o recortes presupuestales en los tres niveles de gobierno, no mostraron algo distinto.
Es necesario cuestionar el por qué de la insistencia de instituir al posneoliberalismo en un contexto donde los intereses ideológicos, políticos y económicos siguen entrelazándose bajo los mismos esquemas; para justificar la intervención del Estado, AMLO y Sheinbaum siguen centrándose en acusar a los conservadores, pero sus prácticas aparte de ser neoliberales son totalitarias. En síntesis, problemas históricos como el desempleo, la inflación, el crecimiento del crimen organizado o la corrupción, siguen vigentes y no hay propuestas para superarlos. Esto muestra que los siervos no vencieron jamás a los monarcas, de que el mercantilismo siguió vigente y que al final de cuentas la burguesía es el Estado. En síntesis, el ganso se cansó










