El guasón y los claroscuros de la salud mental en el capitalismo

El guasón y los claroscuros de la salud mental en el capitalismo

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

¿Qué estado guarda el tema de la salud mental dentro del sistema capitalista? Para responder el interrogante es menester observar cómo las estructuras económicas, la exigencia de productividad, el alto grado de consumismo y un tejido social excluyente influyen en nuestra subjetividad; no estamos hablando únicamente de desequilibrios químicos, sino de cómo el sistema moldea nuestra sensación de bienestar.

La perspectiva de Michel Foucault es interesante porque propuso alejarnos de la noción tradicional de «locura» que era vista como un error biológico y analizarla dentro de una categoría política. El filósofo francés argumentó que la sociedad moderna ya no castiga o encierra al cuerpo, ahora disciplina la mente a través de distintos medios para asegurar que los individuos sigan siendo útiles dentro de los engranajes social y productivo.

El Arthur Fleck encarnado por Joaquín Phoenix en 2019 no fue el antihéroe de otras entregas, fue presentado como síntoma del vacío social, económico, laboral, educativo o asistencial de la sociedad capitalista. Su transformación en el Guasón fue provocada por un sistema lleno de contradicciones estructurales; su estado mental agravó por una atención psiquiátrica deshumanizada y una sociedad indiferente a su malestar.

La película es cruda al mostrar que el trágico devenir de Fleck no ocurrió en el vacío, ya que perdió la asistencia social y su medicación por el recorte presupuestal. Su malestar provino de la falla de las estructuras institucionales de un sistema político deshumanizado. Su condición emocional fue el resultado de la atomización social capitalista donde la conexión humana real es reemplazada por la obsesión por el trabajo y el condicionamiento del tiempo libre.

La transformación de Fleck en agente del caos fue una respuesta violenta hacia la ineficacia del estado de bienestar que promueven los estados modernos; la trama también enfatiza que los abusos que sufrió en la infancia, la ausencia del padre, una madre manipuladora, la carencia de recursos económicos y la exclusión social, fueron los detonantes de una personalidad explosiva que se manifestó al asesinar a unos hombres que lo molestaban en el vagón del metro.

La asistencia social fue incapaz de reconocer en su momento la condición de Arthur caracterizada por una risa que transmitía dolor. El sistema de salud pudo haber identificado a tiempo esa condición mental y ayudarle a superar los estragos generados por la violencia estructural, su subempleo como payaso anunciante de productos, el bullyng, la soledad y su frustración por no ser querido y aceptado.

Los problemas de Arthur también se tradujeron en tendencias suicidas, porque estaba harto de no poder canalizar adecuadamente sus emociones y también por no saber cómo actuar frente a una sociedad fría e indiferente. Su historia muestra el profundo vacío afectivo generado por la ausencia de su padre, el cual intentó llenar con su obsesión por el conductor de un programa televisivo; su delirio llegó a tal grado que creyó que ese personaje representativo mediáticamente lo trataría como a un hijo.

Lo que recibió, por el contrario, fue una humillación viral que provocó en él un estallido de frustración e ira.  Esto describe la tendencia mediática de convertir el dolor y el sufrimiento ajeno en historias que entretendrán a millones de personas que a su vez también están vacías. Tras asesinar al conductor durante la transmisión en vivo, Arthur experimenta un nuevo sentido, al descubrir que era todo un símbolo mediático con la potencialidad de transformar las decadentes estructuras sociales.

Su nueva notoriedad prendió el ambiente social y político de la ciudad y puso de manifiesto la falta de valores y la ausencia de empatía de una sociedad consumista cuya única salida es el entretenimiento. La ola de violencia provocada por Arthur Fleck mostró el rencor de la gente, su sed de venganza y la exteriorización de impulsos violentos provocados por reprimir sus verdaderos deseos. El villano no es el Guasón, el mal está en el sistema en su conjunto.

En esta era, el aislamiento, el estrés laboral, el consumismo, el condicionamiento del tiempo libre o la desunión familiar deviene en caos. El Guasón ya no buscó encajar o ser feliz, el caos fue el nuevo sentido para construir la alternatividad en un mundo gris; en su tragicomedia personal sentenció: «Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras».

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *