El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
Las narrativas promovidas por el sistema capitalista alrededor de los beneficios de internet en el mejoramiento de la calidad de vida de millones de personas, instituyen un sentido de competitividad en el que profesionales de marketing digital o especialistas en medios y agencias que diseñan estrategias multicanal, construyen infinidad de estrategias para atraer la atención de millones de usuarios.
Los equipos de inteligencia de mercados dedicados a analizar los comportamientos de los consumidores influyen en la consolidación de nuevos hábitos que tienen el objetivo de maximizar el tiempo de permanencia en la red. Estas estructuras de control funcionan promoviendo la ilusión del libre albedrío, pero los internautas no son libres, porque están sujetos a estructuras que producen contenidos personalizados.
A nivel mundial, los ciudadanos con acceso a la red pasan seis horas diarias en promedio ante las pantallas de sus dispositivos móviles; los algoritmos de recomendación de TikTok, Instagram, Facebook o YouTube, procesan miles de millones de datos por segundo para atraer la atención. En este modelo económico digital no somos clientes, sino la materia prima para el consumo de infinidad de mercancías e ideologías que despiertan nuestros deseos.
Gracias a los algoritmos, los comportamientos de los consumidores son convertidos en datos precisos y actualizados; el sistema tiene todo nuestro historial: páginas o perfiles con los que nos identificamos, el tipo de videos que son de nuestro agrado, preferencias políticas, adscripciones religiosas, reacciones emocionales ante ciertos hechos, entre otros aspectos que condicionan el tiempo que dedicamos a revisar nuestros teléfonos.
Cuantitativamente hablando, el ecosistema digital tuvo un notable crecimiento en Latinoamérica en el año 2025, siendo Brasil y México los países más consumistas en la red con 131 y 78 millones de visitantes únicos, respectivamente. En esta era del vacío de lo real y la exacerbación del deseo material, el dispositivo móvil fue convertido en un escaparate que ofrece mercancías e ideologías para todos los gustos.
Los datos son crudos: en nuestro país hay aproximadamente 101.9 millones de usuarios en internet, quienes incrementaron su tiempo de conexión. El mexicano promedio pasa entre 8 o 9 horas diarias conectado a la red; el 39% de los usuarios (unos 39 millones de personas), pasan este tiempo revisando sus redes sociodigitales, entreteniéndose o informándose; un 22% están conectados hasta 7 horas.
El reporte 2024 de la firma DataReportal estima que unos 90 millones de mexicanos usan activamente dichas plataformas; se calcula que esta cifra se incrementó en un 6.5 millones de personas el año pasado. Este sombrío panorama hace que sea difícil o imposible encontrar a una persona en nuestro país que no use al menos una red sociodigital tomando en consideración que al menos el 70 % de la población con acceso a la red las revisa con regularidad.
Plataformas como TikTok, Facebook y YouTube promedian al menos tres horas diarias de interacción y los mexicanos son los usuarios más activos en las redes sociodigitales a nivel mundial, lo que debe abrir el debate multidisciplinario sobre los efectos de la digitalización de la subjetividad. La OMS señala que, a mayor tiempo de consumo en esas redes aumenta el riesgo en la salud mental; “los usuarios problemáticos de redes sociales presentan un menor bienestar mental y social”.
Diversos estudios han identificado una correlación significativa entre el tiempo que se pasa en la internet y las redes sociodigitales con el desarrollo de ciertos problemas de salud mental, en particular depresión y ansiedad en los adolescentes. Los resultados arrojan que cuanto más tiempo pasan los jóvenes en las redes o visitando páginas con información de poca calidad, escuchando música, es probable que experimenten problemas ansiedad, depresión, dificultades para conciliar el sueño o el aislamiento.
Se reconoce que hay un uso no problemático de los dispositivos en el que no hay consecuencias adversas a los usuarios y a quienes los rodean; pero hay un uso problemático que trae consigo complicaciones en las relaciones interpersonales, educativas o en el buen uso del tiempo libre. Sin embargo, también existe un uso patológico caracterizado por la adicción donde el individuo sufre afectaciones serias en su personalidad.
Es importante fomentar el análisis de esta exposición digital en el sistema educativo para construir nuevas estrategias que deriven en modos provechosos para disfrutar el tiempo libre, relacionarse con la familia o amigos, interactuar armónicamente con la naturaleza o bien conocerse a uno mismo. No hay nada más triste que estar compartiendo el pan en una mesa y que cada comensal esté más atento a su dispositivo móvil.










