El trabajo dignifica al hombre
Dr. Gilberto de los Santos Cruz
Carlos Marx (1818-1883) autor de una frase, «el trabajo dignifica al hombre«, en la que resumía su filosofía sobre la relación del hombre con su propia naturaleza. Bajo esta sentencia, que ha vivido varias versiones a lo largo de la historia, el filósofo explica que el hombre saca a relucir sus potencialidades con el desempeño de una labor, por otra parte, exclusiva del ser humano.
Beneficios del trabajo. A diferencia del resto de animales, el homo sapiens es capaz de modificar la naturaleza con una actividad libre y consciente. El trabajo no solo es aquel lugar en el que pasamos un tercio de nuestro día a día, sino que cuenta con valores propios que el hombre adquiere cuando desempeña una labor. Además, el ser humano consigue gracias a él sentirse integrado en la sociedad, mejorar su autoestima y proyectar una imagen positiva de sí mismo ante los demás.
Numerosos estudios evidencian que la ausencia de trabajo provoca efectos negativos en la persona y en la sociedad. Las personas que se encuentran desempleados o han perdido las ayudas estatales o subsidios, muestran una elevada incidencia de sensaciones de inseguridad, aislamiento, frustración y negatividad. También implica una reducción de las relaciones sociales y en algunos casos depresión y ansiedad.
La autoestima de la persona con trabajo se incrementa por las siguientes causas:
-El trabajador comprueba que puede desempeñar una labor que requiere conocimientos, experiencia o ambas cosas.
-El cobro de un sueldo le permite acceder a un nivel de consumo que satisface sus necesidades y, si es el caso, provee a su familia lo necesario para vivir y desarrollarse.
-El empleado acredita que puede desempeñar un rol útil en la sociedad, que le sitúa dentro de un estatus social de reconocimiento.
-Trabajar es sinónimo de acogerse a una disciplina de horarios, esfuerzo e intentos de logro de unas metas concretas, lo que implica que el empleado ponga de su parte una buena parte de sus recursos humanos.
-Para que el emprendedor o el trabajador por cuenta ajena alcance las mayores metas, y ello repercuta en la buena marcha de la empresa, es imprescindible que el entorno laboral sea motivador, recompense los esfuerzos y escuche e incentive las opiniones de todos los implicados en el proceso laboral. El trabajo dignifica al hombre siempre en tales circunstancias.
-La adecuación entre las expectativas laborales y los logros obtenidos depende de las posibilidades de mejora o promoción dentro de la empresa, así como de la movilidad del sector laboral en el que se desempeña el trabajo.
Por último, es importante citar qué circunstancias deben darse para que la máxima de que “el trabajo dignifica al hombre” se cumpla:
-Identificación del trabajador con la labor que realiza y con la filosofía y objetivos de la empresa. Adecuación entre la capacidad del empleado y el puesto de trabajo que desempeña.
-Retribución económica acorde con la labor y las responsabilidades que se realizan en el trabajo.
-Generación de un escenario de expectativas de desarrollo profesional y personal en el mediano y largo plazo.
-Ambiente de trabajo positivo y motivador.
-El trabajo dignifica a la persona porque la hace sentir capaz, útil, necesaria, autosuficiente y perteneciente a una sociedad activamente económica. Ganar algo por tu propio esfuerzo, sin que nadie te regale nada, es parte del proceso de realización personal.
Sin embargo, no todos los trabajadores están contentos con lo que hacen, la encuestadora internacional Gallup realizó una investigación a nivel mundial a más de 1.600.000 personas y preguntó lo siguiente:
En el trabajo… ¿tengo oportunidad de hacer lo que más me gusta? El 83% de los entrevistados respondieron en forma negativa. Es decir, no son felices con lo que hacen en su actividad diaria
¿Qué debemos hacer los directores y gerentes de empresas ante esta alarmante cifra de gente descontenta en su actividad laboral? De los jefes se espera que respeten a sus colaboradores, que les den un trato justo y de confianza. Además, equidad en la asignación de tareas y retribuciones, objetividad al premiar y promover a las personas; justicia, entendiendo como tal, la ausencia de discriminación y la posibilidad de apelación ante situaciones consideradas como injustas.
Si al buen trato del jefe le agregamos un relacionamiento excelente con los compañeros de equipo, y un reconocimiento de parte del cliente hacia su trabajo, el resultado será un funcionario motivado y feliz de pertenecer a la organización.
Los colaboradores se sienten respetados cuando perciben que son respaldados por la organización en el desarrollo de sus actividades, cuando sienten que pueden participar en decisiones que los afectan y cuando sus ideas son tomadas en cuenta.
En la misma encuesta se preguntó ¿cuál es el principal motivo por el que permanezco en esta empresa?
En un 70% la respuesta fue la oportunidad de crecer y desarrollarse profesionalmente, solamente el 15% refirió la remuneración como un motivo de permanencia. Esto nos demuestra que el dinero no es el principal motivo por el que uno trabaja.
Los empresarios somos antes que nada responsables de dignificar el trabajo, de brindar las herramientas y el entorno para que los empleados puedan desarrollar su trabajo con motivación.
El Papa Juan Pablo II nos decía que el trabajo es «para la persona y no para el producto», haciéndonos ver que no estamos tratando con «máquinas», olvidándonos de la dimensión humana de la empresa. Hoy tenemos que entender que no es la empresa la que crece y desarrolla a sus colaboradores, son las personas las que crecen y desarrollan a la empresa. No hay otra fórmula, ser empresario debe ser una «vocación». El trabajo es una fuente de dignificación de la persona. Dios nos puso en este lugar para llevar su reino a la empresa.









