Ana Laura Romero Basurto
“El ego anhela el aplauso; el alma, en cambio, busca la verdad.”
Ilia Topuria
Hace unos días escuché en redes sociales a Ilia Topuria, campeón mundial de peso ligero de la UFC, pronunciar una frase que trasciende el ring y se eleva a la vida misma: “El ego anhela el aplauso; el alma, en cambio, busca la verdad.”
Ese pensamiento encierra una lección que resuena con especial fuerza en el servicio público. Porque gobernar, administrar o fiscalizar desde el ego es edificar sobre humo, mientras que hacerlo desde el alma es construir sobre roca. El ego busca reflectores; el alma busca coherencia. El ego se sacia con aplausos efímeros; el alma se nutre de la verdad, aunque esta duela o incomode.
En esta Nueva ERA de transformación, que encabeza con firmeza el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, aspiramos a liderar con alma y no con vanidad, con principios y no con apariencias. Solo así, con transparencia y convicción, puede consolidarse una administración pública cercana, honesta y al servicio del pueblo chiapaneco.
Porque el ego, al inflarse, convierte a las personas en ídolos de barro, destinados a quebrarse ante el más ligero golpe de la realidad. El alma, en cambio, se forja en silencio, en disciplina y en verdad; y esa verdad, cuando gobierna, transforma no solo instituciones, sino destinos colectivos.
Nuestra mayor inspiración es el propio gobernador: un hombre que, lejos de la soberbia, camina con humildad entre su gente, consciente de sus virtudes y defectos, pero con una voluntad férrea de cambiar la historia de Chiapas. Su entrega es total, deja alma y esfuerzo en cada paso que da. Su liderazgo no se mide en discursos, sino en hechos, porque escribe con tinta de sudor y sacrificio una nueva página en la vida de nuestro estado.
La historia, esa jueza implacable, hablará por sí misma. Eduardo Ramírez está marcando un antes y un después. Si cada uno de nosotros asumiera nuestras responsabilidades con la misma entereza con la que él cumple la suya, esta patria estaría salvada.
No lo digo yo: ya lo anticipó don Belisario Domínguez, mártir chiapaneco y conciencia de la nación, quien sostuvo que el deber de cada ciudadano y gobernante es servir con valor y con verdad, aun a costa de la propia vida.
Que esta reflexión nos sirva para recordar que no vinimos a buscar aplausos, sino a sembrar convicciones. No vinimos a coleccionar halagos, sino a transformar realidades. Porque el ego se extingue con el tiempo; el alma, cuando se entrega al servicio del pueblo, trasciende para siempre.
Que el eco de los aplausos no nos distraiga del verdadero propósito: servir con el alma.
Porque los aplausos se apagan, los reconocimientos caducan, pero la verdad permanece, y cuando la verdad guía nuestras acciones, se convierte en legado.
Esa es la fuerza que nos inspira, esa es la convicción que nos mueve en esta Nueva ERA de Chiapas: caminar con humildad, servir con dignidad y dejar que sea la historia —y no el ego— quien escriba nuestro destino.










