María Elena Orantes*
“Una transición energética exitosa será aquella que incluya a todas las voces, especialmente la de las mujeres”
Los desafíos globales están al orden del día y parece que tienen como denominador común amenazar el equilibrio de nuestro planeta: desde importantes desafíos geopolíticos hasta devastadoras crisis climáticas. Para combatir el cambio climático, la transición energética se ha convertido en el remedio, aunque no debe consistir exclusivamente en el reemplazo de energías fósiles por energías renovables, sino que debe incluir a todos los sectores, especialmente aquellos que históricamente han sido apartados como las mujeres, quienes son agentes de cambio y tienen el poder de inspirar nuevas formas de pensar y liderar.
Tradicionalmente la industria del petróleo y gas ha sido dominada por la fuerza laboral masculina. En 2018, por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía (IEA) reportó que las mujeres representaron tan solo el 20% de la mano de obra, a pesar de constituir el 40% de la fuerza laboral global. En contraste, la participación de las mujeres en el sector de las energías renovables fue mayor, con un promedio global de 32%, pero la mayoría son empleos administrativos, y no en los campos de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), los cuales tuvieron una aportación del 28%, de acuerdo a la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés).
Podríamos pensar que el problema del género en el sector energético es sencillo: una subrepresentación laboral; en realidad es más profundo. Pondré dos ejemplos: el primero es la percepción de los roles de género que limitan a las mujeres a estudiar carreras STEM. El segundo es el techo de cristal que impacta negativamente en su desarrollo profesional; en 2023, por ejemplo, la ONU calculó que de 190 países solo el 11% de estos tenía mujeres como ministras de Energía. Espacios fundamentales para desarrollar políticas inclusivas que reflejen sus necesidades reales.
Una de esas necesidades de las mujeres es el acceso a energías limpias. Para ese mismo año, la CEPAL calculó que había más de 16 millones de personas que no tenían acceso a la electricidad y 77 millones seguían usando leña y carbón; las mujeres, niñas y niños por la naturaleza de los roles sociales son los más afectados.
La transición energética es vital para el futuro del planeta, pero también una oportunidad para corregir esa disparidad y avanzar hacia una sociedad más justa y un modelo económico más equitativo y sostenible.
Cónsul general de México en Houston, empresaria mexicana y presidenta internacional de 50+1*










