Frankenstein y los límites de la bioética

Frankenstein y los límites de la bioética

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

Más allá del amor de Guillermo del Toro por sus monstruos, su nueva entrega, Frankenstein, explora los límites de la bioética y su relación con la condición humana; fiel a su estilo, el jalisciense se sumerge en el pasado para recrear los efectos de una ciencia que rebasa todos los límites. El monstruo en esta historia no es la criatura, sino su creador, el Dr. Víctor Frankenstein.

La cinta está influida principalmente por la literatura romántica y tiene un tono melancólico que pone de manifiesto las sutiles fronteras entre la vida y la muerte, el amor y el odio, la salud y la enfermedad, pero sobre todo retrata el afán del ser humano por inmortalizarse mediante la ciencia. El galeno encarna a una sociedad materialista llena de violencia, búsqueda de dominio y decadencia, y su creación es una manifestación del poder adquirido.

La trama se desarrolla en dos momentos: la historia de vida tormentosa del científico, marcada por una infancia dolorosa y la pérdida de su madre; y la versión nihilista del monstruo que no sabía por qué había venido de esa manera a un mundo donde no tenía cabida.  Es probable que del Toro pretenda que la gente encuentre inspiración en personajes que la sociedad pudiera calificar como grotescos, enfermos o repugnantes.

Los límites bioéticos planteados en la trama exponen una trasgresión científica que se adhiere a los discursos sobre el poder presentes en el siglo XIX: devolver la vida a alguien juntando trozos de varios cadáveres expone el carácter ambicioso de cierta parte de la comunidad científica. El bio poder no solamente significa producir la muerte a través de plagas o enfermedades, también se expresa en el afán del ser humano de vencer ese trágico final.

En su existencialismo, el monstruo adquirió conciencia de lo que es no tener lugar en un mundo absurdo; no es la muerte la que despoja el sentido de la vida, sino que es ésta última con su materialismo la que impone superficialidad y decadencia. Mary Shelley se anticipó a Nietzsche en cuanto a exponer la magnitud de los alcances negativos del humanismo, ya que el hombre fue puesto por encima de todas las cosas, incluyendo a la naturaleza.

En su dolor, la creación de Frankenstein le dio un significado negativo a su inmortalidad forzada, y en su devenir buscando venganza anhelaba la muerte, porque solamente veía podredumbre y decadencia en la sociedad. La muerte representaba para la criatura el anhelo de una trascendencia que la alejara de la frivolidad de una sociedad altamente materialista.

Los límites bioéticos de la ciencia y su impacto en la condición humana fueron expuestos por las literaturas romántica y decadente; Mary Shelley fue señalada de ser existencialista, pero su obra indagó profundamente en las raíces del ser, la identidad, la vida y la muerte. Los claroscuros de Víctor Frankenstein por experimentar incansablemente para sentar las raíces de la inmortalidad fueron cuestionados con firmeza por el monstruo, quien estaba convencido de que la verdadera trascendencia estaba en el amor y la inevitable muerte, más no en una vida artificial.

Shelley recreó a Víctor Frankenstein como un dios creador que no tiene conciencia de los alcances de su hechura; al final de cuentas el monstruo fue abandonado a su suerte y probablemente le viene a la perfección a una humanidad que fue arrojada al mundo sin pedir nacer, tal y como lo expresó Martín Heidegger en Ser y Tiempo. Los seres humanos luchan por comprender un mundo absurdo, pero desde esta sensación de abandono, puede surgir el sentido de la vida.

Probablemente para una ciencia carente de ética, vencer a la muerte sea superar a Dios, pero lo que está en el telón de fondo es el poder absoluto; quien tiene el control científico y tecnológico detenta, además, el poderío económico. El Dr. Víctor Frankenstein, quien venía de una acaudalada familia, jamás quedó caracterizado como un ser humano, él era el verdadero monstruo.

Guillermo del Toro conoce a la perfección la obra de Shelley y en todas sus películas recrea profundamente escenarios góticos que muestran a una sociedad que en vez de desarrollarse se destruye a sí misma. La ciencia más que servir a la humanidad sirve a intereses siniestros que ponen de manifiesto que lo que más importa es el poder, el dinero y el control.

Los monstruos son esenciales para el cineasta para exaltar la ambigüedad de la condición humana; ellos encarnan el malestar de ciertas personas que han tomado conciencia de la decadencia no solo de la ciencia, también de los sistemas gubernamentales, educativos y religiosos. El miedo y los horrores son útiles para comprender la realidad del ser humano como villano o víctima.

El cine de Guillermo del Toro puede concebirse como la recreación de emociones intensas expresadas a través de personajes controvertidos, desquiciados, esquizofrénicos o delirantes que reflejan el malestar de una sociedad que no se ama a sí misma, a tal grado de pretender inmortalizar ese odio.

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