Héctor Béjar (Entrevista 1a. PARTE)
El enigma peruano.
La crisis en el Perú está lejos de haber concluido. El pasado 4 de enero se han realizado importantes movilizaciones en contra del gobierno de Dina Boluarte, exigiendo que se convoque nuevamente a elecciones. Para comprender mejor las causas y posibles resoluciones de la convulsa coyuntura peruana conversamos con Héctor Béjar, reconocido intelectual, profesor y militante peruano. La entrevista para Jacobin América Latina fue realizada por Pablo Toro y Jorge Ayala a principios de enero por lo que no recoge los eventos de los últimos días.
– ¿En qué momento político se encuentra Perú a partir del golpe de Estado parlamentario contra Pedro Castillo y la irrupción de este nuevo gobierno de facto, el cual ha sido denominado como dictadura cívico-militar?
En Perú cada situación es distinta según la región que se considere. En Lima, que tiene 10 millones de habitantes y que es la ciudad donde vive un tercio de la población del país, hay una tensa calma en el sector céntrico, que es donde se realizan normalmente las protestas, habiendo una ocupación policial en las plazas de la capital. En otro plano, el conjunto de la gente, entendiendo esta como el promedio de los limeños y las limeñas, vive un ambiente navideño y de año nuevo, aunque con menos movimiento en comparación a otros años debido a causas tan diversas y desconocidas que incluyen, por ejemplo, a la inflación.
En el norte del Perú la situación es bastante desigual. En Cajamarca, epicentro de las «rondas campesinas» —una organización muy importante aquí—, prevalece, en general, una situación de calma. En el sur andino, que es el más radical, hay mucho dolor y rabia. Las ciudades de Andahuaylas y Abancay prácticamente están siendo ocupadas por parte del Ejército y las Fuerzas Armadas. En algunas provincias, como es el caso de Puno, el paro sigue y no ha terminado, pues las carreteras siguen bloqueadas.
En base a ello se puede decir que una parte del Perú ha participado en la protesta mientras que otra parte no. En eso debemos ser objetivos. La parte que ha protestado, que es muy activa, aunque no es la mayoría, es muy importante porque es la parte organizada socialmente. Comprende todo el sur y una tercera parte del norte y de Lima. Es de esperar, además, que entre el 4 y el 10 de enero las protestas se reanuden, quebrando el Estado de emergencia.
Esto significa que hay que prever nuevos enfrentamientos y muy duros. Ya hay muchos heridos y se habla de una cantidad de muertos mayor de la que el gobierno reconoce oficialmente (entre 25 y 30). Hace poco la agencia Reuters difundió un video en donde se está disparando a una persona que está auxiliando a un herido, lo cual es una prueba de que las fuerzas armadas y policiales han disparado directamente al cuerpo de la gente, cosa que el gobierno niega hasta el día de hoy.
Entre el régimen anterior de Castillo y el que empezó con la señora Boluarte (y que, según se anunció, planea quedarse hasta 2024) hubo una gran bisagra. Esto es complejo, ya que el Congreso actual es muy repudiado por toda la gente; independientemente de sus colores políticos, de sus creencias políticas o religiosas, la gran mayoría detesta al Congreso y al sistema político. En mi opinión, son absolutamente ilusos si piensan que el Perú los va a soportar un año más (2023 y parte del 2024).
Hay mucha indignación —y no solamente de la parte que está protestando— porque los congresistas actuales están aprovechando parte del pleno poder que tienen en este momento para modificar la Constitución a su favor. Ya aprobaron que va a haber dos cámaras legislativas: la de diputados y senadores, mientras en nuestro país siempre ha existido solo una cámara, que es el congreso y que es parte de una asamblea legislativa. Aseguran que los senadores de la cámara legislativa serán los actuales congresistas, lo que significa que no habrá ningún candidato que no sea congresista actual para el próximo senado, prohibiendo también el referéndum. Este tipo de medidas absurdas explica el resentimiento de la gente y el incremento de la furia popular.
– ¿Qué evaluación hace del gobierno de Pedro Castillo y cómo piensa usted que se llega a esta situación?
Es una pregunta que para mí no tiene respuesta todavía. Para mí, Castillo es un misterio. Todos saben —y no voy a repetir la historia de que es un hombre del pueblo— que es un maestro rural, pero él pudo hacer mucho más de lo que hizo. Y es cierto que estuvo inmovilizado prácticamente producto de la acción de una parte del congreso y de la ultraderecha peruana (una derecha increíblemente reaccionaria y cavernaria), que lo acosó desde antes que se hiciera cargo de la presidencia y, por supuesto, todo el año y medio en que estuvo al frente del gobierno.
Pero a pesar de todo eso él pudo haber impulsado desde el Ejecutivo una serie de transformaciones, aquellas por las cuales la gente había votado, como eran apoyar la educación firmemente. Por poner un ejemplo, Castillo tenía un excelente ministro de salud, el médico Hernando Cevallos. Inexplicablemente, siendo su mejor ministro, fue removido de su cargo y cambiado por otra persona.
Además, estuvo involucrado en una serie de hechos extraños, que hasta ahora no han sido aclarados, y que él tampoco aclaró. Ha guardado silencio hasta el último instante, que es lo más misterioso de todo. Cuando lee ese caricaturesco mensaje en el cual declara disuelto el Congreso y ordena a los jefes de las FFAA disolver el parlamento lo hace sin haber tenido ninguna preparación, sin ni siquiera haber hablado con ellos. Ese misterio que rodeó su gestión, que se ha agudizado por el silencio del propio Castillo, tiene que ver también con la gente que lo rodeaba, y no necesariamente su gente.
El palacio de gobierno está lleno de cámaras grabadoras, ya que toda sede presidencial tiene un sistema de seguridad, y cualquiera persona que tenga un juicio elemental, no puede aceptar que le digan que no sabe qué pasó en esa hora del mediodía del 5 de diciembre. Eso se sabe. ¿Por qué lo oculta Castillo? ¿Por qué lo oculta la derecha? ¿Por qué lo ocultan los jefes militares y civiles del sistema de seguridad del Palacio? ¿Por qué los fiscales no preguntan sobre eso y por qué simulan no conocer eso? Sigue siendo un misterio, hasta este momento.
– ¿Cómo evalúa el accionar de los grandes poderes fácticos, como los grupos empresariales y las Fuerzas Armadas?
Pues nunca lo aceptaron [a Castillo] ni lo aceptarán, porque son racistas, como lo sabemos. Yo siempre lo he dicho: el Perú es gobernado por una casta racista desde el comienzo de la República, desde unos antiguos apellidos que figuran en el acta de la independencia y que todavía continúan gobernando directamente. Esta casta, que fue hispanista, fascista y que ahora es pro Estados Unidos, no puede aceptar a un hombre como Castillo. Eso va más allá de lo que yo he dicho de Castillo; no soy ningún entusiasta suyo, pero también creo que las personas que lograron destituirlo son peores que él, mil veces peores.
Esa es la desgracia del Perú. Estamos en un proceso muy complejo: el país fue destruido por los neoliberales en los años 90, lo dejaron sin ninguna empresa, sin un solo barco y sin un solo avión. Y eso se vio por ejemplo para la pandemia, cuando se hizo más evidente que nunca que no disponíamos de un solo avión de transporte capaz de llegar a Europa para traer vacunas. Los aviones de la Fuerza Aérea tienen un alcance limitado, tienen que hacer escalas, y resulta que el Estado peruano no tiene ni un solo barco y ni una sola maquinaria pesada.
Entonces por un lado hay una enorme destrucción material, porque en los diez años de Fujimori los bienes del Estado peruano fueron rematados a un precio vil. Pero eso no es lo más importante, eso tú lo puedes restituir y comprar. Lo más grave es que el Perú fue agravado moralmente: todo el sistema que fue implantado por la fuerza, desde el modo en que el Estado contrata hasta cómo se eligen los parlamentarios, los funcionarios públicos, es corrupto; eso ha traído como consecuencia que tengamos un sistema corrupto estructuralmente. Y no es solamente una cuestión —como dice la prensa— de que fulanito de tal, un ministro o un funcionario sean corruptos. Seguramente lo son, pero ahí el problema se soluciona encontrando al corrupto, separándolo y metiéndolo preso. El problema es que en Perú es el sistema el que es corrupto. Y para cambiar el sistema, como ya sabemos, se tienen que hacer cambios profundos, a los cuales se va a oponer la misma gente que vive de ese sistema corrupto.
Esto trae consecuencias. El Perú es un país sin derechos, donde es normal trabajar 12 o 14 horas diarias, donde no se tiene seguridad social ni jubilación, etcétera. A cambio de eso, haces lo que se te da la gana: ahí puedes formar una empresa, dedicarte al contrabando, te conviertes en lo que los liberales llaman autoemprendedor o microempresario, y entonces vulneras todas las leyes. Lima y todas las grandes ciudades son un caos, porque no existen leyes; nosotros tenemos 30 mil leyes, casi vamos a llegar a las 40 000, pero muy pocas se cumplen y la gente no está habituada a cumplirlas.
¿Por qué protestan ahora? Porque ahora la prensa de la derecha, que además es concentrada y ultrarreaccionaria, dice que hay vandalismo en el Perú. Pero, ¡por favor!, ¡siempre hubo vandalismo! El vandalismo ha comenzado con los bancos, con los grandes. Cuando la gente toma los aeropuertos, se mete a las pistas de aterrizaje, quema las fiscalías, los juzgados, las comisarías y «no respeta nada» … ¿De qué nos quejamos cuando «no se respeta nada»? ¿Qué leyes quieres que se cumplan si estas no se cumplen en el Perú? Las protestas son pacíficas, siempre empiezan siendo pacíficas; es la forma en que son reprimidas por la Policía y ahora también por el Ejército lo que provoca la violencia.
Y los medios agudizan la cuestión empleando un lenguaje violento. Hace poco, por ejemplo, en un canal muy popular, convocaron al abogado de Castillo, pero la entrevista terminó a los gritos, con la entrevistadora pidiendo a los guardias de la televisora que sacaran a la fuerza al entrevistado del canal y todo… Ese es el estilo que manejan actualmente los grandes medios en el país. Así estamos, y ese es el tipo de periodismo que tenemos. Entonces, ¿qué país quieres? ¿De qué te quejas?







