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México convulso

Javier Santiago Castillo

En el artículo anterior dimos un vistazo a las convulsiones que aquejan al mundo. Ese es el contexto en el que México tiene sus propias turbulencias. En el tema de la salud México tiene el peor resultado en relación con la pérdida de vidas humanas de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esa organización reporta que 4,456 mexicanos por millón murieron en exceso, mientras que el promedio de esa mortalidad entre sus países miembros es tres veces menor. Hasta la fecha en México han fallecido 330 mil 279 personas, lo que lleva a 2 mil 535 muertes por millón de habitantes.

Este resultado, en alguna medida, es consecuencia a la frivolidad en la forma de manejar la pandemia a su inicio. México solo obligó a sus ciudadanos a llevar mascarilla un 5.5% del tiempo, mientras que países comparables en términos de desarrollo forzaron esa política durante un 48.9%. También, apenas restringió las aglomeraciones, sólo un 6.5% del tiempo, comparado con un 23.4% en países de similares condiciones económicas.

Aunque, el proceso de vacunación fue proactivo, desde las negociaciones para conseguir las vacunas rusas, chinas, estadounidenses, británicas y cubanas, hasta la logística para su aplicación, prácticamente impecable.

La OMS acordó “continuar considerando a la pandemia del coronavirus como una emergencia de salud pública de preocupación internacional”, pero, se desconoce si existe en México un plan para atender un rebrote del Covid-19. Tampoco se ha informado de la existencia de evaluación de las repercusiones en la salud directas e indirectas, sobre todo psicológicas.

Según la OMS la depresión y la ansiedad se incrementaron, en el mundo, un 25% el primer año de la pandemia. Lo que llevó a que mil millones de personas padezcan alguna enfermedad mental. México no es la excepción, sólo los casos de depresión y estrés son casi 5 millones de personas afectadas y únicamente se cuenta con 434 establecimientos para atenderlos. Las afecciones mentales desde de tiempo atrás son un problema de salud pública agravado por la pandemia.

Por otra parte, México fue de las economías con mayor disminución del Producto Interno Bruto (PIB). La recuperación se realiza a una tasa 4 veces menor que el promedio de la OCDE. Según el FMI, en 2021, el Producto Interno Bruto (PIB) del país creció 4.8%, un paso adelante, pero al mismo tiempo insuficiente para compensar la profunda caída del 8,4% en 2020. En 2021 será de 1.6 y 2023 del 1.

La agencia Fitch prevé que el PIB de Estados Unidos crezca sólo un 0.5% el próximo año, frente al 1.5% que consideraban las previsiones de la agencia en junio. Los economistas de esa agencia esperan que la recesión sea bastante suave y que la tasa de desempleo aumente del 3.5% actual al 5.2% en 2024,

Es claro que la recuperación económica de México está atada a la de Estados Unidos; quien se encuentra en la frontera de caer en una recesión económica que sería catastrófica para nuestro país. El escenario no es nada halagüeño. La persistencia del actual gobierno de considerar inexorable el destino de la economía del país a los E.U. nos está arrastrando a la recesión.

La deuda externa, a pesar de las turbulencias financieras, se ha mantenido al equivalente de alrededor del 50% del PIB, durante la pandemia fue excepcional pues no contrajo deuda adicional. Lo cual es relevante para la salud de las finanzas públicas. Pero la deuda interna se incrementará, según el presupuesto aprobado esta semana, en 1.2 billones de pesos, lo cual si conlleva riesgosa para las finanzas públicas.

Como fenómeno global la inflación es un problema grave. En México el incremento anual del Índice de Precios al Consumidor en México a septiembre de 2022 ha sido del 8,7%. Con el gasto fiscal controlado y una política de aumento en las tasas de interés por parte del banco central, las expectativas de un crecimiento más veloz cedieron terreno a un crecimiento mucho más gradual y pequeño para este año y el próximo.

Hay que destacar el aumento de los precios de Alimentos y bebidas no alcohólicas, hasta situarse su tasa interanual en el 14%. En lo particular, se incrementaron los precios, en el vestido y calzado 5.7, vivienda 3.2, medicinas 8.6, transporte, 7.6 y, ocio y cultura 5.7. Paradójicamente, México se colocará en la posición 15 del ranking de las economías más grandes del planeta este año, tras desplazar a España al lugar 16 de esa relación.

Como medida para controlar la inflación, el subsidio a las gasolinas rondará alrededor de los 400,000 millones de pesos. De no ser por los estímulos fiscales a las gasolinas, la inflación en México rondaría en el 14% a tasa anual. Las finanzas públicas no resistirán un año de esta medida.

Es septiembre la exsecretaria de economía Tatiana Clouthier presentó un programa de desarrollo industrial. El programa es tardío y a reserva de un análisis posterior se puede señalar algunas deficiencias esenciales: no expone las acciones para implementarlo, ni plazos, ni objetivos específicos. Aunque, es indispensable buscar el multilateralismo en las relaciones económicas. Pero, esperemos algo se avance. Más vale tarde que nunca.

Coneval La pobreza por ingresos podría incrementar entre 7.2 y 7.9 puntos porcentuales, teniendo un incremento de la pobreza extrema por ingresos entre 6.1 y 10.7 millones de personas para 2020, mientras que para la pobreza laboral se estima un aumento de 37.3% a 45.8% en los primeros dos trimestres de 2020.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), la cuarentena para evitar la propagación rápida del virus COVID-19 generó que aproximadamente 30 millones de alumnos, de todos los niveles educativos presenciales, dejaron de ir a sus centros escolares porque se suspendieron las clases. Aquí se presentan esencialmente dos problemas: el rezago educativo y, la depresión y la ansiedad derivados del aislamiento. No se conocen programas emergentes para atender esta situación tan delicada.

Otro elemento sustancial de la turbulencia nacional es la inseguridad pública. A reserva de abundar en este asunto en un artículo posterior, existen aspectos esenciales de la problemática que es necesario señalar. Este problema tiene esencialmente dos vertientes: la delincuencia común y la organizada. Ambas laceran la vida cotidiana de la población. En el combate a inseguridad se ha puesto énfasis en atacar la delincuencia organizada. Así lo demuestra la organización de la Guardia Nacional y la reforma constitucional que autoriza la acción del ejército en actividades de seguridad pública hasta 2028.

La delincuencia común requiere atención de los dos primeros escalones de las fuerzas de seguridad: la policía municipal, estatal y ministerial de las entidades federativas. En estos niveles es donde no se observa avance en su profesionalización, que necesariamente transita por mejorar sus condiciones laborales.

En el caso de la delincuencia organizada lo que salta a la vista con el impulso a la reforma para la participación del ejército en actividades de seguridad pública es que la Guardia Nacional no se consolidará en los seis años de esta administración. Lo más delicado es que no se observa el diseño de una estrategia nacional integral, que atienda las diversas facetas del fenómeno delincuencial e incluya a los tres niveles de gobierno. Pero los más acuciante es ubicar el problema como político. Así lo demuestran las evidencias exhibidas por el hackeo de la información de la Secretaria de la Defensa Nacional en la que se expone la relación de diversos actores políticos con la delincuencia organizada.

Todos estos elementos son un riesgo para la gobernabilidad del país, de agudizarse varios de ellos simultáneamente en esta última etapa del sexenio nos pondrán al borde de una turbulencia económica, social y política delicada.

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