PRIMERA PARTE
Jordi Arcarons Daniel Raventós
¿quién teme a la renta básica?
Algunas de las buenas consecuencias que están produciendo para estas elecciones del 23 J ciertas propuestas de Sumar son las que promueven un debate sobre algunos aspectos económicos. Incluso sobre los impuestos: uno de los temas más visceralmente polémicos allá donde los haya. Los impuestos son valorados de forma muy diferente según se pertenezca a un pensamiento próximo al liberalismo o a uno cercano al republicanismo socialista. Para los partidarios del primero los impuestos serían algo así como un robo hacia los más ricos (aquí se pueden consultar algunos de sus argumentos más actuales que proponen aplicar en el reino de España). Para los segundos, entre los que nos situamos, una condición de la libertad. En medio podemos encontrar todo tipo de variantes más o menos anodinas.
Otra buena consecuencia de las propuestas de Sumar es mostrar el desastre del Ingreso Mínimo Vital. Tanto por concepción como por gestión. Y es gratificante ver antiguos supporters del IMV que hablaban de un salto histórico del Estado de bienestar o genialidades parecidas, hoy en Sumar criticándolo con argumentos si no originales sí impecables.
La “herencia universal” y alguna cifra
Ha causado cierto interés en algunos y visceral rechazo en otros la propuesta de Sumar sobre la “herencia universal” de 20.000 euros a las personas que vayan cumpliendo 18 años. Algunas críticas se refieren a su universalidad y son tan mediocres como todas las conocidas precisamente contra todas las medidas universales. Otras se refieren a su falta de concreción en cómo financiar la propuesta. Las más vulgares hacen referencia a que se trataría de una subvención que costaría a otros demasiado dinero. Hace ya unas semanas escribimos este artículo en el que aportábamos algunos números. De forma muy sorprendente, también hubo quien nos reprochó que lo hiciéramos porque se trataba solo de lanzar ideas. Pero parece que ahora aquellos números se dan por correctos. Lamentablemente, sigue habiendo errores de concepción y de cálculo. Apuntaremos cuatro.
Uno. Se dice que los 10.000 millones anuales que costaría la propuesta se financiarían con el impuesto temporal de solidaridad de las grandes fortunas (IGF) que pasaría a ser permanente. Cuando por este concepto, según el propio gobierno, se recaudarían 1.500 millones, aunque en realidad serían tan solo 635 debido a un error de redacción de la norma que han sabido aprovechar los grandes patrimonios de Andalucía y Madrid.
Dos. Uno de los portavoces de Sumar anuncia que esta “herencia universal” tendría “un destino finalista: el dinero deberá invertirse y justificarse en un proyecto de inserción laboral, emprendimiento o formación. Además, la Administración del Estado deberá asesorar al receptor del dinero en el diseño de sus planes formativos, laborales o empresariales”. En buena justicia debería decirse “herencia condicionada”, o «universal y condicionada» ¿verdad?, aunque quede más feo. Condicionada a que los planes formativos, laborales o empresariales sean del agrado de los controladores pertinentes. Y al destino finalista que vaya a usted a saber cuál deberá ser.
Tres. Una “herencia universal”, más conocida en la literatura académica como “capital básico” que quizás es menos bonito, sobre esto no vamos a discutir, se puede traducir en una renta básica (y una renta básica se puede traducir en un capital básico). Pero no por ello pueden equipararse estrictamente. Son aspectos tratados académicamente ya hace muchos años. Concretamente, la propuesta de Sumar en el caso de una vida no muy larga, pongamos de 75 años, supone una renta básica (sin contar la devaluación por la inflación en tantos años, cosa que pasamos generosamente por alto) de 29 euros al mes. Si la persona vive menos la renta básica sería mayor, si vive más menor, claro. Se trata de una cantidad francamente pequeña si queremos tratar aspectos tan importantes como libertad, existencia material garantizada, etc. Y aceptamos que sean aspectos que puedan importar un higo a las personas que defienden una “herencia universal”. Pero a nosotros nos importan y por eso lo comentamos.
Cuatro. Se dice que la propuesta tiene precedentes en Thomas Piketty. Está bien referirse a autores de moda, pero la cosa viene de mucho más lejos. Quizás no esté tan de moda, aunque a nosotros nos encante hacerlo, citar a revolucionarios como Thomas Paine de quien sí es la idea original de la propuesta. Pero, aparte de la paternidad, de por sí importante en el debate de las ideas, lo que aquí es relevante es que Piketty sugiere como cantidad 120.000 euros, lo que es 6 veces más que lo que plantea Sumar. Algo no precisamente de poca importancia. Además, este autor propone un impuesto sobre la riqueza/patrimonio que no tiene absolutamente nada que ver con el IGF, dado que el tipo efectivo máximo que él formula es del 90 % (cuando el del impuesto del patrimonio es del 2,5 % y el del IGF del 3,5 %). Hemos calculado que el esquema de Piketty aplicado a la muestra del Panel de Hogares de 2019 del reino de España y con tres condiciones que nos parecen digamos prudentes, supondría una recaudación de 9.100 millones de euros, es decir, casi 5,1 veces más que lo que el impuesto sobre el patrimonio y el IGF juntos hubieran recaudado en 2019, (o 2,4 si el error de redacción de la norma puede subsanarse). En cualquiera de los dos últimos casos, la distancia respecto a lo que debería recaudarse para financiar el coste de 10.000 millones de la propuesta de Sumar es más que evidente (entre 6.450 y 7.300 millones de euros). E, incluso, con un impuesto muchísimo más agresivo para las grandes fortunas como el que propone Piketty seguiría incurriéndose en un déficit de 900 millones euros de financiación.
No cabe duda, vistas las noticias que periódicamente nos señalan del más que inmoral grado de concentración que está alcanzando la riqueza y los beneficios de las grandes empresas a nivel mundial, donde el reino de España no es ninguna excepción, que resulta ya imprescindible, por salud democrática, diseñar un impuesto sobre la riqueza, para frenar y revertir esa concentración. Es reconfortante saber que la propuesta de Sumar hable de hacer permanente el IGF, pero visto todo lo que hemos apuntado hasta este momento, lo sería aún más que propusiera una reforma del mismo un tanto más osada que la actual.
Con lo expuesto hasta ahora, tenemos la impresión, y algo más que la impresión, que hay propuestas que rodean, rozan, flirtean con la renta básica, pero que eluden llegar a abrazarla completamente. Es como si fuera algo tan prohibido, tan peligroso, tan irreverente que todo vale para evitarlo, aunque nos acerquemos peligrosamente. Da miedo, parece ser. Sabemos que alguna persona ingeniosa le ha puesto literatura: el miedo a la renta básica o quién la teme. Hace pocos días, uno de nosotros, tuvo la ocasión de debatir en la Universitat Pompeu Fabra con un crítico de la renta básica que proponía un impuesto negativo sobre la renta, complementado con trabajo garantizado, con subsidios condicionados, con herencia universal… La cosa más rebuscada y superferolítica que imaginarse pueda, pero parece que todo vale menos defender la renta básica. ¿Cuál es el problema? No somos especialistas en psicología, pero empezamos a pensar que tendremos que estudiarla a fondo para entender determinadas situaciones.
Acabar con la pobreza junto a una concepción determinada de la libertad
Avanzamos lo que hemos mostrado con mucho detenimiento en un próximo libro que se publicará a finales de septiembre. Financiar una renta básica mediante una reforma del IRPF, un impuesto sobre la riqueza (éste sería un buen ejemplo de la osadía a la que nos referíamos un poco más arriba, una osadía que tampoco sería heroica para poner las cosas en su sitio) y un impuesto ambiental es justo, racional, factible y viable. Con efectos inmensos sobre la redistribución de la renta. Nos atrevemos a decir que espectaculares porque modificaría los indicadores más utilizados, como el índice de Gini, por ejemplo, a niveles de los países más igualitarios actualmente del mundo como Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega. Mostramos cómo puede financiarse no solamente para el reino de España sino para toda la Unión Europea. Resultado que, sea dicho sin la menor intención de importunar, no sabemos de la “herencia universal”.
Una reflexión que cada vez se nos sugiere desde distintos orígenes. Tiene la forma de dos preguntas. La primera: ¿cuánto cuesta una renta básica? Llevamos tiempo en ello y, aunque los datos que vamos disponiendo son cada vez mejores y más completos, los resultados no cambian significativamente. El coste neto del supuesto más caro de los cuatro que se contemplan en nuestro actual estudio se sitúa en algo menos de 14.000 millones de euros, una cantidad que supone el 1,12 % del PIB. Debe entenderse que esta cifra es un saldo negativo entre lo que aportan los más ricos y lo que perciben los más pobres, puesto que la hipótesis que sustenta el cálculo es la redistribución de la renta entre ricos y pobres. Se trata de una propuesta que otorga a cada persona una cantidad igual al umbral de la pobreza, financiada de forma favorable a los que menos renta tienen y que supone un beneficio para aproximadamente el 80 % de los hogares de menor renta y una pérdida para el 20 % de los hogares más ricos. Una propuesta que acaba con la pobreza que como es sabido ronda los 10 millones de personas en el reino de España. No son palabras menores. Acabar con la pobreza es un objetivo inmediato para toda persona partidaria de la libertad republicano-socialista, que debemos aceptar deportivamente que no es compartida muy mayoritariamente quizás por gran parte de la izquierda.
La segunda pregunta, que no se realiza tan habitualmente, es: ¿cuánto cuesta no disponer de una renta básica? Pongamos costes en salud mental, costes en presos por pequeñas delincuencias, costes en pobreza infantil (sabemos que son 63.079 millones lo que cuesta anualmente la pobreza infantil en el reino de España, el 5,1% del PIB, según un informe del Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil), costes por situaciones de malestar en el empleo, entre otras.
Se nos podrá reprochar que la propuesta de la renta básica que defendemos es una opción muy determinada de una política económica. Una opción republicano-socialista de la libertad que ya hemos admitido que quizás no es compartida por gran parte de la izquierda. Esta opción nos atrevemos a calificarla quizás de forma imprudente de reforma emancipadora. Y sí, por decirlo con las palabras de David Calnitsky: “El concepto de reforma emancipadora, por otra parte, se refiere a una política social que puede mejorar una privación concreta, pero lo hace de un modo que nos acerca a una visión moral subyacente. Se trata de políticas que inclinan la balanza del poder y refuerzan la posición de los pobres y los trabajadores cuando se enfrentan contra jefes, cónyuges y otras personas poderosas en sus vidas”. La opción por la renta básica es una opción en defensa de la existencia material de toda la población, condición para poder ejercer la libertad. Es una opción para, efectivamente, inclinar la “balanza del poder”. Y hay otras opciones muy diferentes, muy cierto. Por ejemplo, las que conocemos aplicadas realmente. Sea dicho sin ánimo tampoco de importunar: presupuestos militares cada vez más desorbitados y dádivas milmillonarias a la iglesia católica (sin denuncias del concordato vergonzoso), ¿se imaginan estas partidas sirviendo para contribuir a la existencia material de toda la ciudadanía, ayudando a financiar una renta básica? Quizás es pedir demasiado, y sin ánimo de parecer inoportunos una vez más, solamente lo sugerimos para lo que pueda servir.
Apostilla
Si alguien pretende inferir de nuestro artículo que únicamente queremos contraponer la renta básica a la llamada herencia universal creemos que está equivocado. Lo que pretendemos es fomentar la claridad en el debate de las ideas. En todo debate ninguna idea merece ser respetada en un sentido muy preciso: todas merecen ser discutidas. Y es lo que intentamos hacer. La renta básica tal como ha sido estudiada en sus vertientes filosófico-políticas y económicas nos parece una propuesta mucho más eficiente, consistente y mejor fundamentada para la libertad de la mayoría no rica que la herencia universal. Acostumbra a ser más aceptado que la defensa de que todo es compatible y hasta complementario es más simpático que defender una propuesta en detrimento de otras. Puede ser. Pero simpática o no, no es nuestra forma de entender cómo funciona el mundo y las distintas propuestas que pueden hacerse para que funcione algo mejor en beneficio de los no estrictamente ricos.










