Comentario Políticos
Armando Domínguez
La 4T avanza, se estanca o retrocede, el 6 de junio
Eduardo Balcázar Castillo, candidato a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez por el partido Fuerza por México, tiene un futuro prometedor en la política. En su comportamiento y en sus dichos demuestra una verdadera convicción de servicio a los demás, inquietud, por lo que pasa en su entorno y un espíritu crítico del presente. Esas cualidades lo han impulsado a participar en los asuntos colectivos e inyectarle dinamismo a la vida política y exigencia más allá de las elecciones. Ciertamente, Balcázar no es un político improvisado y mucho menos que haya estado implicado en escándalos de corrupción. Tiene varios años haciendo activismo político al lado de los artesanos, de los obreros, estudiantes y jóvenes, realizando acciones altruistas o en favor de la cultura, el deporte, de apoyo a los nuevos emprendedores, es decir, haciendo política ciudadana, a ras de suelo. Por lo mismo, tienen sentido los señalamientos que Eduardo Balcázar hace sobre el pasado y sobre algunos candidatos de hoy a los que califica de representar lo peor de ese pasado corrupto y ominoso. En eso estriba el motivo de su propuesta de una revolución moral o a lo que él mismo sugiere como un llamado de reflexión al voto para este 6 de junio; en el caso concreto, se pensó que se respiraría un nuevo ambiente en Tuxtla tras la salida del PRI del poder. Mas no fue así. Llegó el gobierno del Partido Verde, que le dio continuidad a la corrupción y a los abusos de poder. Y, finalmente, Carlos Morales Vázquez, quien pretende la reelección a pesar de los malos resultados de su gestión en cuanto a seguridad, economía, obra pública, generación de empleos, manejo de la pandemia. Balcázar podrá ser muy joven para competir por un puesto público tan importante como lo es la alcaldía capitalina, pero no por eso pueden restarle méritos a su valor y a la clara percepción que tiene de la realidad que vive el municipio. Conoce los problemas de la gente, tiene ideas frescas y ve en la indignación e intolerancia ante la corrupción la llave para abrir la puerta a un mejor estadio para la capital del estado.
Hace tres años, la poderosa figura de Andrés Manuel López Obrador avanzaba incontenible hacia la conquista del poder presidencial, seguida por una cauda de candidatos a todo tipo de puestos que ganaron por el impulso que él les dio con su lucha por sus ideales. Ahora, todo lo que han hecho o dejado de hacer, será puesto a prueba en las urnas, dentro de 15 días. Las elecciones intermedias, una especie de examen parcial al que será sometida la Cuarta Transformación en su totalidad, estará representada por, y encarnada en, AMLO. Él es su cara. Él será el factótum del resultado electoral. Sin ser candidato, contiene las posibilidades de triunfo y los riesgos de derrota de algunos de los políticos de su partido. Entre los miles que buscan el poder por Morena (igual que por otros partidos), hay incontables desconocidos y oportunistas; arribistas e ignorantes. Pero “compiten” escudados en el partido gobernante y, en especial, en el nombre del presidente. Con el ejercicio del poder, los ayudará a triunfar o los encaminará al fracaso. Algunos podrían beneficiarse sin haber hecho algo ni siquiera por sí mismos; otros podrían pagar por pecados que no cometieron. Salvo los legisladores que buscan reelegirse, la mayoría de los abanderados por Morena poco tienen que ver con el desempeño del gobierno federal; son ajenos a los criterios de la evaluación a la que será sometido AMLO. Para considerar solamente las que ofreció resolver durante su campaña y algunas recientes, piedras angulares sobre las que “realiza” su Cuarta Transformación, serán las siguientes: Inseguridad, Corrupción, Impunidad, Economía, Covid-19. Así, los resultados el próximo 6 de junio marcarán el punto de inflexión que permitirá saber si la gran maquinaria de la 4T avanza, se estanca o retrocede.
La carrera rumbo a la sucesión se cierra. El escenario ha recobrado otra lectura. Para muchos muy clara, para otros aún con múltiples dudas. Lo cierto es que, a diario los ejercicios de algorítmica electoral proporcionan como persiste el ánimo de los protagonistas en la mente del ciudadano, lo que sí: el candidato del Partido Verde Ecologista (PVEM) Leonardo Cuesta Ramos, continúa con su periplo en busca de la alcaldía de Chiapa de Corzo, guardando los protocolos de salud, indicó que la fórmula exitosa para seguir el camino de la transformación es mantener la unidad con el pueblo; sólo con el partido del tucán vamos a lograr el pleno desarrollo del municipio y, sobre todo, representar la esperanza, de Chiapas y de todo el país. Agregó que en su andar cotidiano en busca del sufragio que lo lleve a gobernar su municipio ha escuchado de cerca las principales demandas de la ciudadanía, con temas recurrentes como inseguridad, alumbrado público, caminos, agua potable y servicios básicos, por lo que ha hecho el firme de compromiso de poder atenderlas al llegar a la presidencia de Chiapa de Corzo, para que haya progreso y continuidad. A vox populi se menciona su nombre como el próximo inquilino de la presidencia en aquel municipio, la ciudadanía lo ha recibido con mucho entusiasmo durante su andar pie a tierra, ha escuchado a todos y cada una de las personas que así lo han requerido, quienes en su mayoría externaron que es el mejor posicionado y un referente para gobernar el pueblo mágico. Ya rompió todos los esquemas, puesto que en la encuesta de preferencia del voto en Chiapa de Corzo ocupa el primer lugar. El hándicap político sigue su curso, las rebeliones, los sobresaltos, las traiciones y las simulaciones son el pan de cada día. Sin embargo, la voz de mando sigue siendo del alquimista. Un hombre que siempre se ha distinguido por su mente sagaz para dibujar el mapa electoral y que, hasta hoy, lo convierten en versado, en el rubro. Bien por Leo.
Para finalizar…
De reflexión, gran parte de los aspirantes a candidaturas en este proceso electoral de Chiapas, son los que participaron en cargos públicos en el pasado sexenio. Estuvieron en funciones y les fue muy bien. Muchos fueron diputados locales, presidentes municipales o funcionarios estatales; sin embargo, la mayoría, dejó secuelas de corrupción a su paso, pensando que ser abanderados de un instituto político, les purificará el alma y la labor de políticos. Hoy que gobierna Morena, salieron de las cloacas, para buscar nuevamente candidaturas a cargos públicos. Finalmente, los partidos políticos no son los malos; son solo marcas de institutos que le abren las puertas a una retahíla de aspirantes más malos que buenos, que al final del camino emigran a otros partidos por contaminar como hoy ocurre con varios personajes que ya están en otros colores donde según ellos está inclinada la balanza. *** Juan Pablo Montes De Oca, el que más puntos porcentuales arroja en las encuestas. Camina como lobo estepario, con cautela y sigilo. Es un estratega en el ajedrez político. Goza de buena popularidad y aceptación en el distrito X. Sus coterráneos han sabido reconocer su valioso liderazgo, lo llevarán al Congreso de la Unión, así apunta. *** Roberto Aquiles Aguilar, candidato a diputado por el distrito II; adelantó, por el músculo mostrado, que va estar en una curul en la siguiente legislatura; viene realizando un trabajo de mucho éxito y arraigo. Hoy en día es considerado como un fuerte aspirante federal, tiene capacidad y experiencia, va por Chiapas. *** Mario Guillén, está demostrando que en Comitán es el candidato más taquillero de la elección, cimienta su campaña en una estrategia a ras de suelo. No arroja negativos, tiene aprobación del electorado y ventaja para los comicios del 6 de junio. Le tienen confianza al renovado PT, saben que ahí es.
Cómo ve.
Así las cosas…









